Una apuesta digna

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En varias oportunidades he mencionado lo frágil que suele ser nuestra memoria cuando nos interesa; y en ese proceso de olvido nos llevamos por delante el reconocimiento a quienes de manera desinteresada, movidos por un alto sentido de compromiso y de pasión por esta tierra, transformaron Carabobo convirtiéndolo en uno de los estados más desarrollado y de futuro del país y además han ofrecido un verdadero proyecto para Venezuela. Ver en estos días cómo la crisis generada en el país por este período de Gobierno se agudiza a niveles sencillamente inaceptables, me impulsa a retomar algunas consideraciones al respecto porque la historia nos ayuda a evaluar lo que tuvimos y lo que nos merecemos tener.

Con la llegada de Henrique Salas Römer, primer gobernador electo por voluntad popular (y otras importantes figuras en otras regiones del país), se inicia desde Valencia una gestión de gobierno que se convertiría sin discusión alguna en referencia nacional; primero con la capacidad y el desprendimiento de convocar a las mejores voluntades, los mejores talentos, para iniciar la recuperación de un estado devastado por sus carencias, abrumado por sus problemas, pero sobre todo urgido de atención integral. No importaba su tendencia política, lo importante fueron la disposición y el compromiso por contribuir en la planificación, diseño y ejecución de un programa de gobierno que en corto plazo iniciara en Carabobo una verdadera revolución. Salas Römer no solo significó la transformación de Carabobo, sino que fue mucho más allá, y al frente de la llamada Asociación Nacional de Gobernadores de Venezuela impulsa uno de los procesos más exitosos del país: la descentralización cuyo principal logro fue demostrar que los estados y municipios pueden ser capaces de administrarse directamente, resolviendo los problemas de manera más expedita porque están mucho más cerca de su gente, que la capital no podía seguir manejando los estados y que  la acción de los gobiernos debía estar al alcance de sus ciudadanos, y así ocurrió.  Aquí en nuestro municipio no fue diferente, la descentralización y recuperación del puerto de Puerto Cabello hasta convertirlo hoy por hoy en el puerto más importante del país son la prueba más fehaciente de ese exitoso proceso.

Hoy, cuando vemos, oímos, leemos cómo en cada rincón de Venezuela el desabastecimiento obliga a los ciudadanos a mantenerse por horas enteras en una cola; a desvelarse arriesgando su seguridad en vigilias a las puertas de los establecimientos esperando la venta de productos, alimentos fundamentalmente, ¡¡o como ocurrió aquí en nuestra ciudad simplemente pañales!! Y que la respuesta del gobierno sea la amenaza, la descalificación o en el peor de los casos un silencio cómplice de autoridades conscientes de la realidad, pero que su compromiso político les impide defender a sus ciudadanos, lo que nos tiene que generar es una profunda indignación. Ésta no es mi ciudad, éste no es mi estado ni mi país, ésta no es la patria que me restriegan a cada rato en la cara para impedirme que reclame. ¿Con qué moral nos insultan y nos dicen infiltrados, desestabilizadores, cuando la verdad es que ha sido el mismo gobierno quien nos condujo a esta terrible situación?; ¡qué sabroso es amenazar, desde las comodidades del poder! Lo que ocurre en Venezuela es la antítesis, todo lo opuesto de lo que demandan los ciudadanos: escasez en lugar de producción, desempleo en lugar de oportunidades, abuso en lugar de igualdad, represión en lugar de libertades, eso no es tener patria, la patria se defiende, se respeta, se construye, se desarrolla y no se manipula, no se hipoteca, no se entrega. 

En el año 98 Salas Römer se convirtió en candidato para la Presidencia de la República. Sabias sus palabras en aquel cierre de campaña en el Ateneo de Caracas hoy más vigentes que nunca; pues bien, a pesar de estas grandes verdades, entendimos que los errores políticos de entonces llevaron a los venezolanos a procurar un cambio y apostar a una nueva visión, y se dio eso en Venezuela, con una importante mayoría que confiaba en esa propuesta revolucionaria que hoy, desgraciadamente para sus más fervientes defensores, en apenas dos años de gestión, el presidente Maduro destroza y pone al borde del colapso social (el económico ya lo desató) el sueño de los venezolanos de una patria digna, próspera, igualitaria y de respeto. 

 Recientemente se cumplieron 25 años del inicio de un modelo de gestión que dejó una “huella imborrable” para Carabobo y Venezuela, me aferro a esos logros convencida de que ése es el camino;  yo sigo apostando a los venezolanos honestos, trabajadores, luchadores, alegres; yo sigo apostando a mi país, a su conciencia, a su espíritu indomable, yo apuesto a un gobierno con sentido de grandeza, que alcancemos nuevamente nuestra autonomía de verdad, no este disfraz que nos repiten diariamente por los medios de comunicación mientras a nuestras espaldas nos entregan a otros gobiernos y la nueva burguesía se aferra más al poder, nos merecemos otra Venezuela, ésta a Maduro le quedó demasiado grande.

 

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