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miércoles, 04 de octubre de 2017

Sensibilidad humana

(Especial/Notitarde)

Sensibilidad humana

Doménico Sírica

Los últimos fenómenos naturales, como terremotos y huracanes, que están azotando al mundo, me hacen reflexionar ante la solidaridad que debemos tener para con las poblaciones afectadas, donde niños, jóvenes y adultos perdieron resultaron heridos, además de los grandes daños materiales registrados en viviendas y obras públicas.

Escribiendo estas líneas, por mis ojos brotaron lágrimas, deseando estar en esos escenarios para aportar un granito de arena con el fin de socorrer a las víctimas de estas tragedias.

A todas estas me resulta indignante que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump,  en vez de dirigir todos sus esfuerzos en tareas humanitarias, continúe con sus amenazas de destrucción contra Korea del Norte, con el inminente riesgo de causar un holocausto de imprevisibles dimensiones.

Espero que el Gran Arquitecto del Universo ilumine las mentes de los hombres de bien para evitar esas amenazas de guerra nuclear que e se convertiría en el ´principio del fin de la raza humana.

Y hablando de Trump y sus desaguisados comentarios y acciones contra los inmigrantes, debo reflejar una historia propia, como la de mi señora madre, que en paz descanse, quien nació en Nueva York en 1913 cuando mi abuelo trabajaba en la construcción de los túneles del ferrocarril de esa ciudad. Él como Ítalo-Americano, tuvo que regresar a su país de origen para participar en la guerra donde falleció. Yo viajo con frecuencia a los Estados Unidos para participar en eventos deportivos, como la maratón de Nueva York. Allí vive mi hija y hermanos, quienes han contribuido, como lo hizo mi padre, madre y abuelo, al engrandecimiento de ese país, por lo que es inaceptable la xenofobia de Trump en contra de los inmigrantes.

El 4 de abril de 1956, en el barco Lucania, llegue al puerto de la Guaira proveniente de Italia, y al día siguiente, a la edad de 18 años, estaba en Valencia, alojándome en un hotel en la avenida Urdaneta a solo media cuadra de la Plaza Bolívar. Luego de tres años, en 1959, desde el consulado norteamericano, me notificaron que porque mi madre había nacido en ese país yo podría obtener la nacionalidad y participar en el sueño americano a lo que les manifesté que me quedaba en mi amada Valencia, porque esta es una ciudad bendecida por Dios.

En otro orden de ideas debo referirme a un problema que cada día se hace más alarmante y que debemos unir esfuerzos para buscar soluciones, como lo es la escandalosa ola inflacionaria así como de la especulación que está acabando con la familia venezolana.

Además del hambre y la desesperación que está sufriendo la población por la escasez y el alto costo de los alimentos, debemos unirle el problema que significa la adquisición de medicamentos, así como también la ropa, calzado, transporte, recreación y vivienda. Es inaceptable que un país como el nuestro, con tantos recursos naturales y humanos este pasando por estas circunstancias.

Es común encontrarnos con algunas personas amigas en la calle que nos comente que tienen un hijo, hermanos o algún familiar que han tenido que emigrar en busca de nuevos y mejores horizontes. Nadie puede creer esto. Venezuela que en décadas anteriores era polo de atracción de los países latinoamericanos y europeos, ahora es la comidilla del mundo por su atraso en todos los órdenes. Nos estamos quedando sin jóvenes, valiosos profesionales se van de Venezuela. Y como no hacerlo si aquí no tienen oportunidad de formar una familia por los inaccesibles precios de las viviendas y es que ni siquiera un carro se pueden comprar.

Los venezolanos formados en nuestras universidades son altamente competitivos en el mundo. Tres de mis seis hijos, uno ingeniero, otro arquitecto y otra Relacionista Industrial han tenido que salir del país. Antonio, Celeste y Enzo Sírica  con su familia se han establecido en Chile, Estados Unidos y España respectivamente con la esperanza de volver al país cuando existan mejores condiciones para construir sus hogares.

Debo a ellos enviarles un beso y abrazo y sentirme orgulloso porque donde quiera que estén, con su trabajo están dejando muy en alto el nombre de Venezuela y la familia Sírica que me honro en encabezar en este país.

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