Sistema único de salud en venezuela

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Desde 1946, con la creación del Ivss, comenzó la fragmentación del sistema de salud en Venezuela. Había sido apenas en 1936 cuando se había creado el Ministerio de Salud y Asistencia Social, como sistema único, respondiendo a las necesidades de las transnacionales petroleras que desde principios de siglo se habían instalado en el país para transformarlo en una nación agrícola productora de café y cacao, en otro monoproductor de petróleo.

Desde entonces se han creado en Venezuela más de 600 servicios de salud públicos, que en verdad son de atención médica curativa, perdiéndose la rectoría del Ministerio de Salud, que abarcan todos los niveles de gobierno, ministerios, gobernaciones, alcaldías, institutos, fundaciones y empresas del Estado, entre otros. Por solo citar un caso, las universidades cuentan con servicios médicos para sus profesores, empleados, obreros, estudiantes, que funcionan por separado y sin coordinación entre ellos.

El gobierno chavista no solo no ha logrado detener este proceso sino que la creación de la Misión Barrio Adentro, por lo demás emblemática, ha contribuido a esta fragmentación. Son ya unos 6.000 consultorios populares y más de 600 CDI que no logran coordinarse con los demás centros públicos y funcionan como un sistema de salud paralelo, con una fundación a nivel nacional.

Se esperaba que una Ley de Salud consagrara la meta establecida en la Constitución Bolivariana, de crear el Sistema Público Único Nacional de Salud con participación protagónica del pueblo. Hoy sigue vigente la Ley Caldera de salud, denunciada por privatizadora. En estos últimos 16 años se han elaborado más de 30 proyectos de Ley y aún reposa en la Asamblea Nacional la última versión, aprobada solo en primera discusión, con el agravante de tener un contenido segurista, y desconocida hasta en el mundo de los trabajadores de la salud.

Detrás de esto hay intereses políticos y sobre todo económicos. Ni el Ivss, ni las fundaciones y corporaciones, creadas por la política neo-liberal cuarto-republicana, manejadas a su antojo por los gobernadores, ni los maestros (Ipas-ME), ni los militares (Sanidad Militar), ni las empresas del Estado, parecieran tener interés alguno en la unificación. Demasiados negocios. El monto anual que Pdvsa asigna a los gastos médicos de sus más de 100.000 trabajadores es casi equivalente al presupuesto anual del Ministerio de Salud. Lo que el gobierno, a todos los niveles, paga a las clínicas privadas anualmente por HCM y seguros autoadministrados supera el presupuesto del Ministerio de Salud. A ninguno de esos organismos le conviene el sistema único de salud, que los haría desaparecer a todos y crearía un solo sistema, público, nacional, con exclusiva rectoría del Ministerio de Salud. Ninguno de ellos va a prescindir de sus intereses. Si solo las compras de medicamentos, material médico-quirúrgico y equipos se unificaran y se hicieran con absoluta transparencia probablemente sobrarían recursos. 

En Carabobo, desde hace un par de años, se viene impulsando una experiencia de “nueva institucionalidad”, dirigida a lograr un sistema único de salud. Se planteó impulsar “desde abajo” la creación de los Consejos Populares de Salud, a nivel local, municipal y estadal. Todos de composición paritaria: mitad voceros institucionales y mitad voceros comunitarios, estos últimos electos en asambleas de base. Para mayo de 2014 se instaló la Asamblea General del Consejo Estadal Popular de Salud, con participación de los 14 Municipios y las 47 Áreas de Salud Integral Comunitarias (Asic). Sin embargo, no han sido pocas las dificultades que se han presentado: escasez de recursos, sobre todo para la atención ambulatoria; insuficiente voluntad política para dotar de base jurídica esta experiencia; burocratismo, nepotismo, clientelismo, autoritarismo y señalamientos de ineficiencia administrativa han sido criticados en la gestión sanitaria de Carabobo; mínima incorporación del Ivss, poca de las direcciones de salud de las Alcaldías, e insuficiente y contradictoria por parte de Insalud; mucha retórica de parte de los funcionarios y directivos de salud sobre la participación protagónica del pueblo, pero en la práctica muy poca disposición y aceptación de rendir cuentas, de crear los espacios para la participación popular, de aceptar la contraloría social o el control popular de la gestión pública, de permitir la verdadera participación del poder popular en la toma de decisiones; designación o destitución de los funcionarios directivos de salud del estado por amiguismo, nepotismo, conveniencia o partidismo, sin que obedezca al perfil técnico, político y ético que se requiere.

Solamente desde la sociedad civil, desde el poder popular, consciente, organizado y movilizado será posible vencer tan variados y poderosos intereses y conquistar la meta deseada, necesaria y posible: construir el Sistema Público Único Nacional de Salud con participación protagónica del pueblo, hacia la salud colectiva y el Buen Vivir. Volveremos sobre estos temas en próximas entregas.

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