Sistema marginal

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La economía venezolana cumplió el pasado cinco de febrero 12 años de control de cambio, tiempo en el cual se han registrado seis devaluaciones de la tasa oficial, 32 convenios cambiarios y la aplicación de nuevos precios del dólar bajo la creación de diversos esquemas. Durante su mes de aniversario, esta política de control llegó a su sexto mecanismo para proveer de divisas a los sectores productivos: RECADI, CADIVI, SITME, SICAD I, SICAD II, y el nuevo y fracasado Sistema Marginal de Divisas SIMADI. No pretendo referirme exclusivamente a esa nueva modalidad implementada por el Gobierno del presidente Nicolás Maduro para el acceso a las divisas, lo que pretendo comentar es precisamente que no solo el sistema de acceso a divisas es lo marginal del Gobierno revolucionario mal llamado obrerista del heredero.

Hablar de la crisis que atraviesa Venezuela es redundante sin lugar a dudas, lo advertimos, lo dijeron políticos, economistas, internacionalistas, analistas, alineados y no alineados, pero el Gobierno hizo caso omiso a todas las recomendaciones hechas por expertos en la materia. Renombrados economistas fueron tildados como profetas del desastre y sus recomendaciones desechadas, sobre lo que estaba por venir, los resultados saltan a la vista. Hoy a las puertas del precipicio financiero, cuando la hambruna azota cada hogar venezolano, el desabastecimiento ha tocado fondo y el mercado negro de alimentos, bienes y servicios de primera necesidad como las medicinas por solo poner un ejemplo es el que rige la economía del país, cuando el agua derramada ya no se puede recoger, el presiente Maduro se niega a admitir el estruendoso fracaso de su gira por China en busca de dinero fresco, para intentar salvar un barco que perdió el rumbo, encuentra en el decreto de Obama la estrategia perfecta para, apelando al sentimiento nacionalista, antiimperialista, lanzarle un salvavidas a su maltrecho y verdaderamente marginal esquema de Gobierno para una Venezuela que ciertamente le quedó excesivamente grande.

Díganme, apreciados lectores, si en la patria soberana, independiente gracias a la revolución según los maduristas y no al grande de América, a Simón Bolívar el libertador, rica en petróleo y minerales, de gente emprendedora, solidaria, alegre, digna y orgullosa de su pasado histórico no les da soberbia que en lugar de enrumbarnos por el camino del desarrollo, de la superación de la pobreza, del estudio y las oportunidades, nos veamos sometidos cada día más a la humillación interna, la lástima internacional, al desprestigio moral y la marginalidad social e incluso intelectual. Pareciera que  poco a poco nos acostumbramos al cada vez más degradante método de asignación de números, terminales de cédulas para la adquisición de los productos de primera, de segunda y de tercera necesidad; a escuchar del Gobierno que el país está abastecido de medicinas, dotados los hospitales, que la pobreza extrema no existe, ni el desempleo, que las colas son porque la gente tiene más plata para comprar más, que se ha disminuido los índices de inseguridad y que lo más importante sea la lucha de palabras con Obama. 

Desafortunadamente caímos en desgracia, con los mayores ingresos petroleros de la historia democrática hoy ocupamos el segundo lugar como el país con más muertes por la inseguridad del mundo después de Honduras, de mayor riesgo para las inversiones, sin seguridad jurídica, con más importaciones, con gravísimas denuncias sobre corrupción gubernamental, con violaciones a los derechos humanos, con control de los medios de comunicación y orgullosos de una falsa solidaridad hemisférica de Gobiernos “chulos” que se aprovechan de nuestro petróleo.

Marginales son nuestras carreteras convertidas en guillotinas, marginales nuestros hospitales sostenidos por la vocación de servicio de sus trabajadores y profesionales que hacen de tripas corazón con los sueldos miserables y la falta de dotación e inversión; marginales nuestras escuelas amenazadas por un  perverso intento de ideologización mientras sus aulas son ejemplo palpable de la desidia, la indiferencia gubernamental y la manipulación; marginal el salario de nuestros trabajadores literalmente tragados por la inflación, marginal es someterte a una lista política partidista para que puedas disfrutar de los beneficios sociales que el Gobierno está obligado a brindarte, marginal es que te enfrente a una supuesta guerra contra los Estados Unidos para defender a funcionarios que tienen bienes, dólares, inversiones en el mismo imperio y cuya procedencia es dudosa; marginal es que te digan que ser rico es malo y que el socialismo es la solución para ti mientras ellos viven en el más descarnado e inmoral capitalismo. 

No tenemos que acostumbrarnos a los malos servicios, a depender solo del Estado, de una misión, de la economía informal y ahora del bachaqueo y mucho menos a los insultos, la descalificación, la satanización y la persecución por el simple delito de pensar distinto y rechazar la manera como estamos viviendo en estos momentos en nuestra Venezuela. Yo me resisto, no sé tú.

 

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