"Una de mis responsabilidades como ciudadano es seguir saliendo al aire"

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Si hubiera que definir a César Miguel Rondón por aquello que no tiene, la estridencia sería, sin duda, lo primero que faltaría. En él nada “chilla”: ni la vestimenta -monocromática y sobria- ni la voz -tan grave y redonda en persona como por radio- ni, mucho menos, las opiniones personales. Su cruzada contra la estridencia comienza por ellas: en vez de “gritar tres o cuatro cosas que el olvido borrará en cuestión de horas”, Rondón prefiere el silencio insinuante que le hace un guiño al oyente.

Así, no es raro que una mañana cualquiera, un radioescucha inadvertido sintonice el circuito Éxitos, entre las 6:00 a.m. y las 9:00 a.m., y lo primero que “escuche” sea precisamente un prolongado silencio, a veces -solo a veces- seguido por alguna breve interjección.

Ese “decir más cuando no digo” es para Rondón la clave de la longevidad de su magazine matutino, que este 31 de julio cumplió 25 años ininterrumpidos al aire. Un cuarto de siglo en el que -aunque a él mismo le moleste “dictar cátedra” e incluso denominar “editoriales” a sus minutos de opinión- su programa se ha convertido en un espacio para los venezolanos que buscan respuestas, para aquellos que quieren “armar el rompecabezas del país” (parafraseando el título de uno de los muchos libros en los que Rondón ha plasmado las entrevistas que forman parte de su quehacer comunicacional en la radio).

Sobre estas entrevistas, el aniversario de su programa y la realidad venezolana, César Miguel Rondón conversó en el Desayuno en la Redacción de esta semana. En esta cita fuera de las ondas hertzianas, interactuaron las voces del presidente del diario Notitarde, Ricardo Degwitz y de quien suscribe estas líneas, así como las fotografías de Lisandro Casaña.

– Cada vez son menos los programas de opinión tanto en radio como en televisión, gracias a la censura impuesta por el Gobierno ¿Cómo la evade? ¿A qué se debe que aún no lo hayan censurado?

– Hay algo de maña, algo de experiencia. Todos los días, cuando salgo del aire, respiro con alivio y digo “hicimos el programa hoy, esperemos que mañana lo podamos hacer”. Creo que es un proceso de día a día. Como ciudadano yo no eludo mis responsabilidades y una de las primeras es salir al aire. No gano nada con ser estridente y gritar tres o cuatro cosas que va a borrar el olvido en cuestión de horas, porque la radio tiene ese problema: es efímera. Si yo dijera que hay algún “truquito” especial para seguir al aire, estaría diciendo que tengo algún amigo en Conatel, y yo no tengo ninguno, ningún amigo en el Gobierno. De hecho me tienen vetado.

– Hace algunos años pocas veces usted sentaba posiciones políticas en su programa, pero hoy en día es posible oírle muchas más opiniones ¿Ese cambio se debe a la ausencia de otros medios que lo hacen sentirse en ese deber?

– Es una sumatoria de muchas cosas. Por más profesional y “asceta” que intente ser, en primer lugar soy un ciudadano. Respeto al máximo al oyente, no voy a imponerle mis criterios ni mis ideas, pero vivimos una situación tan delicada, absurda, injusta y arbitraria, que cuesta “no meterse”, no opinar. Intento reservar mi opinión para eso que la gente llama “los editoriales”. Son esos tres o cuatro minutos en los que expongo mi visión de lo que creo que son las noticias más importantes.

Un día de esta semana, por ejemplo, me topé con dos informaciones: por un lado, anuncian con retraso la inflación, que hace que la anualizada llegue a 64,3%. En medio de eso, el Ministro de Educación dice, como gran noticia, que hace efectivo el 15% de aumento al contrato colectivo del magisterio, con lo que agrega, ufano, que un Docente I pasará a ganar poco más de cinco mil bolívares. Cuando yo veo esas dos noticias juntas, lo que quiero decir como ciudadano es una grosería, porque no hay manera de justificarlo; pero, yo no voy a soltar una grosería al aire, entonces guardo silencio y tú, como oyente, la sueltas en tu casa.

