Salud como buen vivir

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Un nuevo concepto de salud aparece en el horizonte del pensamiento de la Medicina en Latinoamérica. Sumak Kawsay, Sumak Kamaña: Vivir Bien, vivir en plenitud. Los Aymaras y los Quechuas nos dan lección de vida.

Desde su perspectiva, nos vendieron una idea de lo bueno, lo deseable, lo necesario como camino a la felicidad colectiva, y sin embargo estamos al borde del precipicio, o ya en caída libre al decir de otros. La modernidad, nos dicen, se construye con el crecimiento, el progreso, el desarrollo, animados por la razón instrumental. El tiempo, implacable en develar las verdades, en apenas un par de siglos se ha encargado de evidenciar que el crecimiento no conduce al desarrollo, que el llamado progreso y desarrollo nos han llevado a la degradación ambiental, que se ha producido una crisis en la manera de vivir, una crisis civilizatoria, y que la razón instrumental, y con ello la ciencia, apenas nos muestra una arista de la manera de conocer, que no llega a ser sino un saber más. Así, los países subdesarrollados no han ido, ni irán a ese desarrollo. Y, por primera vez, la respuesta epistemológica no proviene del norte, de la colonialidad del poder y del saber eurocéntricos, sino desde la cosmovisión indígena andina ancestral. Está en crisis una manera de vivir, es decir, de alimentarse, de pensar, de producir, de organizarse, de criar los hijos, de amar, en fin, de estar en el  mundo para lograr un modo de vida saludable, para alcanzar el Buen Vivir. 

El Buen Vivir nos propone trece principios: saber alimentarse no es equivalente a llenar el estómago, saber beber, saber danzar, saber dormir, saber trabajar: el trabajo no es sufrimiento, es alegría, debemos realizar la actividad con pasión, intensamente; saber meditar, saber pensar: es la reflexión, no sólo desde lo racional sino desde el sentir, sin perder la razón caminemos la senda del corazón; saber amar y ser amado, saber escuchar: no sólo es escuchar con los oídos, es percibir, sentir, escuchar con todo nuestro cuerpo; saber hablar: recordemos que todo lo que hablamos se escribe en los corazones de quienes lo escuchan; saber soñar, saber caminar, saber dar y saber recibir.

Desde el Buen Vivir se proclama que la tierra no le pertenece al hombre. Por el contrario, es el ser humano quien le pertenece a la tierra, a la Pacha Mama, que somos parte de ella y que lo que le haga bien o mal a ella nos lo hacemos a nosotros mismos. Vivir Bien significa comprender que el deterioro de una especie es el deterioro del conjunto. Que hay una armonía y una interconexión en todo lo existente. Que todo vive: los montes, los ríos, los árboles, las piedras o los objetos aparentemente inanimados. Que no se puede estar bien mientras haya alguien que vive mal. El Buen Vivir, originado en la manera de pensar y vivir de los Aymaras, Quechuas y demás culturas indígenas del continente americano, entiende la salud como una integralidad: es, también, atención médica, pero es además ambiente, trabajo, cultura, hábitat, deporte, alimentación o recreación. En última instancia, la enfermedad es determinada socialmente. 

Dime qué comes y te diré de qué te enfermas. La peor enfermedad es la vida que llevamos, al decir de Gilberto Rodríguez Ochoa. Nuevos momentos, nuevos saberes y prácticas se asoman en nuestro continente para aproximarnos a la comprensión de lo que debemos entender por salud desde la óptica de la vida, no de la enfermedad y la muerte. No desde la perspectiva de la salud como mercancía, sino de la salud como derecho individual y social. Se impone repensar la América, Nuestra América, Indoamérica, y hasta renombrarla: ABYA YALA, nombre que los indígenas le dan a nuestro continente.

 

Médico-psiquiatra.

Doctor en Ciencias Sociales

Correo: [email protected]

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