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Grandeza y miserias del 2-D Antonio
Sánchez García Segunda parte 1
No constituye ninguna casualidad que la primera parte de nuestro artículo dedicado a revelar algunos detalles inéditos del pasado proceso electoral del 2 de diciembre haya recibido una insólita atención. En uno de los medios de la red tuvo 106.000 lectores. Demuestra que la verdad de lo acontecido entonces, cuando lográramos una gigantesca victoria estratégica, constituye un tema prioritario entre las preocupaciones políticas de la sociedad civil. Tampoco lo es que hasta el día de hoy destacadas personalidades y partidos del establecimiento político hayan mantenido un discreto silencio sobre hechos de tanta gravedad y que lastran los futuros comicios regionales - de tener lugar - con la mácula de la duda, la desconfianza y la preocupación. Ni mucho menos que haya despertado cierta irritación entre quienes consideran que basta con aceptar el triunfo del NO y prefieren no hacer olitas ni ventilar los trapos sucios del CNE, no vayan a despertar las iras del monstruo que habita en sus entrañas y promueva de paso el abstencionismo entre los indignados electores. Vaya saber uno por qué extrañas razones piensan que para derrotar a Chávez y ponerle fin a su nefasto régimen debemos recabar con antelación una autorización suya. Aún se niegan a reconocer la aviesa naturaleza del régimen y la inmensa gravedad del momento que vivimos. Y que como muy bien señala Sun Tzu, al enemigo se le derrota atacando el corazón de su estrategia. Que por lo menos hasta ahora, se ha afincado en el control y manipulación absoluta del CNE. Y pasar entre los incautos de la región y del mundo entero su régimen populista y autocrático - de "gobierno de facto", lo ha calificado el Movimiento 2D - por inmaculada y ejemplar democracia moderna. Una primera señal de advertencia de ese extraño y preocupante comportamiento opositor - síntomas del temor ante el amedrentamiento a que hemos venido siendo sometidos desde hace nueve años - la advertí el martes 5 de diciembre, cuando nos reuniéramos a realizar una primera evaluación de los comicios recién efectuados con importantes personalidades de la oposición. Recuerdo el disgusto que despertó la convicción que algunos de nosotros manifestáramos de que la "llegada fotográfica" era una patraña del CNE en connivencia con Hugo Chávez y su entorno. Que pretendía ocultar la verdad, sin comprender hasta el día de hoy que tal ocultamiento no sólo le permitía una salida honorable - cuestión perfectamente legítima cuando de sacarse a un enemigo de encima se trata - sino de asegurarle un terreno más sólido y consistente para su estrategia de imponernos la reforma por otros medios. Tal cual lo anticipara el mismo Hugo Chávez a poco reconocer de mal grado y con groseras descalificaciones "la victoria de mierda" de la oposición.
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Sostuve entonces, y lo sigo sosteniendo ahora, que era vital tener una visión lo más inmediata, completa y amplia posible de tales resultados electorales. No sólo porque saberlo constituye nuestro más legítimo derecho. Y dárnoslos a conocer es una obligación constitucional del CNE. Sino por muchas otras razones. La primera y principal: para darle a conocer al mundo la auténtica correlación de fuerzas sobre la que se sostiene la oposición al régimen. Muchísimo mayor y más amplia que ese modesto y "pírrico 1%" sostenido por la Sra. Tibisay Lucena. Era vital demostrarle asimismo al país que las fuerzas que se opusieron a esa falsa reforma constitucional - que une a chavistas y anti chavistas - es de tal magnitud, que las posibilidades de acorralar al régimen democrática, pacífica e incluso electoralmente - si se cumplen las exigencias que es necesario plantearle al CNE frente al país -, están dadas. En segundo lugar: porque darle al rechazo al proyecto socialista y totalitario de Hugo Chávez su verdadera dimensión significaba cancelar de raíz su pretensión de imponérnoslo por otras vías que las plebiscitarias. O de darle tiempo a que se recompusiera de esta estratégica derrota y volviera incluso a plantear un referéndum por otras vías. Y ya sabemos cuan hábil puede ser el teniente coronel en el arte de convertir sus derrotas en victoria. Y cuan solícita es la oposición en transformar sus victorias en derrotas. Y en tercer lugar, porque era vital unir la victoria del 2D - sin darle al régimen un solo segundo de respiro - con las elecciones de noviembre. De modo a impedir los abusos del CNE y continuar avanzando en la lucha en contra de la estrategia perseguida por Hugo Chávez, de ganar a cualquier precio la entronización del régimen que pretende desde que preparara y ejecutara sus golpes de estado del 4 de febrero, del 27 de noviembre y del 13 de abril. Y montara el fraude continuo que culminara con su pretendida victoria refrendaria del 15 de agosto de 2004.