– ¿Por eso guarda tantos silencios al leer los periódicos en su programa? ¿Tantas son las veces en las que se sorprende?

– En el programa yo leo de primera vista el periódico, nunca lo leo antes de estar al aire, de manera que mi lectura y mi reacción sean espontáneas y yo me pueda sorprender. Ése era el espíritu con el que salió el programa, y ese espíritu se mantiene.

– ¿Cómo surgió esa idea de leer y comentar el periódico al aire?

– En julio de 1989, Napoleón Graziani, quien es mi hermano, alguien con quien trabajé mucho, me ofreció que abriera la programación de las mañanas de Radio Capital en FM. En esa emisora yo hacía un programa llamado “A golpe de 8”, que trasmitíamos justo después del noticiero de la mañana, en el que yo comentaba las noticias más importantes del día. Lo que me planteó “Napo” fue hacer un “A golpe de 8” pero al revés y lo definió muy bien: el programa sería como escuchar a ese “impertinente” que lee el periódico en voz alta cuando uno va a una panadería a tomarse el cafecito de la mañana y lo comenta. Así empezó mi programa originalmente, pero ha ido variando tanto que hoy en día es una especie de revista, un magazine diario: ahora leo el periódico solo los primeros 40 minutos; después hago el editorial, y luego propiamente las entrevistas.

Sintonizando respuesta a la crisis

Las entrevistas son uno de los recursos más reconocibles del programa matutino de César Miguel Rondón. De hecho, quizá su faceta de entrevistador es una de las más fructíferas de su carrera, además de ser la que le puso “rostro” en televisión, cuando condujo “25 Minutos”, por Televen, al principio del gobierno de Chávez.

Sus entrevistas de radio, por otra parte, se han vertido en varios libros. Son recordadas, por ejemplo, los ping-pong ligeros que suelen ocupar la última parte del programa los viernes y que han constituido secciones como “Mucho gusto” y “Ellos que se conocen tanto”.

Esta última fue uno de los éxitos editoriales de Rondón, como también lo fue su más reciente libro Armando el rompecabezas de un país, cuyas entrevistas -también provenientes de su programa de radio- se diferenciaron de otras publicaciones.

“Hice el libro ex profeso. Yo he publicado otros, como Ellos que se conocen tanto o País de estreno, en los que resumí entrevistas que hice en la radio por determinado período. En cambio, en Armando el rompecabezas de un país primero concebí el libro y luego decidí escribirlo en público, trasmitiendo las entrevistas. Dedicábamos una semana de cada mes a invitar a especialistas a los que hice dos preguntas fundamentales: el diagnóstico y el pronóstico de cada una de sus áreas (educación, salud, violencia, cultura…). El libro se publicó en 2012, un año crucial en lo político: independientemente de la enfermedad de Hugo Chávez se preveía una ruptura. Yo dije que, con o sin cambio de gobierno, Venezuela cambiaba. Y tuve razón: el país gobernado como lo teníamos en 2011 no tiene nada que ver con lo que estamos viviendo. En 2012 también dije que había que tomar medidas perentorias para corregir los males del país y no se tomaron. Entonces lo que era grave hace dos años ahora es mucho peor, es una verdadera crisis”.

Rondón relata lo acertado de sus predicciones sin un atisbo de inmodestia. Por el contrario, al comentar lo que descubrió en esas entrevistas que hizo hace dos años, se evidencia su pesar porque los expertos a los que consultó estaban en lo cierto.

Reconoce la relación entre esos aciertos y la receptividad que ha tenido el libro, explicado también en la necesidad de sus lectores de vencer la incertidumbre.

– ¿El éxito del libro y de su programa puede deberse a que ambos intentan responder cómo sobrellevar la crisis?

