Siembra del petróleo y encadenamientos productivos

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La siembra del petróleo fue el pregón de Arturo Uslar Pietri, polímata nacido en Caracas, el 16 de mayo de 1906, fallecido en Caracas, el 26 de febrero de 2001. Abogado, periodista, escritor, productor de televisión y político.  Considerado uno de los intelectuales más importantes del siglo XX. Algunos iniciados en el arte de escuchar echaron la riqueza petrolera por el drenaje de la historia, la derramaron sobre la tierra estéril. O la “tomaron prestada” y la “sembraron” en sus cuentas en bancos internacionales. ¡Entendieron mal! (emoticón de ojitos pelados, luego emoticón del grito) No era eso a lo que creo, se refería nuestro erudito criollo. Lamentablemente nos sobreestimó. Pensó que estaba muy claro, y que sabríamos cómo. No dejó un manual.

 

¡Uy chamo!

 

Uy, la lluvia de nuestra realidad. “A mí que me revisen” dice uno que se escurre a hurtadillas, zancando el pasillo que da a alguna de las salidas del terminal internacional. Y muchos piensan que esa es la salida para resolver la situación. Una de esas doce puertas, que te montan en un avión, o el autobus que llega a San Cristobal para pasar a pedal la frontera. Y quién puede lanzar tan siquiera, no una piedra, una parapara. El petróleo lo gastamos en dólares baratos, que financiaron riquezas sobrevenidas (emoticón que llora de risa, luego emoticón que llora de tristeza), en celulares cada semestre, hummers, altos costos políticos y administrativos de la cosa pública, emprendimientos estrafalarios, contrabando de extracción corporativo, bachaquerismo, mafias uniformadas. En fin, comida importada sobrefacturada y nada de producción, universidades que hicieron negocio con la Ley de Ciencia, Tecnología e innovación, clientelismo, planes, plancitos y plansotes, empresas tomadas por verdaderos bandidos,  y pare usted de contar. No se salva nadie, o muy poquiticos. Nos rumbeamos los reales. Unos más y otros menos. Y nadie se haga el puesta de gallina. Convertimos nuestra industria transformadora en oficinas de trámites de divisas para importar insumos sobrefacturados. En una realidad sobrevalorada, donde, el que trataba de producir, o era aquello de la gallina, o peor: si lograba algo lo criminalizábamos. Aquí cito el poema “José” de Carlos Drummond de Andrade:  E agora, José? A festa acabou, a luz apagou, o povo sumiu, a noite esfriou, e agora, José?” Y continúa: “está sem discurso, está sem carinho, já não pode beber, já não pode fumar, cuspir já não pode, a noite esfriou, o dia não veio, o bonde não veio, o riso não veio, não veio a utopia e tudo acabou” no hay más para dónde agarrar. Se acabó cadivi, el anfitrión de la fiesta.

 

¿Y qué tiene que ver el encadenamiento productivo?

 

Todo. Ahí está una de las llaves que abre las puertas a un futuro mejor. La reingeniería de nuestra industria transformadora de materia prima. Debe agregar valor en el proceso productivo. Y el valor no es un concepto etero. Se trata no sólo de empleo. Se trata de algo más. Tenemos que aprender a manejar nuestros procesos productivos con criterio económico. Crear valor económico en la elaboración de productos. No es una solución producir a cualquier costo. Y luego pedir recursos para tapar los huecos que deja una mala gestión empresarial, sea pública o privada. Hay que producir valor económico. Tomar materia prima con valor internacional de mercado y margen positivo de ganancia y luego procesarla a pérdida no es una opción. Y a los planes productivos hay que evaluarlos con criterio científico. Ya no tenemos cómo financiar la ineptitud y la estupidez, más dañina que la propia maldad. No tiene sentido, que nuestras industrias mantengan la nómina de personal administrativo y los gastos administrativos, por encima de la nómina de personal obrero o de costos operativos, o que estén dirigidas por personas sin formación para la dirección de empresas, por ejemplo.

 

¿Y qué propones?

 

Un cambio estructural en la forma de conducir nuestras industrias, y sentido común. Debemos prevalecer como nación. Tenemos todo para curarnos de este terrible mal. Pero no podemos seguir repitiendo las mismas conductas que nos han hecho uno de los más grandes misterios de pobreza del planeta. Aún tenemos talento, creatividad, y amor. Vamos a sembrarlos: talento, creatividad, amor. Son la herramienta más poderosa de creación de todo tipo de riqueza para la humanidad. Y de esas, siempre nos sobró. Y vamos a darle el valor social correspondiente al conocimiento. El que se prepara es un individuo útil para sí y para los demás, no es un postura grandote de gallina.

 

¡Eso aquí es casi que imposible!

 

Esta ha sido una nación de imposibles. Ganó la guerra de independencia que era imposible y así ha sido nuestra historia. Un detalle tenemos que resolver. No podemos seguir siendo una sociedad temerosa del futuro, que no se asume a sí misma con madurez. Debemos ser capaces de entender que tenemos todo para ser una nación de bienestar y felicidad. Sembremos nuestra mente y nuestro espíritu de autorreconocimiento. De valentía. De aplomo. De conocimiento. De amor por nosotros mismos. Sembremos en nosotros madurez. Dejemos atrás la horfandad y el miedo de desarrollarnos y ser.

 

termometroeconomico [email protected],  @termoeconomico,

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FuenteDavid Mendoza
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