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Como era previsible ha ido sucediendo matemáticamente lo que entonces preveíamos. La oposición se ha desentendido de los hechos del 2 de diciembre, ha desperdiciado una magnífica ocasión para profundizar la conciencia democrática de la Nación y ampliar el bloque social y político de los demócratas. Abandonando el terreno de la estrategia política global y enzarzándose en pugnas internas y en debates candidaturales privilegiando única y exclusivamente las elecciones regionales. Es cierto: también el PSUV y el bloque dominante han caído en la desintegración, los conflictos intestinos y las apetencias candidaturales. Pero identificar al PSUV con Chávez y a su estrategia electoral con la revolución bolivariana supone un grave error de cálculo y una imperdonable demostración de ceguera política. A Chávez las elecciones de noviembre no le quitan el sueño. Es más: sabe que las perderá, porque su poderío electoral está irreparablemente dañado. Por lo tanto, su estrategia no apunta tanto a ganarlas, sino a entorpecerlas, a minimizarlas y a desproveerlas de verdadero significado. Si fuera todavía posible, incluso a falsearlas Es más: le sirven de señuelo y cortina de humo para lo que verdaderamente le importa: imponer la reforma constitucional por vía del decreto y de paso vaciar de sentido y significado las alcaldías y gobernaciones, convirtiéndolas - antes del casi inevitable triunfo regional de las distintas opciones opositoras - en cascarones vacíos, en entidades ficticias desprovistas de los dos instrumentos esenciales del Poder político: la fuerza y las finanzas. A tal objetivo han apuntado dos decretos que han encontrado la indiferencia y el silencio de los partidos políticos: la ley de policía nacional, que deja a alcaldías y gobernaciones en la absoluta indefensión policial. Y la llamada ley de la ganancia súbita, que deja a los entes descentralizados en la indefensión económica. Súmese la aceleración en el proceso de estatizaciones, que pretende concentrar en sus manos la elaboración y distribución de alimentos esenciales, así como de la industria del hierro y del cemento, que privaría a las alcaldías y gobernaciones ganadas por la oposición la posibilidad de realizar obras públicas y construcción de viviendas, y se tiene un cuadro tremendamente conflictivo y preocupante del escenario que nos espera. Mientras la oposición no ha hecho otra cosa que discutir quién, a quién y qué representarán sus candidatos en el próximo proceso electoral, Hugo Chávez se ha ido zampando el país a vista y paciencia de todos. Eso se llama "revolución permanente". Así sea una caricatura del concepto trotskista. En su personal diccionario político, revolución permanente significa: trabajar día y noche y no descansar un sólo segundo en afianzar su poder y establecer un régimen totalitario y vitalicio en Venezuela. Todo lo demás es cuento.
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¿Qué hacer? Respecto de nuestra propia estrategia, insistir en reivindicar la vigencia de la decisión votada de manera masiva y mayoritaria por el pueblo soberano el 2 de Diciembre. Y desenmascarar la naturaleza ilegítima del régimen. En consecuencia: denunciar urbi et orbe la naturaleza fáctica, ilegítima y por ende medularmente impositiva y dictatorial del régimen hoy vigente. Tal como lo dejara en evidencia el manifiesto del Movimiento 2 de Diciembre, Democracia y Libertad, al calificar de "gobierno de facto" al que hoy pretende violar dicha decisión soberana. Y demandar a las distintas instituciones de la sociedad civil, a la iglesia, incluso a los sectores institucionalistas de nuestra Fuerza Armada Nacional - los "burros y cobardes" del ministro de defensa, que constituyen una inmensa mayoría en su seno y no respaldaron la aventura golpista del 2-D - elevando la más enérgica protesta ante los desafueros y violaciones a la constitución todavía vigente cometidas por un gobierno que no trepida en empujarnos al abismo de la confrontación, el caos y la desintegración. Es bueno que el mundo sepa la verdad del 2-D y que los organismos multilaterales - la OEA, la primera de ellas - sepan que su silencio y su complicidad ante un régimen de facto como el del teniente coronel Hugo Chávez causa un profundo daño a Venezuela, a la región y a la democracia. Respecto del 2 de diciembre de 2007 quisiera agregar a lo dicho en nuestro artículo anterior un dato verdaderamente estremecedor: un 27% de las mesas instaladas no trasmitió el resultado de los escrutinios. Es la voluntad de mucho más de un millón de electores que han sido olímpicamente desconocidos por el CNE y quien lo manipula. Dicho 27% se halla repartido por todo el país y muestra un perfil aleatorio. Sus actas jamás aparecieron por parte alguna. ¿Culpa de la CANTV? ¿Culpa del Plan República? En cualquier caso: culpa del CNE que no ha desvelado el misterio. ¿Debemos guardar silencio para no alterar el ánimo del autócrata, mientras prosigue en su camino por desconocer la voluntad mayoritaria de un país harto de sus abusos, atropellos y corruptelas? No negamos la importancia de las próximas elecciones regionales. Muy por el contrario. Pero debemos utilizarlas como un ariete en un combate mucho más trascendente y definitorio: el de la lucha a muerte contra un gobierno de facto, al que debemos enfrentar por todos los medios que la constitución exige y garantiza. El silencio es el arma de los culpables. La denuncia y la verdad, nuestras mejores armas. A quienes pretenden pasar agachados ante los atropellos del autócrata para no despertar su enemistad les recuerdo una pregunta del gran científico español, el premio Nobel Ramón y Cajal: "¿No tienes enemigos? ¿Es que jamás dijiste la verdad o jamás amaste la justicia?" Va siendo hora de encontrar la respuesta en el silencio de nuestra más íntima verdad.
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