"En tiempos de crisis, el artista crece" (2200301)

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Hace dos años, Sachenka Oropeza causó revuelo entre los visitantes de una de las estaciones de la 66° Salón Bienal Arturo Michelena, específicamente del techo del Centro Cultural Eladio Alemán Sucre (Cceas), colgaba su obra Flagelación, que consistía en una malla dividida en tres secciones, hecha con hilos, crines de caballos y nylon. La pieza obtuvo el Premio Antonio Edmundo Monsanto, que se entregó por primera vez en esa edición y reconocía el uso de materiales no convencionales.

Cabellos de su familia, pelos de su gato, crines de caballo. Sí, ésos son los materiales de su propuesta plástica, que ella describe como “contemporánea no convencional”, elaborada con materiales orgánicos, basada en un trabajo de investigación sostenido de casi una década, en el que el punto y la línea son el principio de su obra.

Y lejos de lo que muchos pudieran pensar, Sachenka comenta que “hasta ahora no he sentido que mi obra cause más allá de cierto estupor en los espectadores. Por fortuna, ha habido mucha gente que se me ha acercado para decirme que es la primera vez que me acercan al pelo y no les da asco, porque está cosido con tanta sutileza que quizás por eso no les causa repulsión”.

En todo caso, afinca que en las artes plásticas “hay que atreverse y reinventarse”. Precisamente eso fue lo que hizo durante estos dos años, y el resultado se puede ver en su primera individual Urdimbres y tramas, que hasta el 31 de agosto ocupará las salas del Cceas.

Se trata de una retrospectiva de su trabajo en la que hay obras bidimensionales y tridimensionales, de diferentes formatos, que datan desde 2005, cuando participó por primera vez en el Salón Arturo Michelena con una pieza elaborada con cabellos, la cual se llamó Apuntes para un paisaje. Antes, en 2004, ya había sido admitida en este prestigioso espacio con la obra Ante el umbral, hecha en vinil sobre pared.

Este año, volvió a enviar una propuesta para ser considerada por el Jurado Único de Admisión y Calificación del 67° Salón Bienal Arturo Michelena, de la que solo adelantó que se trata de un dibujo tridimensional, una escultura aérea, la malla más grande que ha hecho, dividida en cinco partes. “Si quedo, este año la verán, sino la expondré en otro momento”, afincó sonriendo.

El arte de tejer… cabellos

Urdimbres es de tejer, amalgamar, unir, ensamblar de manera armónica. A esta labor, Sachenka incorpora degradaciones y un estudio del color. Además, en el caso de las mallas, la luz interviene creando las sombras que dibujan otras formas en la pared. En el caso de la obra Flagelación, le tomó entre seis y ocho meses elaborarla, y en ella hay cabellos propios y de su familia, pelos de su difunto gato, hilos y nylon. “La comencé en Buenos Aires y la terminé acá”, dice.

Luego, empezó a trabajar con crines de caballo tejidos como en la pieza Ensenada, que se muestra en la fotografía que acompaña esta página.

Estos cabellos no tienen un tratamiento especial, solo los cose y enreda con hilos, y en el caso de las piezas bidimensionales, los combina con gasa, “que los oprime un poco, los atrapa y con el tiempo quizá hasta tomen tonalidades ocre”.

– ¿Por qué decidió trabajar con cabellos?

– Por una obra que vi en el Museo Pompidou de París, cuando por primera vez tenía 7 años de edad, que consistía en una trenza de cabellos pegados a una lámina de metal. Más tarde, en el 2006, volví a verla. En ese momento me motivó a dejar el vinil en reposo y comenzar a trabajar con cabellos.

Además, trabajé en el Ateneo por 17 años, ahí me formé. En una ocasión, la artista Emilia Azcárate montó una retrospectiva de su obra. Ella trabaja con materiales orgánicos, con bosta de vaca, pero dentro de esa muestra había una pieza hecha con esferas de cabello. Eso llamó mi atención y me motivó a involucrarme con algo que fuese más íntimo, más yo, más osado, con cabellos.

