Tirando cohetes

Albersidades.

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Una de las expresiones muy de moda entre los organismos del régimen es el verbo “rehabilitar”. Que, según la Real Academia Española de la Lengua, significa “Habilitar de nuevo o restituir a alguien o algo a su antiguo estado”.

Es bueno recordar que en la llamada “Cuarta República” la infraestructura de los servicios públicos (Autopistas y carreteras, acueductos, cloacas y drenajes, suministros de energía eléctrica y redes de comunicaciones) estaba en muy buen estado. El dinero destinado al mantenimiento de esos sistemas llegaba a donde debía llegar, para que todo continuara funcionando sin interrupciones. Quienes creemos en la democracia y en la transparencia administrativa no somos tan ingenuos como para creer que todo era pulcritud en el manejo de los dineros públicos, y que en el camino entre el presupuesto y lo que realmente costaban las obras y su mantenimiento no se perdían unos cuantos, por decir lo menos, billetes de alta denominación. Todos sabemos de los funcionarios adecos y copeyanos que, durante esos cuarenta años, salieron de sus cargos con bienes que jamás hubieran podido adquirir con los sueldos que percibían ni haciendo magia. Pero, a diferencia de la “Quinta República”, a pesar de la corrupción, hasta hace dos décadas la infraestructura se mantenía en buen estado, el agua llegaba por las tuberías, la electricidad hacía funcionar los equipos eléctricos sin frecuentes interrupciones, las calles no semejaban un territorio bombardeado, el suministro de gas doméstico era continuo. Nunca se llegaba a un abandono tal que fuera necesario “rehabilitar” nada.

En los países donde el presupuesto va a donde tiene que ir no es necesario “rehabilitar” nada. Por el contrario, el tener que invertir en la reparación mayor de algún bien o servicio es motivo de una investigación, orientada a determinar la causa de tal abandono. Después de despedir y enjuiciar al responsable, el trabajo se hace “a la calladita”. En nuestra malhadada quinta república parece que las instalaciones y equipos se dejaran languidecer, robándose los responsables el dinero destinado a su mantenimiento, para luego hacer propaganda política con su rehabilitación, como si de algo sobresaliente se tratara.

Hace unas semanas nuestro pintoresco gobernador retó a los carabobeños a que dijeran que “en Carabobo no ha pasado nada” desde que él asumió un cargo que le queda grande. Y mire que sí ha pasado, y mucho.

Para empezar, con bombos y platillos anunció un remedo de transporte público que bautizó como “Transdrácula”, y que no fue otra cosa que la adquisición de un lastimoso lote de autobuses que en los Estados Unidos cumplieron con sus años de servicio en el transporte escolar y pasaban a jubilación en las plantas de reciclaje y compactación de chatarra. Todavía continúan algunos circulando a duras penas por allí; los demás se fueron accidentando y siendo remolcados al cementerio de vehículos del estado, acompañando a los tristemente célebres Yutong arrumados, inservibles, en los otrora hermosos jardines del Parque Recreacional Sur, convertido en cementerio de autobuses.

Es el “socialismo del siglo 21” que todo lo destruye, que negocia con la miseria de los venezolanos, que se especializa en inventar “rehabilitaciones” para enriquecer a quienes las inventan.

Les falta tirar cohetes cada vez que reparan una tubería rota o prenden una bomba de agua que su propia desidia dejó apagar. Hidrocentro se ha convertido en el mayor tuitero del país.

Potes de humo que tapan la corrupción.

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@peterkalbers

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