¿Ser rico es malo?

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Fue una de las famosas frases del ex presidente Hugo Chávez  que dieron la vuelta al mundo, la que estoy refiriendo la pronunció en una de sus alocuciones en abril de 2005 a los empresarios venezolanos, "Ser rico es malo, es inhumano. Así lo digo y condeno a los ricos", la traigo a colación para intentar comprender desde esa perspectiva las políticas económicas que la revolución aplica en Venezuela desde que llegaron al poder con el beneficio del voto y la esperanza de muchos venezolanos que aspiraban a un verdadero cambio, que convirtiera Venezuela en el país desarrollado y estable que todos nos merecíamos y nos merecemos tener.

Venezuela es un país en vías de desarrollo con una economía basada primordialmente en la extracción, refinación y exportación de petróleo y otros minerales; el país posee las mayores reservas probadas de petróleo a nivel mundial, las novenas de gas natural y la decimosexta en cuanto a oro. Las promesas fundamentalmente consistían en eliminar la corrupción, desarrollar y diversificar la economía del país, erradicar la pobreza, eliminar el burocratismo y disminuir el gasto público para alcanzar la mayor eficiencia gubernamental en la satisfacción de las olvidadas necesidades primarias de nuestro pueblo. Nada más incierto, la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro han llevado adelante "medidas de sálvese quien pueda", de taponamiento y de ajustes improvisados, incrementaron la burocracia y convirtieron el populismo en el arma secreta y la ineficiencia en la marca de identificación; un país rico con un gobierno empeñado en hacernos cada vez más pobres.
Nuestra vida cotidiana encuentra sus raíces dependiendo del color del cristal con el cual se mire; si eres del Gobierno la culpa es de la "guerra económica que adelanta la burguesía parasitaria" y si eres oposición se debe a la "insistencia del chavismo en conducirnos hacia el fracasado modelo socialista", pero la verdad es que transitamos con una inflación récord en América Latina, contrabando hacia el extranjero de alimentos subsidiados, escasez de bienes básicos, una economía con actividad en caída, el quiebre de las empresas, el aniquilamiento de nuestra producción nacional, múltiples tipos de cambio, caída de reservas,  factores responsables de la crisis cada vez más insostenible para la familia venezolana y que le importa un rábano la tendencia que tengas porque al fin y al cabo te afecta igual.

Venezuela importa la gran mayoría de los productos que consume, las demoras en la asignación de divisas a empresas y el contrabando determinan una permanente escasez de productos, que alcanza a uno de cada cuatro bienes básicos haciendo que los venezolanos cada día peregrinemos, con mayor o menor fortuna, en pos de conseguir los "faltantes de la semana", que van rotando: desde papel higiénico, jabón para ropa, medicina para la tensión arterial, leche, aceite o harina de maíz, hasta productos menos esenciales -aunque importantes- como neumáticos, calzado y algunos electrodomésticos, todo lo cual ocurre en las propias narices de las autoridades, custodias absolutas no solo de nuestra seguridad, sino de nuestra soberanía, situación que nos dibuja el gran descalabro institucional que agrega otro ingrediente a este menú revolucionario que nos proclama socialistas mientras su alta dirigencia vive en lo que han llamado "el rancio y podrido capitalismo salvaje". ¿Quién es el capitalista aquí? Si la comercialización del petróleo y sus derivados es monopolio estatal, y  aportaron solo en 2013 el 94% de las divisas venezolanas y generaron 64.693 millones de dólares que maneja y administra el Estado a su total y absoluta discrecionalidad, pero que en poco o nada ayudan a satisfacer la demanda interna por bienes y servicios capaces de dar verdadera calidad de vida a todos los venezolanos y no solo al elitesco grupo que se rasga las vestiduras diciendo que te defiende mientras negocia e hipoteca tu futuro y se roba hasta el oro que es de todos los venezolanos.

Hace pocos días el papa Francisco criticó y censuró "la hipocresía de los hombres y mujeres consagrados que profesan el voto de pobreza y, sin embargo, viven como ricos", así pasa en Venezuela, la hipocresía de profesar un profundo amor por los más pobres cuando la verdad es que nos han hecho más dependientes, más sometidos y más mendigos. Los venezolanos queremos desarrollarnos, preferimos el trabajo honesto, con justo pago, no queremos un regalo, queremos oportunidades, porque la verdad que ser rico no es malo, mala es la hipocresía,  llegar allí a costa del abuso de la confianza de un pueblo con esperanzas y la utilización del poder  para negociar privadamente el dinero que te dieron por mandato popular para que lo administraras en beneficio de todos para tu riqueza personal; malo es sacrificar todo un país e hipotecarlo para sostener un proyecto personal y caduco que nos conduce al más absoluto fracaso si no lo logramos cambiar.

 

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