Su novia muerta lo contactó por Facebook (2386882)

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La chica cortó el delgado hilo de su vida en la flor de su juventud. Apenas tenía 18 años y se tasajeó las venas de la muñeca derecha con una filosa hojilla que compró para tan escalofriante acto de una tragedia mayor.

Julia se llamaba y su cadáver, frío, inmóvil y pálido, yacía sobre una gelatinosa alfombra de sangre coagulada que se le pegaba sobre el lado izquierdo de su rostro que una vez fue terso y hermoso, como amasado con rosas y leche.

La sangre también cubría su ojo izquierdo abierto, pero muerto; el líquido carmesí inundaba lo que una vez fuera una gema prístina de color azul; también manchaba el vallar de unos dientes perfectamente inmaculados y empegostaba los cabellos de oro que serían la envidia de la misma Rapunzel.

El esbelto y sinuoso cuerpo de la muchacha estaba tirado al lado de la computadora encendida en su habitación de la casa quinta donde vivía con sus padres al norte de la ciudad de Valencia. Antes de suicidarse, había enviado un último adiós a su novio por medio de la red social Facebook, a la que era tan aficionada.

Fue así que cuando el chamo, de nombre Rogelio, vio el desgarrador mensaje en su Smartphone donde le decía que se inmolaba por amor, dado que sus padres habían determinado irse del país y que como era mayor de edad la abandonarían a su suerte si insistía en su relación con él, ella decidió matarse en nombre del amor.

Rogelio (quien estudiaba en la universidad, pero que para los padres de Julia era un simple  pela loco, limpio y pata en el suelo ) prendió su moto y agarró autopista desquiciado, espoleado por la muerte. A los pocos minutos, irrumpió sin pedir permiso en la casa de los padres de su amada. Empujando violentamente a quienes querían impedirle el paso, logró llegar a la habitación de Julia.

Aquella visión fue terrible. La desconsolada madre agarraba el cadáver de su muchacha y le increpaba  ¿por qué, por qué? , como si su hija aún pudiera escucharle. El padre, de pie al lado del cadáver, parecía de mármol negro y aunque no pronunciaba ni una palabra, era evidente que sus ojos enrojecidos pugnaban por no dejar escapar sus lágrimas. Era la secular tragedia de ardoroso amor juvenil shakespereana fuera de control, pero en tiempos de las redes sociales.

Lo más escalofriante, y que Rogelio no podría quitarse nunca de la mente, era que aquel cuadro trágico del que formaba parte era aun más escalofriante por cuanto desde la pantalla plana de la computadora, Julia lo miraba fijamente con sus gélidos ojos azules, esgrimiendo una sonrisa sardónica desde el perfil de su Facebook.

La difunta le tomó la palabra

Julia fue sepultada un día lluvioso del mes de mayo. Los padres de la difunta, ya sin aliento para oponerse a nada, no impidieron que Rogelio asistiera al camposanto y éste, aunque les odiaba con el nivel de odio capaz de convertir a los hombres en homicidas, se contuvo, pues mientras su amada era bajada al eterno sepulcro, le juró amor eterno y eso incluía no dañar a sus padres. Al parecer, ella desde el más allá escuchó el juramento y le tomó la palabra.

Pasaron los días y los meses. Los padres de Julia abandonaron el país para no volver jamás. Pero Rogelio se quedó. Aunque siguió estudiando, dejó de asistir a fiestas y redujo al mínimo su presencia en sitios públicos. Se hizo huraño, silencioso y hasta sombrío.

Él era huérfano de padre y de madre. Vivía  arrimado en la casa de una tía en Valencia, aparte de la cual, la única familia que le quedaba (un tío y varios primos) residía en el estado Trujillo. Su tía apenas si lo veía de vez en cuando, dado que sus múltiples ocupaciones como comerciante de cierto éxito le obligaban constantemente a estar en Caracas, impidiéndole esta situación (para su fortuna) ver el espantoso drama que se estaba gestando.

Una amiga de la muerta

que quiso bailarle el novio

Las cosas raras empezaron a pasar cuando un día en que acababa de salir de la universidad, Rogelio recibió un WhatssApp que decía:  ven conmigo . A Rogelio casi se le paraliza el corazón, pues el mensaje lo enviaba nada más y nada menos que& ¡la mismísima Julia desde su celular!

Rogelio se asustó mucho por ese hecho, pero luego pensó que se trataba de algún error. Se dijo a sí mismo que quizás alguien estaba usando el carísimo Smartphone que dejó Julia y fue a la casa de Raquel, la única hermana de ésta. Le explicó lo sucedido y Raquel le dijo que debía ser un error o una broma de muy mal gusto, pues el celular de Julia estaba guardado en un cajón donde estaban varias de sus pertenencias y que nadie lo había usado desde el trágico día del suicidio. Ambos acordaron tácitamente dejar la cosa así y Rogelio se marchó a su casa convencido de que se trató de un caso de líneas cruzadas.

