San Esteban: Los amos del Valle (2195672)

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El se?or encomendero tuvo nombre y apellidos en el valle sanestebano: se llam? Tom?s Ochoa de Gresela. La encomienda debi? serle concedida en los a?os siguientes al poblamiento fundacional de Valencia (1555), a cuya jurisdicci?n quedaron incorporados los valles comarcanos y la costa del mar. Ser?a de pocos abor?genes, ya que el poblador aut?ctono nunca fue numeroso en la regi?n. Lo que s? result? una riqueza fue el repartimiento de tierras, aptas en buena parte para producir el oro moreno del cacao.

Despu?s del definitivo despoblamiento de Borburata (1574) no se fundaron nuevos pueblos en la costa del mar. Surgieron las haciendas interioranas, y se debi? esperar a construir una iglesia para hacer de ella el n?cleo poblacional de libertos y manumisos, peones y artesanos, que permanec?an en la regi?n. La iglesia de San Esteban tiene fecha cierta: en 1636 el capit?n Juan de Ascanio y don Francisco L?pez de Prado, encabezan una petici?n que solicita licencia para fabricarla. En terrenos cedidos por el capit?n Andr?s Mar?n Granizo — “…en una punta que all? hace el cerro de la parte de arriba de la acequia…”, seg?n los documentos —, surgieron las paredes de bahareque y el techo de palma, desde entonces sacramentados. El financiamiento de la f?brica y la renta para sostenimiento de capell?n, ser?an sufragados por los due?os de haciendas: el alf?rez Francisco de Pi?a Ludue?a, Juan Carrillo de los Reyes, el regidor Alonso Serrano, el capit?n Benito Dom?nguez, Rodrigo Alonso Caba?as, Baltasar de Suniaga, Manuel de Herrera, el regidor Esteban Mateos de Barrio, Gabriel Ortiz Sandoval, la viuda Mar?a Matute, Juan Machado, y Juan Tom?s de la Gala… No es que todos los propietarios vivieran en la zona, pero sus nombres quedaron entre los iniciales pobladores; as? como tambi?n permaneci? la fama del padre Diego Su?rez Maldonado, el primer capell?n del valle.

Durante un siglo San Esteban har? entonces recaer en su jurisdicci?n el dominio espiritual y material de la comarca (no hubo sin embargo pueblo que creciera en torno de su iglesia, y los habitantes continuaron dispersos). En el a?o1686 lleg? de visita pastoral el obispo Diego de Ba?os y Sotomayor, quien encontr? a la iglesia y a su cura doctrinero — lo era el padre Francisco Flores — en extrema pobreza, el caballete de palmas a punto de caer, sin ornamentos ni misi?n la iglesia, como objetos de valor una campa?a esquil?n quebrada, y una “hechura” del patr?n San Esteban (“La campana esquil?n era la que no pod?a darse el lujo de echarse al vuelo en los campanarios; y la “hechura” en el ramo de la imaginer?a colonial, era la de aquellos santos que no hab?an recibido el cari?o y el arte de la talla o escultura”). El Obispo estimul? a los parroquianos, y recogi? algunas fanegas de cacao en limosnas y contribucciones, que se mandaron despu?s a Espa?a cual monedas en el nav?o del capit?n Gonzalo Barreto, zarpado desde Puerto Cabello.

Cuando en el a?o 1720 don Pedro Jos? de Olavarriaga realiza un estudio econ?mico de la zona entre Macuto y Boca de Yaracuy, que servir? de base para la creaci?n de la Compa?ia Guipuzcoana, el valle era un emporio agr?cola donde veinticuatro haciendas cultivaban 123.000 ?rboles de cacao, que trabajados por ciento veintitr?s esclavos, produc?an anualmente un mil doscientas treinta fanegas ( de cincuenta kilos) de frutos, la mayor parte adquiridos por los contrabandistas holandeses. El valle de San Esteban — que seg?n Olavarriaga “…est? formado por un brazo de serran?a que lo divide del Valle Seco, su largo de la Playa a su extremidad es de una legua y media de estrecho. Las haciendas empiezan a un cuarto (1/4) de legua de dicha playa…” —, ejerc?a jurisdicci?n sobre Puerto Cabello. Era tanto el cacao producido, que en el plano elaborado por el ingeniero don Juan Amador Courten en apoyo a la “Instrucci?n…” de Olavarriaga, el valle aparece tapizado de rojo, color convencional dado a los sembrad?os de Theobromas… Los due?os ya no ser?n los mismos de hac?a un siglo. La lista que se copia ahora s?lo repite un apellido (Carrillo), lo cual supone una notable movilidad en la propiedad terriera. Los amos del valle ser?n Juan de Landaeta, Alonso y Pedro Lovera, Luis del Castillo, Pedro y Nicol?s Hidalgo, Francisco Ochoa, Diego de Matos, Lucas Gonz?lez, Juan Carrillo, Fernando Malpica, Ignacio de Tejeda, Valent?n Mu?oz, Felipe de la Madrid, Pablo de Landaeta, Mateo de Ponte, Francisco Quintero, Jer?nimo de Lamas… Dos sacerdotes: Juan Gordones y Luis de Vargas. Y dos mujeres: do?a Elvira Montiel; la otra, de evidente extracci?n popular, sin el “do?a” y con apodo: Dominga La Jambada… No es que todos vivieran all? como si fueran pobladores, pero eran los amos de entonces y son parte de la historia del valle.

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