El Samán Caído y el Burocratismo en Tocuyito

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En la Urbanización “La Esperanza”, en Tocuyito (Carabobo), en la sede de la iglesia evangélica “Alianza Cristiana y Misionera”, durante muchos años fue creciendo un impresionante samán que logró alcanzar una altura suficiente como para estar sobre el tendido eléctrico y los postes. Quizá en el momento en que fue sembrado nadie reparó en la improcedencia de ese tipo de árbol en una zona residencial, pero bueno, allí estaba y conforme crecía también se incrementaba la preocupación de los vecinos por las consecuencias de un árbol tan grande justo entre la acera y la calle.

Muchas veces los vecinos solicitaron a las autoridades la poda de ese árbol, pero la respuesta siempre fue que “es un patrimonio nacional, no puede ser cortado”. Hace tres meses el samán cayó, llevándose consigo el tendido eléctrico, parte de la acera y la pared de un vecino. La falla eléctrica ocasionada por el corte del cableado tuvo que ser reparada con el bolsillo de los vecinos dada la crisis que sufre CORPOELEC y, pese a todo, el samán caído es tan grande que aún parte de las ramas amenazan con volver a tumbar el cableado. Los vecinos llevan esos tres meses pidiendo a la Alcaldía de Libertador que retire los restos del samán pero se alude que ese árbol es “un patrimonio nacional, protegido” bla, bla, bla…, el Ministerio del Poder Popular para el Ecosocialismo (lo que era antes el Ministerio de Ambiente) parece no estar notificado por el gobierno municipal del evento y tampoco se ponen de acuerdo CORPOELEC y la Alcaldía para ver qué hacer con las ramas que pueden volver a cortar la electricidad.

A todas estas, el “patrimonio nacional” sigue caído, al lado de la iglesia, durante tres meses, esperando a ver qué ocurre primero: si su retoño o su retiro. Ese árbol caído simboliza el burocratismo que sufre el Estado Venezolano. Muchas instituciones y competencias, muchos tentáculos, que chocan entre si inmovilizándose mutuamente. Cada oficina gubernamental dice que la responsabilidad es de otra oficina gubernamental y así, pues, nadie es responsable. Al final dirán que es culpa del samán por ser tan terco y caprichosamente crecer en vez de quedarse enano o que fue sembrado por un conspirador para hacer quedar mal al gobierno.

Ya se me acusará, desde la oficina del Alcalde Juan Perozo, de querer hacer “leña del árbol caído” pero allí están los vecinos de “La Esperanza”… esperando a que alguna autoridad pública; sea municipal, regional, nacional, internacional o sideral; de una respuesta frente al samán caído. Los vecinos incluso me comentan que estarían dispuestos a colaborar con lo que se estime conveniente para que se puedan ejecutar las labores de remoción. Sr. Alcalde, gánese esos puntos fácilmente, pero, eso sí, una vez retirado el samán no creo correcto que coloque una valla publicitaria con un murciélago, tipo Drácula, justo al lado de la iglesia evangélica, en alusión de su gestión.

Julio Castellanos / [email protected] / @rockypolitica

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