Te odio y no te quiero (2346036)

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El señor Maduro terminará odiándonos a los venezolanos. Heredero de un desastre, pocos lo creyeron capaz de enderezar lo que su antecesor dejó torcido y, peor aún, lo ha venido terminando de torcer. De allí que ocho de cada diez venezolanos lo detestan y desean que renuncie a su cargo y se vaya cuanto antes a su amada Cuba, si es que allá lo aceptan como huésped.

El señor Maduro terminará odiándonos a los venezolanos. No ha podido convencernos de su capacidad como gobernante, si es que la tiene, así como no pudo convencer a sus socios de la Opep para que reduzcan la producción de petróleo, en un fallido intento por volver a los cien dólares el barril, cosa que no depende ya tanto de la Opep, que solo controla una tercera parte de la producción mundial, sino del juego del mercado, en el sistema que tanto detestan Maduro y su gente, pero del cual dependen. Ahora tienen una campaña para convencernos de la necesidad de aumentar el precio de la gasolina, líquido inflamable que a su vez podría inflamar los ánimos de los pocos seguidores que aún les quedan.

El señor Maduro terminará odiándonos a los venezolanos. No ha podido convencer a rusos y chinos para que le presten un poco más de dinero para pagar deudas y así recuperar el crédito que necesita para importar más alimentos, que a su vez se seguirán pudriendo en los almacenes de Pdval y Mercal, en lugar de llegar a las mesas de los más humildes, quienes, obligados a hacer interminables colas en los mercados para comprar hasta papel higiénico, cada vez simpatizan menos con el fracasado mandatario.

El señor Maduro terminará odiándonos a los venezolanos. No quiere que los venezolanos viajemos al exterior, donde podemos comprobar, por comparación, el atraso y ruina en que nos han sumido quince años de desaciertos y arbitrariedades. Atraso y ruina que además han provocado una fuga de compatriotas al exterior en busca de las oportunidades de trabajo, seguridad y calidad de vida que aquí no consiguen.

El señor Maduro terminará odiándonos a los venezolanos, si es que no nos odia ya, incapaz de conquistar nuestra aceptación a un sistema que ha ido poco a poco revelando su inoperancia e ineficacia para satisfacer las más elementales necesidades de los más pobres, y convirtiendo en pobres a quienes hace veinte años tenían trabajo, vivienda y salud, gracias a un sistema que, a pesar de sus defectos, mantenía al país entre los más prósperos del mundo.

Pero, pensándolo bien, yo creo que nos odia desde hace tiempo. ¿Será por eso que nos hace tanto daño a los venezolanos? Mucho odio debe haber para tanta destrucción de un país. Y se refuerza en uno su presunta nacionalidad extranjera: se ve que no es de aquí: no nos quiere. Por eso el expresidente colombiano Pastrana lo llamó dos veces  paisano durante su reciente visita al país, acompañado de los también expresidentes Obregón, de México y Piñera, de Chile.

Y, luego del fracaso del fracaso de sus gestiones ante chinos, rusos y árabes, también terminará odiándolos.  Son unos malucos . No es problema nuestro.

Y sus odios personales ¿A quién irán dirigidos? ¿A Obama? ¿A Cabello? ¿A Capriles? ¿A Chávez, por haberle echado esta vaina de tener que ser presidente de este por él odiado país?

¿Odiará su propia incapacidad? Porque ese sí es problema nuestro. Nos afecta, y mucho, su desmedido odio.

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Twitter: @peterkalbers

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