Tras los pasos de la caligrafía de Mozart en Salzburgo

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Salzburgo (Austria), 21 agosto 2014.- Wolfgang Amadeus Mozart siempre tuvo una inclinación especial por el lujo y el derroche. Por suerte. "Siempre utilizó buena tinta y papel", explica Johanna Senigl desde la Biblioteca Mozartiana de la Fundación Mozarteum, en Salzburgo. Esta institución alberga la colección más importante del mundo de cartas y notas manuscritas del famoso compositor. 

"Su padre Leopold le advirtió en una ocasión que tuviese en cuenta la calidad", explica Senigl. Y es que entonces existían también productos baratos, pero amarilleaban y se estropeaban rápidamente. 

La valiosa colección de la Fundación Mozarteum está protegida tras pesadas puertas acoradazas en el sótano de la casa de Mozart que se encuentra cerca del castillo Mirabell, donde el compositor vivió con su familia ocho años antes de mudarse a Viena en 1781. 

A ese lugar llegan pocos turistas en comparación con la casa natal de Mozart, situada en la Getreidegasse, también en la ciudad austriaca. Por motivos de conservación, la colección sólo puede visitarse a petición previa o durante de la Semana de Mozart de Salzburgo, en enero. 

En el sótano, el "sanctasantórum" para los encargados de la biblioteca, un aparato de aire acondicionado mantiene el lugar fresco, en comparación con el verano húmedo de la calle. Unas 800 cartas de la familia Mozart se conservan en carpetas, entre ellas unas 200 del propio "Wolferl". Pero aquí no pueden verse las cartas a su prima Maria Anna Thekla Mozar, conocida como "Bäsle". La más conocida de ellas, en la que puede verse un pequeño dibujo a mano de "Bäsle" hecho por Mozart, está en la British Library. 

Lo que sí hay, además de las cartas, son unas 110 notas o fragmentos de notas escritas por el compositor. Entre ellas se atesora una de sus obras más populares: la última página del "Rondo a la turca" de la sonata Nro. 11 en la mayor, con la "marcha turca". 

Además, en una vitrina de la colección de notas y partituras puede verse una presunta falsificación de principios del siglo XX, escrita en papel de poca calidad. "Mozart sólo utilizaba papel hecho a mano a base de retales", explica Senigl. 

Tras la muerte de Mozart, en 1791, su viuda Constanze vendió un legajo con escritos de su marido a un editor de Ofenbach (Alemania). Los herederos del genio ofrecieron el pequeño tesoro también a los Amigos de Mozart de Salzburgo, que entonces no tenían dinero suficiente para comprarlo. 

Al final gran parte de las partituras terminaron en la Biblioteca Real Prusiana de Berlín y durante la Segunda Guerra Mundial fueron trasladadas a Alemania occidental y Silesia. Para mayor seguridad, las preciadas óperas se dividieron en dos. Por eso en la actualidad las dos partes de "Las bodas de Fígaro" se encuentran en Berlín y Cracovia. 

También en Viena, Londres y París hay importantes manuscritos originales de Mozart, cuyo valor es enorme. En 2010, la Fundación Mozarteum compró por 300.000 euros (398.000 dólares) la partitura incompleta de "Ah vous dirai-je, Maman". 

Las notas y partituras permiten formarse una idea del estilo de vida y trabajo de Mozart. Se puede saber, por ejemplo, que el genio componía siempre en limpio y directamente en la partitura: primero la melodía y la línea de contrabajos y luego introduciendo el resto de los instrumentos. 

"Componía de forma rápida y fluida, pero sólo cuando le apetecía", explica Senigl. 

En el sótano de la Biblioteca Mozartiana también hay piezas curiosas, como un fragmento de un minué en cuyos márgenes Mozart anotó largas series de números. Se trata de un juego de cálculo muy famoso en aquella época en el debía calcularse cuántos granos de arroz se acumulaban cuando se colocaba un grano en el primer cuadro de un tablero de ajedrez y en los restantes 63 cuadros el doble de los colocados en el anterior. Si se completa el juego se lleva a 18,5 trillones de granos. Mozart llegó hasta la cuadrícula 24. 

Muchas de las partituras llevan los sellos de propiedad de colecciones o bibliotecas, que ya se convirtieron en parte de su historia. "Hoy se evitaría algo así", explica Senigl. Y también hacer lo que un coleccionista inglés, que en un fragmento de "Zaide" escribió: "Caligrafía de Mozart. Tener cuidado". 

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