Editorial
Notitarde
C.A

Pérez Vivas

 Ramón Guillermo Aveledo

¿Qué le ha hecho César Pérez Vivas al Presidente? ¿Qué delito ha cometido? ¿Por qué esa persecución implacable contra el gobernador de los tachirenses? Ofrecer al Táchira una manera distinta y mejor de gobernar que el delirio rojo, y ganarse la confianza de los tachirenses para eso, son los delitos imperdonables de quien ahora es obstruido en su tarea de gobernar, acusado de criminal y hasta retado a pelear por quien tiene la responsabilidad de resolver los problemas del país y, en lugar de hacerlo, los crea o los agrava.

Si la mayoría de los tachirenses no quiere al gobierno es culpa del gobierno, de más nadie. Sus torpezas e incompetencia le han ganado el rechazo de una proporción cada vez más grande de ese pueblo trabajador y entusiasta. El Táchira ha sido de los estados más golpeados por esta década de fantasía y desgobierno. El secuestro y la extorsión, que ya eran un problema, se han desbordado. La violencia anda por la calle a sus anchas, con síntomas particularmente preocupantes. La economía regional ha sido castigada por las políticas absurdas que tercamente, y contra toda racionalidad, se trata de imponer. La cría de ganado y la agricultura, sufren por la inseguridad personal y jurídica, las importaciones alocadas para favorecer a unos cuantos avispados.

Cansado de todo eso, el Táchira decidió elegir un gobernador demócrata, y escogió para el cargo a un andino tenaz, preparado y luchador, llamado César Pérez Vivas. No es un desconocido ni un improvisado. Varias veces diputado al Congreso con desempeño muy destacado, principalmente en la Comisión de Ambiente y Recursos Naturales que presidió con brillo y realizaciones legislativas importantes, reconocidas por los verdaderos conservacionistas, sin la charlatanería y el desplante de los conversacionistas. Muy joven había sido representante en la Legislatura estadal. Ningún cargo le ha sido regalado. Todos los ha ganado a pulso, trabajando. En suma, es todo lo contrario a la clique de favoritos y adulantes que, con notorias y cada vez más escasas excepciones, el personalismo patrocina como sus agentes en las regiones.

A los tachirenses no querían reconocerle su voto y su decisión. A Pérez Vivas no querían reconocerle su triunfo. La misma noche de los resultados, cuando ellos ya sabían lo que había pasado, no quisieron proclamarlo. Después han venido el acoso constante, la calumnia, la obstrucción. El producto de ese ensañamiento incivil es que crezcan el repudio al gobierno y el apoyo al gobernador. En el referendo por la enmienda reeleccionista, el Sí se llevó en la región una paliza inolvidable. Eso no se lo perdonan. Ni al Táchira ni a Pérez Vivas. Y se equivoca de nuevo la soberbia oficialista. Ya lo verán.

 

 

 

 



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