– En efecto, los venezolanos estamos metidos en una incertidumbre muy grande, de la que solo se puede salir con respuestas que se concreten en el tiempo. Tenemos un país de treinta millones de venezolanos en incertidumbre: hace 15 años nos metieron en un túnel y nos apagaron la luz; no tenemos ni una lucecita. Solo sabemos que hay salida, lo que ninguno de nosotros sabe es cuándo aparecerá.

– Dice que no conocemos el cuándo; ¿sí conocemos cuál es la solución?

– Tampoco. Ha habido demasiada mezquindad en el liderazgo opositor. Como el pueblo venezolano entró a ese túnel “en cambote” no ha habido liderazgos preclaros que puedan manejar la situación; por eso se han producido torpezas como el paro petrolero y el golpe de 2002, que son fruto del desespero, al igual que el canibalismo en la oposición. Eso a mí como venezolano opositor me produce rabia y vergüenza. El último logro de la oposición fue obtener más de siete millones de votos en las presidenciales de 2013. Siete millones y medio de personas no votaron por Nicolás Maduro. Si la popularidad de Maduro de ese momento hasta ahora ha caído, yo debo deducir, por aritmética básica, que ese número aumentó ¿Por qué no se hace evidente? Quiero pensar que la culpa es de la oposición.

– En estos 25 años de programa usted ha vivido y comentado muchísimos procesos políticos ¿Hay alguno que podría comparar con el que vive Venezuela actualmente?

– Ninguno. Lo que vivimos es inédito; es la peor crisis en la historia de la República. La guerra de Independencia fue dura y difícil, y el año 1814 fue nefasto, pero la República se estaba construyendo. Desde que ella empezó a existir, hasta la fecha, éste ha sido su peor momento. Y no es mi opinión, que no vale, sino la de los especialistas que evalúan la historia. Hemos llegado a un punto en el que la solución pareciera estar en la reconstrucción de la República. Por eso insisto en un liderazgo que no sea personalista. A mi modo de ver, la polarización siempre fue un chantaje del chavismo, que luego compró la oposición radical. Plantear el mundo de forma maniquea no tiene ningún sentido. La solución la hacen los venezolanos: chavistas, no chavistas, opositores o no.

– ¿Piensa que ese liderazgo ya existe o va a surgir uno nuevo?

– En estos 15 años hemos tenido una molienda, un trapiche, del que ha salido muy poco. ¿Eso significa que nada del liderazgo actual sirve? No tiene sentido hacer esa generalización ¿Vendrán nuevos liderazgos? Creo que también hay algo de eso. A mis 60 años, veo a Henrique Capriles y a Leopoldo López como unos muchachos; biológicamente podrían ser mis hijos. Pero, a efecto de dirigentes estudiantiles como Juan Requesens y Alfredo Graffe, ellos son unos viejos, que a su vez podrían ser sus padres biológicos, y ha habido momento en las que esas voces juveniles me han sorprendido por su madurez y sensatez. Me parece que debe venir un proceso de humildad y desprendimiento importante y creo que mucho del liderazgo que va a reconstruir el país puede tener 30 años de edad. No se trata de buscar con una varita mágica al líder, porque eso fue lo que pasó en 1998. Espero que estos 15 años nos hayan servido como sociedad y que hayamos aprendido algo.

Dos décadas en la oposición

Pese a manifestar esa esperanza, es evidente el escepticismo de Rondón sobre las lecciones aprendidas por el país durante el chavismo. “Cuando veo el comportamiento de cierta dirigencia opositora, pienso que no hemos aprendido mucho”, insiste, antes de hacer un recuento de las causas que llevaron al triunfo de Hugo Chávez en 1998.

“En medio de una decadencia de la democracia representativa, un señor que debía estar preso salió en libertad y supo captar la rabia, la impotencia y las ilusiones de un pueblo desilusionado. El país de hoy en día es un país muchísimo peor que el que teníamos en ese entonces ¿Cómo esta Venezuela no puede tener una capacidad de reacción?”, se pregunta.

