Sentido y alcance de los bicentenarios de la Independencia

Academia de Historia del Edo. Carabobo.

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Academia de Historia del Estado Carabobo/ Columnista
Academia de Historia del Estado Carabobo/ Columnista

Dr. Horacio Biord Castillo.

En 2010 comenzó un lapso excepcional de efemérides de y para la vida republicana de Venezuela. El ciclo se abrió el 19 de abril de 2010, al celebrarse el bicentenario del 19 de abril de 1810 como inicio del proceso independentista, y el 17 de diciembre de 2030 habrase de cerrar con el bicentenario de la muerte del Libertador. En el ínterin ha habido o nos esperan otras conmemoraciones como el bicentenario de la declaración de la Independencia, de la pérdida de la Primera República, de la Campaña Admirable, de la muerte de Miranda, del Congreso de Cariaco, del fusilamiento inútil de Piar, del Congreso de Angostura, de la Campaña de los Andes, de las batallas de Carabobo, Junín y Ayacucho, del Congreso Anfictiónico de Panamá, de la fragmentación de la Gran Colombia (el sueño previsivo de Bolívar que aún nos convoca), el Congreso de Valencia, el asesinato de Sucre y otras muchas, como el bicentenario de Cecilio Acosta.

Cuando se celebró el sesquicentenario de algunas de esas efemérides independentistas en 1960 y 1961, el del triunfo de Carabobo en 1971, el de la muerte del Libertador en 1980, el centenario de la muerte de Acosta en 1981, los bicentenarios de Bello en 1981 y Bolívar en 1983 se hicieron actos, ediciones conmemorativas, obras de infraestructura, incluso leyes como la de Reforma Agraria en 1960 y la constitución de la República en 1961.

Estas dos décadas nos ofrecían a los venezolanos y a los hispanoamericanos, en general, la oportunidad de reflexionar sobre los estado nacionales establecidos entre 1810 y 1830, su situación actual, su rumbo y las posibilidades de plena y efectiva integración. En el caso de Venezuela, esa reflexión urge como un recurso salvador de la república y el pacto social sobre el que se asienta.

La excesiva conflictividad sociopolítica (no el debate ideológico sino la traición a los principios y el servilismo neocaudillesco), las ilusiones mesiánicas, la intransigencia de aceptar responsabilidades para superar inequidades históricas (arropadas y disfrazadas por la renta petrolera y la movilidad social que permitió), junto a una sostenida crisis económica (agravada en los últimos años, pero patente desde 1983, debido a modelos inviables y premisas distorsionadas sobre realidades estructurales y no a una ilusoria guerra económica), nos han llevado a desperdiciar en asuntos coyunturales lo que ha debido ser un ejercicio del más alto pensamiento venezolanista e iberoamericano.

Aún quedan años preciosos para pensar y repensar, pensarnos y repensarnos, en el marco del bicentenario de las independencias, para superar contradicciones, injusticias y desigualdades, para hermanarnos con miras a un complejo porvenir que ya ha llegado, pero que nos encuentra atrasados en disquisiciones que debieron dilucidarse en el pasado reciente para construir ese otro futuro que, como pueblos, merecemos.

Aún podemos hacerle caso a Bolívar y complacerlo, beneficiándonos, en el bicentenario de su Última Proclama: “si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”.

*Presidente de la Academia nacional de La lengua y Presidente de la Academia de Historia del Edo. Miranda.

Contacto y comentarios: [email protected]

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