Ugalde y Hausmann: Dos visiones de la crisis

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Nelson Acosta Espinoza
Nelson Acosta Espinoza

El año ha comenzado a dar sus primeros pasos. Sin embargo, el terreno sobre el cual avanzan los ciudadanos es el mismo que trillaron en tiempos recientes. Esta última afirmación si se quiere es benévola. Lo justo y más apropiado a la realidad sería señalar que estamos confrontando una escalada en el deterioro de las condiciones de vida. La progresión es total. Alcanza la totalidad de las dimensiones que conforman el modo de vida de los venezolanos. Nunca en la historia del país habíamos experimentado una crisis de carácter integral como la que nos acorrala en la actualidad. Esta circunstancia, quizás,  ayuda a explicar la perplejidad que observamos en la conducta de los factores políticos que hacen oposición en el país. Titubeo y vacilación que no les permite llevar a cabo un diagnóstico  apropiado de la coyuntura y, desde luego, generar las iniciativas políticas apropiadas.

Recientemente dos ilustres personajes de la vida pública han puesto a la consideración del país propuestas para enfrentar y salir de la trágica situación en la que se encuentra la nación. Me refiero a los escritos del economista Ricardo Hausmann y el padre Luis Ugalde. Parece importante subrayar que nos referimos a dos actores públicos prestigiosos y de una honestidad intelectual a toda prueba. Es precisamente estas condiciones lo que otorga peso y valor a sus consideraciones. Haussman y Ugalde son formadores de opinión respetados en el país. De ahí que sus apreciaciones  y propuestas tengan una gran repercusión en los diagnósticos y  elaboración de políticas para enfrentar la profunda crisis en la cual estamos sumido los venezolanos.

“El día D para Venezuela” así tituló Ricardo Hausmann su escrito del 2 de enero del presente año. El punto de partida de su análisis es una descarnada descripción de la crisis y las pocas opciones a la mano para enfrentarla con éxito. Sostiene que a pesar de su magnitud y del masivo apoyo diplomático internacional la oposición se encuentra en una situación de mayor debilidad que en el pasado mes de julio del año pasado. “Desde entonces, el gobierno ha instalado una Asamblea Constituyente inconstitucional con plenos poderes, ha cancelado el registro electoral de los tres principales partidos de oposición, ha destituido a alcaldes y diputados legítimamente elegidos, y se ha robado tres elecciones”.

Ante estas circunstancias propone considerar la siguiente iniciativa.  Destitución de Maduro por iniciativa de la Asamblea Nacional; y,  a partir de esta decisión (vacío de poder),  la asamblea nombraría de forma constitucional a un nuevo gobierno, “…el que a su vez podría solicitar asistencia militar a una coalición de países amigos, entre ellos, latinoamericanos, norteamericanos y europeos. Esta fuerza liberaría a Venezuela…”.

En otro extremo se ubican las consideraciones del padre Luis Ugalde. Sin embargo, en cierto sentido ambos coinciden en la apreciación de la coyuntura. Ugalde afirma, coincidiendo con  Hausmann,  que el oficialismo está decidido a perpetuarse en el poder mediante la celebración de elecciones fraudulentas y favorecidas por la conducta de un liderazgo político que “luce ausente de las angustias socioeconómicas, dividido y sin rumbo unitario y contundente”.

Sin embargo,  y  a pesar de estas observaciones,  Ugalde apuesta por la política y advierte lo erróneo y peligroso de conductas y propuestas enmarcada dentro de la antipolítica. Advierte que estas  narrativas conducen a visualizar la salida de la crisis mediante la acción de un mesías dictatorial. Es partidario de candidato único; diálogo y negociación con apoyo internacional para exigir condiciones electorales para la salida democrática y la reconstrucción nacional.

Desde luego, he presentado un apretado resumen de las propuestas de estas dos figuras públicas. Espero que esta comprimida síntesis no haya malinterpretado sus sugerencias. Ha sido mi intención subrayar que estas posiciones marcan las fronteras al interior de las cuales se mueve la opinión política institucionalizada en el país. Y, en cierto sentido, su contenido contradictorio manifiesta el relativo desconcierto que existe al interior de  la oposición política y sus dificultades para interpelar a la mayoría de venezolanos que se ubican en el bando opositor a este socialismo del siglo XXI.

Más allá de sus contenidos, me atrevería a subrayar que su importancia radica en que comienza a “pensarse” la situación del país desde otros horizontes y, esta  acción, podría estimular la formulación de iniciativas políticas apropiadas para poder  salir de esta crisis.

Sin lugar a dudas, la política es así.

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