Aunque reconoce la habilidad que tuvo Chávez para obtener el poder en medio de una crisis institucional, niega categóricamente haberse sentido cautivado en algún momento por ese “encantador de serpientes”. Narra que su aversión política al fallecido ex presidente le viene desde 15 minutos antes del mediodía del 4 de febrero de 1992, cuando (tras doce horas de un operativo especial de su emisora que califica como “bastante ecuánime” y que dio información fidedigna incluso a cadenas internacionales, como la SER de España) relató la entrega de un teniente coronel del batallón de paracaidistas que había sido el artífice de la primera intentona del golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez.

– Usted tuvo la oportunidad de entrevistar varias veces al ex presidente Chávez…

– Le hice tres entrevistas, de las cuales la más importante fue la primera. Hasta entonces, como estaba de candidato, él era pura simpatía, pues estaba haciendo proselitismo. Todas las entrevistas que le hacían eran ligeras: hablaba del llano, de cómo cantaba joropo… Yo, en cambio, le pregunté si era verdad que se estaban armando los militantes del MBR 200. Él se molestó mucho y, abriéndose el saco, me preguntó: “¿Tú me ves armado?”. Fue una entrevista muy difícil, porque mientras íbamos hablando iba saliendo de sus casillas. Ésa fue la primera vez que se le conoció el verdadero talante. Las otras dos fueron solicitadas por él, ya siendo presidente. Recuerdo que en la última me sorprendí. Yo tenía información fidedigna, de primer orden, de un incidente que había ocurrido en su despacho con unos militares. Solté la pregunta y él tuvo un titubeo de uno o dos segundos. Después fue como si se tragara el “elefante completo” y armó una historia redonda, impecable, pero que era totalmente falsa. Mientras yo lo oía pensaba: “Es increíble la habilidad que tiene este hombre para mentir”. Él era un encantador de serpientes.

– ¿En algún momento de su gobierno le creyó a Hugo Chávez?

– Nunca. Yo nací en el exilio por la dictadura y fui criado bajo concepción y valores democráticos; para mí era inadmisible un golpe de Estado. Como profesional comunicador yo era un adversario político del gobierno de Carlos Andrés Pérez, pero no se me pasaba por la cabeza que alguien pudiera derrocarlo con las armas. Puedo decir que desde esa misma noche del 4-F soy adversario político y ciudadano de ese señor; soy de los poquísimos que lo adversó desde el principio y tengo la prueba, porque lo dije en público.

Poesía hertziana

Los 25 años del programa de Rondón son la cúspide de una carrera comunicacional que tiene casi el doble de tiempo en los medios. Al rememorar nada más el último cuarto de siglo, Rondón repasa algunos de los trabajos que ha llevado a cabo simultáneamente con su programa matutino: “En televisión he estado delante y detrás de las cámaras. He gerenciado televisión; he escrito para televisión; fui vicepresidente de producción para los dos canales (Rctv y Venevisión); tuve el programa de entrevistas ‘25 Minutos’. También he escrito para prensa, en una sala de redacción, guiado por alguien a quien considero mi maestro, Manuel Felipe Sierra”, enumera antes de sentenciar tajantemente: “Como comunicador he estado en todas las áreas y aunque me terminan conociendo por la televisión, yo soy un hombre de radio”.

Rondón justifica esta “declaración de principios” con razones que cabalgan entre lo técnico y lo íntimo, casi poético.

“La radio da una confianza y una propiedad abrumadora -dice-, la televisión siempre es invasiva. Tienes que sentarte a verla y puede ser un evento gregario, con varias personas viendo el programa. La radio no; es absolutamente íntima, no interrumpe. En el programa que hago en las mañanas no es el oyente quien me acompaña: yo lo acompaño. Estoy con él mientras se viste, se afeita, se prepara el desayuno, hace ejercicio… La radio tiene una ventaja maravillosa y es la capacidad de oírla siempre en primera persona. Como oyente yo asumo que a través de la radio me hablan solo a mí. Es algo que no tiene ni la prensa ni la televisión, que son medios que se saben generales, globales e impersonales. En la radio no; en la radio se produce un grado de intimidad muy importante. Por eso en radio tener éxito no es fácil, porque si hay algo que desnuda es la voz.