Al llegar, recibió otra llamada. Pero esta vez era de una mujer de carne y hueso. Se trataba de Olivia, quien había sido la mejor amiga de Julia. Esta chica, quien en secreto amaba a Rogelio, había decidido que ya con Julia muerta, ella tenía derecho a tratar de hacerse novia de Rogelio y sacarlo del pozo de dolor en que se consumía. En pocas palabras, Olivia quería  bailarle el novio a la muerta.

Olivia quería visitarlo esa misma noche, pero Rogelio le dijo que no. Que estaba cansado, pero que si podía, se verían la noche siguiente. A Olivia le pareció fabuloso y desde ese mismo instante empezó a trazar su estrategia para que Rogelio olvidara definitivamente a su difunta amiga Julia.

Aquella noche Rogelio apenas si pudo dormir. Habían pasado varios meses de la muerte de su amada, pero parecía que ahora, los recuerdos lo tomaban por asalto con más fuerza. Sentía en la casa solitaria y oscura la presencia de Julia en cada rincón. Era como si su alma lo siguiera por toda la casa y eso le paraba los pelos de punta; no sabía si de miedo o de emoción.

Al filo de la medianoche, la muerta se le apareció tal cual como había visto su cadáver el día de la tragedia. La mitad del rostro lleno de sangre, los cabellos empegostados de coágulos, las muñecas cortadas y con su palidez cadavérica. Lo único que variaba era que vestía una amplia bata casi transparente que ondeaba al viento, dándole el aspecto de un espectro horripilante.

Rogelio despertó sobresaltado, con la frente perlada de sudor frío, y cayó en cuenta de que aquello no era más que un sueño. Como no pudo seguir durmiendo, hizo lo que había estado haciendo todos los días desde que murió Julia& encender su computadora y ver una por una las miles de fotos que ella tenía montadas en su Facebook. Aquello se había hecho una obsesión para él, como si con eso pudiera resucitarla y tenerla a su lado.

A la noche siguiente, a eso de las 8:00 p.m., llegó a visitarlo Olivia. Ella habló detenidamente con él y le instó a olvidar a Julia.  Ella está muerta, pero tú y yo estamos vivos . Esas sugerentes palabras las entendió Rogelio perfectamente, pero aunque él no estaba para romances, permitió que Olivia se quedara ahí, pues necesitaba urgentemente de compañía.

Mensajes de Facebook

desde el más allá

A eso de las 12:01 de la medianoche, luego de haber conversado mucho y haber cenado, Rogelio y Olivia decidieron usar la computadora para conversar con otros amigos a través del Facebook y otras redes sociales. Rogelio contenía las ganas de abrir el sitio de su ex novia muerta para ver las fotos como siempre lo hacía, porque Olivia le había dicho que eso no era sano.

Rogelio estaba empezando a entender que era verdad lo que le decía Olivia y optó por comenzar a olvidar a la difunta novia. Pero& la muerta no estaba dispuesta a ser olvidada. Sin que Rogelio ni Olivia hicieran nada, el monitor empezó a parpadear descontrolado. Y en un segundo& ¡apareció la imagen de la muerta Julia!

Las luces de la casa también parpadeaban furiosamente y un torbellino frío y furioso invadió la habitación. Aterrorizados, Rogelio y Olivia se abrazaron e intentaron escapar de ahí. Pero una fuerza sobrenatural los lanzó contra la pared.

Rogelio luchó hasta que finalmente pudo desconectar la computadora. Pero eso no sirvió de nada. El aparato seguía encendido y el sitio de Facebook de su novia muerta se abrió solo. Comenzaron a llegar mensajes desde el más allá por medio del Facebook.

A la mañana siguiente, procedente de Caracas, llegó la tía de Rogelio y consiguió la casa patas pa rriba. Pensó que Rogelio y Olivia estaban muertos, tirados como estaban bajo sillas y otros muebles, así que pidió ayuda a gritos.

Luego de ser llevados a un centro asistencial, Rogelio y Olivia relataron parte del horror que les tocó vivir. Dijeron que la muerta Julia los contactó por Facebook y que quiso asesinarlos, pero nadie les creía. Médicos psiquiatras debieron atender a ambos muchachos y la tía tuvo que vender la casa donde había ocurrido todo aquello.

Hasta el sol de hoy, no se conocen los pormenores de la escalofriante experiencia porque Rogelio y Olivia se fueron del país juntos, para olvidar que estuvieron a punto de morir en las garras de una muerta celosa que los contactó por Facebook.

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