Taima

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Está claro que ambos bandos están a años luz de rendirse.  Es obvio que cada día unos y otros contabilizan triunfos y derrotas, que vaya sí va resultando cuestarriba justificar ante la poco serena mirada de sus adeptos. Y está también más que claro que nadie va a colgar los guantes.

En medio de este conflicto, el Gobierno gasta más en balas, gas del bueno y perdigones de metal que en asfalto para tapar los millones de huecos que pueblan nuestras calles y carreteras. Miles de litros de agua se desperdician en "disuasión", y no en  suministrarla a los millones de hogares que no reciben el servicio sino de cuando en vez. Ingentes recursos dilapida el Gobierno en poner a los cuerpos de seguridad a perseguir a manifestantes mientras los maleantes hacen su agosto.
Los estudiantes no van a dejar de protestar. Los profesionales no dejaremos de quejarnos, mañana, tarde y noche, por el medio que tengamos a nuestro alcance. Las amas de casa nos vamos a desgañitar cada vez que vayamos al mercado y paguemos a precio de oro lo que necesitamos, si lo conseguimos. Algunos empresarios venderán su alma al diablo, por miedo o por vil interés, pero muchos, los mejores, seguirán insistiendo en que tal como está siendo manejada la hacienda pública y la economía, el país entero va a la total quiebra. Las universidades no van a dejar de exigir lo que por derecho les toca. Los trabajadores no van a dejar de cantarle las cuarenta al Gobierno. Hay cosas mucho más conflictivas que las guarimbas. Una mujer furiosa enarbolando la factura de la electricidad es mucho más peligrosa que alguien armando una barricada. 

Lamento decirle a los tan pedantes miembros de la familia militar que cada vez más los civiles los vemos con peores ojos. ¿Saben ustedes que ya se escucha la frase "mi hija o hijo no sale con un militar ni que fuera el último hombre o mujer sobre la faz de la Tierra"? Quizás ustedes con sus pistolotas y sus uniformes blindados logran infundir temor, pero ya nadie les tiene vestigio alguno de respeto ni asomo de aprecio. Y si a algunos eso nos da lástima, a ustedes debería darles vergüenza. Y mucho lamento también informarle a los jueces y fiscales del ministerio público que su reputación está a la altura del betún. El sistema está tan podrido que ya cuando uno pasa al lado de un juez o un fiscal se tiene que tapar la nariz y llegar a casa a bañarse con alcohol isopropílico.

Yo le sugiero al Gobierno, no que llame a falsos diálogos, o a conferencias de paz que no son sino una  sátira, sino que cante taima. Taima   no es capitulación. Es recapitulación. Es parar para entender lo que está pasando.

Sr. Maduro, por su bien, haga una taima y ponga los pies en la tierra. Deje de enumerar conspiraciones y otras babosadas y pase a enumerar tragedias:

Macrodevaluación, hiperinflación, indisimulable escasez, falsos números de empleo, acromegálica corrupción, quiebra de miles de empresas, la mayor deuda externa e interna de toda nuestra historia. Eso no se disimula con represión, persecución política, dantescos episodios de tortura y programación propagandística en los canales del Gobierno. Entienda que bajo su mandato vamos camino a convertirnos en una sociedad de amebas primitivas en la cual no parece haber cabida para un mínimo de ética, moral y sensatez. Y cuando todo estalle, usted será el inculpado, mientras sus cortesanos nacionales o foráneos se estarán abanicando en quién sabe qué paraíso fiscal. Lo dejarán solo cargando con el muerto.

 

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