"Si no hay lial, no hay lopa"

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Mejores comerciantes que los chinos no existen en el planeta tierra; su modelo es el del brinco rabioso. De allí aquella referencia sembrada, allá por los tiempos en que se les conoció como los grandes blanqueadores de ropa, que lavaban en sus modestas viviendas  -transportada en bicicletas-  pero siempre dentro de la práctica condicionada a que “si no hay lial no hay lopa”. Era un chinito humilde limitado a su realidad estrecha que miraba en sus sueños el futuro como un todo en su objetivo. No hay chino que degrade su imagen, que trasmita un reflejo de compasión; de allí que la “lopa” y la bicicleta quedaron en el pasado, sepultados bajo el desarrollo de sus proyecciones. 

Nuestro propósito no es resaltar lo que hoy son los asiáticos, viniendo de la nada y convertidos en un poderoso imperio en clara competencia con los Estados Unidos. Solo sentimos vergüenza de vernos cada vez devaluados ante los ojos del mundo, entregando el patrimonio de nuestras riquezas por migajas de subsistencia frente al poder de los chinos, acostumbrados a no dar sin recibir. Más que burla frente al papelón que hizo Nicolás en China, nos produce esa rabia que brota de la impotencia: “chino no pendejo” ¿A quién está engañando este ingenuo y torpe negociante? ¿Pretenden levantar al país -que han sacrificado con su modelo comunista de ruina y miseria- hipotecando con mayores deudas el futuro de nuestras generaciones?.

La desgracia de Venezuela es el gobierno que tenemos. El principal acreedor pasó a ser China con esa rebatiña de negociaciones, cambiando soberanía por promesas a largo plazo. La situación de los venezolanos ha llegado a tal extremo de gravedad que no creen en soluciones posibles que platee el jefe de Estado. La nación es como un barco sin rumbo, no hay más alternativa: la renuncia de Maduro es un sentimiento generalizado. 

No es el precio del petróleo lo que colocó al país en las condiciones que vive; durante los seis meses del 2014 el precio osciló en los 100 dólares por barril y en el precio promedio del 2014, resulta ser de 85 dólares. No hay argumentación viable que desvíe esta realidad: el modelo económico y la corrupción desenfrenada de la revolución chavista-madurista, crearon la desdicha que estamos sufriendo los venezolanos. Frente a un pueblo indignado sobran las palabras. 

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