Seis formas de cómo la edad cambia tu relación

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Redacción Internacional, 04 mayo 2014.- Es innegable que la forma cómo salimos con los hombres hoy en día no es la misma que cuando teníamos 16 años. El mundo color de rosa que significa estar enamorada a esa edad termina convirtiéndose en uno real donde las decisiones que tomamos en pareja pueden marcar nuestra vida tanto positiva como negativamente.

¿De qué manera se transforma nuestra visión del amor y las relaciones con el tiempo? Estas son algunas.

1. De jóvenes: lo primero que veíamos era el físico

El paso del tiempo nos ha enseñado que el exterior no es lo único importante. Puede que nuestra pareja no sea un Adonis pero tiene cualidades mentales, habilidades y talentos que lo convierten en el hombre con el que queremos estar.

2. De adultas: el sexo es un poco más importante

Cuando éramos más jóvenes darnos un beso era suficiente y dejábamos el lado sexual a un costado. Mientras vamos creciendo, nuestras necesidades van cambiando así como las experiencias que vivimos especialmente aquellas en el ámbito sexual que nos ayudaron a descubrir un poco más sobre nosotras mismas. Aunque algunas mujeres lo nieguen, ese aspecto tiene una relevancia mayor ahora que somos más maduras.

3. De jóvenes: las amigas influían más en nuestras relaciones

La opinión de las personas más cercanas a nosotras es siempre importante pero la edad hace que nos conozcamos mejor y lidiemos de formas más eficientes con las distintas situaciones. En nuestras primeras relaciones adolescentes, lo que nuestras amigas nos dijeran del chico con el que estábamos era importante y podía marcar el rumbo de una relación. Ahora, si bien lo tomamos en cuenta, no es determinante pues somos conscientes que nosotras tenemos el control de la relación.

4. De adultas: podemos sobrevivir sin verlo unos días

Tener una relación adulta y madura significa compromiso con la otra persona pero, al mismo tiempo, no descarta la idea de que ambos somos individuos con una vida personal. Si tuvimos un enamorado en el colegio podemos recordar que no pasaba un día que no lo viéramos y, si faltaba a clase, nos sentíamos al borde de las lágrimas.

5. De jóvenes: una ruptura era el fin del mundo

¿Recuerdas cómo te sentiste al romper con tu primer enamorado? De hecho fue como si el mundo se te viniera encima, lloraste por días y no querías ir al colegio porque solo ver su carpeta era capaz de hacerte llorar otra vez. Si bien una ruptura es dolorosa, ahora que somos mayores sabemos que puede superarse y no vamos a morir en el intento. Además, dice por ahí que hay que besar unos cuantos sapos para encontrar al verdadero príncipe.

6. De adultas: nuestras prioridades cambian un 100%

Cuando éramos adolescentes vivíamos esa etapa del amor mágico dónde todo es felicidad y no nos importaba nada más que vivir el presente al lado de nuestra pareja. El paso del tiempo ha hecho que nuestra visión del compromiso cambie y empecemos a pensar a futuro y todo lo que eso implica. Ya no tenemos el tiempo para involucrarnos con alguien que no nos toma en serio.

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