Sombras

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Recordar, aunque parece fácil es difícil. No se da cuenta uno de que las imágenes del pasado con el tiempo se transforman, hasta cambiar totalmente y, lo que es peor aún, hasta olvidarse. Eso pensaba, tal vez tontamente, en estos días cuando el fantasma de la dictadura perezjimenista cruzó por mis recuerdos estudiantiles y con apenas rozarlos me sacudió el terror que en aquel tiempo provocaba en el pueblo la simple mención de la Seguridad Nacional, cuerpo policial, por  cierto, creado por  el gobierno que, mediante un golpe de estado,  sucedió al del General Isaías Medina Angarita,  civilista y demócrata ejemplar de la historia venezolana. Cuando Rómulo Gallegos asumió la presidencia, ya la Seguridad Nacional existía, y funcionaba por allá, por  las famosas esquinas de Venus y Trocadero, en Caracas. De modo que, derrocado Gallegos, la S.N. siguió funcionando y se fortaleció hasta cuando, bajo el comando de Pedro Estrada, llegó a ser lo que fue para escarnio y vergüenza del pueblo venezolano.  Los viejos de entonces (década de los años cincuenta) recordaban, algunos, la tenebrosa imagen de “La Sagrada” de Juan Vicente Gómez y silenciaban, por miedo, la alusión a la tenebrosa Seguridad Nacional y a sus esbirros, a las islas de Guasina y Sacupana, al Obispo, al San Carlos, en fin… Yo recuerdo, de mis años mozos en el ejercicio docente, en Maturín, el amanecer del miércoles 23 de enero de 1958, y los días siguientes, el renacer de la “democracia” como una fiesta y la reconquista del poder por los adecos… Difícil, como anoté al comienzo, es recordar aquellos días… poco duró la fiesta. En apenas meses comenzó la persecución de comunistas, la decapitación de una generación brillante por instrucciones inflexibles del hombre de la pipa. Es una verdad que, en algunos casos por vergüenza ajena, se silenció durante unos cuarenta años.  La guerrilla se tragó a varios luchadores y soñadores brillantes. Vimos pasar por nuestro lado a numerosas mediocridades “ilustres”.  Sentimos el fantasma de la Seguridad Nacional en otros organismos de asqueroso recordatorio… y aquí estamos, como entonces, con la memoria llena de fantasmas. Hermosos y puros unos, como el recuerdo de Luis Beltrán Guerrero, Eduardo Crema, el Cura Montaner, Escalona-Escalona, Olga de León de Padrón, nuestros faros. Domingo Miliani, Manuel Bermúdez, Ramón Palomares, Elena Vera, Miguel Correa, el Chino Valera, Guaramato, M.O.S., Caupolicán, Servando, Porfirio, Tomás, hermanos de la poesía y de la vida. Y de pronto llegan, con impresionante luminosidad y vida, las voces, las risas, los sueños de Rafael Betancourt Moreno, el Negro Moreno, Manuel Urquía, Rafael Humberto Ramos Giugni, Teófilo Tortolero, Eugenio Montejo, José Enrique, Nariz de Papa, Guillermo y Pedro José Mujica, Braulio… Pedro Francisco Lizardo, Armando Olavarría, Felipe Herrera Vial… Tantos y tan pequeña mi memoria… En verdad recordar es difícil. Los fantasmas gotean su luz… llueve de pronto, como en los lejanos días de la niñez…

 

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