– Siempre se ha dicho que a diferencia de la comunicación de masas, la literatura, y en especial la poesía, la escribe el poeta para plasmarse él, más que para trasmitir un mensaje. ¿Podría decirse algo parecido de la radio?

– La radio es el medio colectivo más cercano a la poesía, porque solo tiene un instrumento, que es la palabra. La televisión está llena de trucos; en la prensa escrita también los ojos me ayudan, pero en la radio no. Y además en la radio, si soy suficientemente hábil y honesto, puedo contar con algo maravilloso, que es la imaginación del oyente.

Ventana 

Escritor que lee y músico que oye

Con poco más de veinte años César Miguel Rondón comenzó a convertirse en un "hombre de radio". Era 1974 y él se desempeñaba como productor en Radio Nacional de Venezuela (RNV). "Hacía un programa de música barroca. Era especialista en Bach, en Vivaldi… Tardé seis meses en convencer a la dirección de la emisora de entonces en hacer un programa de salsa, que fue más popular que los otros, y ahí empecé mi carrera, de manera ininterrumpida hasta finales de 1978, cuando me fui a Nueva York".

Así recuerda Rondón su viaje a la Gran Manzana, donde mantuvo, con la creación de la edición en español de la revista Billboard, una relación con la música que se remite, sin duda, a su adolescencia "beatlemaníaca" y al inicio de una frustrada carrera musical. Y es que Rondón fue segundo percusionista de la orquesta filarmónica del estado Miranda y, como muchos jóvenes caraqueños de la década de los sesenta, tuvo una banda en la que era baterista y con la que tocaba mucho de ese "rock sesentón" que tiene su máxima expresión en Los Beatles, cuyas canciones Rondón reproduce fielmente todos los días al terminar el programa, siguiendo un "orden cerrado" que, asegura, cualquier "beatlemaníaco serio" es capaz de descifrar oyéndolo tan solo una semana.

A pesar de esa inmersión en la música como ejecutante de percusión, Rondón se confiesa "sordo" como músico: "Llegó un momento en que la música que me gustaba avanzó, se hizo más sofisticada y se volvió una música que yo no podía tocar", rememora en alusión a la revolución musical que se producía constantemente con el jazz y que en Latinoamérica tuvo exponentes de valía como Antonio Carlos Jobim y el bossa nova.

En esa "sordera", Rondón apoya su melomanía, casi obsesiva y casi  también comparable a su gusto por la lectura y la escritura. "Nada me gusta más que escribir y tengo como 20 libros atascados que no he escrito -confiesa- pero con la madurez de la vida he llegado a una certeza importante: más sabroso que escribir es leer, entonces ahora soy un escritor que lee y no importa que no escriba. Así, también, soy un músico que oye música, no importa que no la toque, y eso es maravilloso, pues no dejo de descubrir cosas por escuchar". 
Media hora de conversación con César Miguel Rondón es más que suficiente para confirmar su erudición musical: con igual propiedad es capaz de hablar de la timidez de George Harrison y su aporte como músico a Los Beatles; evocar recuerdos de sus entrevistas con Mario Bauzá, uno de los pioneros de afrocuban jazz (cuya entrevista es la primera de su otro éxito editorial, El libro de la salsa) o de lo que significa la música latinoamericana, que es entre todos los géneros, una de las que más le agrada, por razones casi sociológicas.   "Me gusta desde el tango hasta la ranchera, porque la música latinoamericana es un reflejo de lo que uno es. El pueblo latinoamericano se expresa cantando, suda sus frustraciones o esperanzas a través de la música".

 

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