Valencia, 14 de marzo de 2010

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 Fernando Latouche (*)
ferlatouche@hotmail.com



Si yo cambio, todo cambia

Hace no mucho tiempo escuché por vez primera esta frase: "La única forma para que las cosas cambien, es que tú cambies"; quizá con otras palabras, pero la esencia es así. Si bien recuerdo, fue durante una plática motivacional en un evento de una empresa multinivel y lo leí después en el libro "Los Doce Pilares" de Jim Rohn.

Lo cierto es que, por un buen tiempo, la frase no me hacía mucho sentido, al punto de resistirme a que tuviera que cambiar. Pensaba para mis adentros "Ok, pero yo no necesito cambiar, yo estoy bien...". Sin embargo, luego comprendí la verdad en este pensamiento, gracias a la lectura y al tipo de libros que empecé a leer.

Muchas personas se preguntan constantemente, øpor qué no obtengo los resultados que quiero?, øpor qué mi vida no despega?; øpor qué no llega el éxito que espero en los negocios? etc.

Pues en el título de este artículo se encuentra la respuesta: porque no cambian. Guardando las proporciones adecuadas, es similar el principio de los alcohólicos, quienes simplemente no pueden curar su enfermedad, en tanto primero no reconozcan que la tienen. Es así que, un buen comienzo es reconocer que para que las cosas cambien, nosotros debemos cambiar.

Hay muchas cosas que cambiar; prejuicios personales, malos hábitos, la actitud, la gente con quién te relacionas, pero principalmente, hay que cambiar nuestros pensamientos, de manera que te den la visión de quién puedes llegar a ser, cómo puedes cambiar, cómo puedes diseñar la vida que deseas y cómo lograrlo.

Cambiar aquello que ha costado años en desarrollar seguro tomará su tiempo, pero la recompensa será grande. Piensa que, si continuas viviendo como hasta ahora, seguirás teniendo la misma vida que tienes.

A veces llega un momento en que uno se da cuenta de que no puede dedicar más espacio vital a ciertas cosas, y entonces, hay que tener el valor de decirles adiós y seguir.

Se sufre y se hace sufrir por no cambiar la "programación" que tenemos en la mente. Hay realidades que podemos cambiar, pero ante otras lo más sabio es crecer en adaptación y realismo. Algunos(as) se quejan de que la vida es complicada, cuando los complicados son ellos(as) con sus errores. Cambia tú para que cambien los demás.

Yo asocio el cambio al crecimiento. Aunque me equivoque si tomo una mala decisión, opté, cambié y eso, en resumen, me hizo crecer. Lo paradójico del caso es que, muchas veces, quienes me alientan a no cambiar con dichos como los que cité antes, me felicitan y me apoyan ante los saltos y giros que introduzco en mi vida.

(*) Escritor, conferencista, autor del libro Retomando Nuestra Esencia.