– En todo caso, ¿qué mensaje quieres transmitir con esta propuesta?

– El mensaje es precisamente eso, que de algo que pudiera causar repulsión en algunos, en este caso pelos, crines y cabellos, se pueden construir hasta esculturas, obras bidimensionales e instalaciones.

Las artes son cosa seria

Al momento de esta entrevista, Sachenka desconocía que había sido elegida entre los 109 artistas que este año resultaron admitidos en la Bienal Salón Arturo Michelena. Nos tocó decirle que había sido seleccionada. Al principio no lo creyó, pero un par de segundos después, se llevó las manos al rostro y comenzó a llorar de emoción.

Le tomó otro par de minutos recomponerse, y con la voz entrecortada dijo: “La primera vez que quedé en el Salón Arturo Michelena, mi papá (José Napoleón Oropeza) era presidente del Ateneo de Valencia. Él no sabía que yo había postulado mi obra y cuando la admitieron me llamó para decirme muy serio: Sachenka Oropeza, ¿qué es esto? Sí, quedaste, pero tienes que saber que el arte no es cosa de juegos, el arte hay que tomárselo en serio. Te estás mostrando, ahora trabaja. Ahora me emociona saber que volví a quedar porque el arte para mí es una gran responsabilidad”.

“Mi papá es mi maestro, pero yo soy Sachenka”

Sí, Sachenka es hija de uno de los escritores más respetados del país, José Napoleón Oropeza, pero lejos de significar para ella una ventaja como artista, confiesa que “mi papá es mi maestro, pero hace mucho decidí hacer carrera muy aparte de ese vínculo, hacerme nombre. Yo soy Sachenka”. Incluso, subraya que en todo caso, la única ventaja que ha tenido es cuando le dice: “Hija, toma este libro de poesía, te va a servir”.

Y es que hasta la literatura está de alguna manera presente en sus tejidos. Ahora lee a Mudnakudu Chinnaswamy, un poemario sobre el paisaje, “y esa poesía, de alguna manera, se ve en las mallas de Urdimbres y tramas, que remiten a ríos, encuentros, montañas, caminos, puntos de conexión”.

El ADN de su familia

“Cuando tejo los cabellos siento que estoy en contacto con recuerdos, cosas que nos pasaron; siento que estoy en contacto con lo que mi mamá me decía cuando estaba en el colegio, con lo que mi papá escribía, con la música que escuchaba. Es una compenetración con mi ‘yo’ y el ADN de mi familia”, cuenta Sachenka.

Así describe cómo ha sido ese proceso de introspección al momento de crear sus piezas. “Cuando termino las obras, las tranco en una habitación y las dejo reposar no menos de 72 horas. Y cuando la vuelvo a ver, me da miedo porque no es sencillo saber, a lo interno, cuándo la obra está lista, pero ahí es cuando me digo: Tu obra va a ser vista como tú quieres, y confío”, añade.

– Por otro lado, es sabido que el país atraviesa tiempos difíciles. Aun así, ¿cómo hacer para seguir trabajando por el arte y en su caso montar una individual?

– Considero que éste es el momento de hacer arte, porque éste es el medio para expresar emociones, rabias, desafíos, desencuentros, amores. Además, en los tiempos de crisis es cuando precisamente el artista se crece, se da la oportunidad de reinventarse, de llevar su mensaje, de invitar a la reflexión con su trabajo para que el espectador haga catarsis, introspección. En fin, es en esos momentos donde puede surgir el argumento para una obra.

Los nudos de cabellos en sus obras, los entramados pudieran interpretarse como una relación directa con la situación país, Sachenka aclara que, por el contrario, ella prefiere deslastrarse de lo que ocurre a su alrededor -aunque esto no significa que no le afecte lo que ocurre en Venezuela-, y se concentra en hacer sus obras. “Ése es mi refugio”.

Las obras hablan de lo que es Sachenka -afinca-. En el caso de Flagelación, “cuando la terminé me acababa de divorciar, mi gato murió, en fin, había una carga emocional importante que me afectaba, y ahí está reflejada”.

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