¡Vaya escándalo!

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Isabel Vidal de Tenreiro
Isabel Vidal de Tenreiro

     Este escándalo se refiere al anuncio de Jesús sobre un Pan que es El mismo.  Los seguidores de Jesús se escandalizaron porque les daría a comer el “pan” que es su propio cuerpo.

“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”  (Jn. 6, 55.60-69).  Nos cuenta el Evangelio que al oír esto muchos discípulos de Jesús decidieron que ya eso era “intolerable, inaceptable”.  Y Jesús, lejos de ceder un poco para tratar de que sus seguidores no lo dejaran, más bien reafirma su mensaje y exige una elección.

Los presentes no lograban entender, mucho menos aceptar, cómo los alimentaría con su propia carne.  Es que, para aprovechar este alimento hay que tener fe.  Y si no tenemos fe en este Pan, nos puede suceder como a Judas.  El era uno de los presentes.  Y ya sabemos cómo terminó Judas.  Pero ¿nos hemos dado cuenta cómo comenzó?

Este pasaje del Evangelio da a entender que Judas pudo haber comenzado a apartarse de Jesús al escandalizarse también con este Pan:  “En efecto, Jesús sabía desde el principio quiénes no creían en El y quién lo habría de traicionar”.

Nuestra fe tiene que ser firme y perseverante.  No podemos hacer lo de Judas, que comenzó siguiendo a Jesús y terminó vendiéndolo por unas cuantas monedas de plata.

No podemos hacer como el Pueblo de Israel mientras andaba por el desierto.  Había escogido a Dios, pero ante cualquier problema, le daba la espalda y se aferraba a los ídolos. (Jos. 24,1-2.15-17.18) 

No podemos servir a Dios y también servir a los ídolos modernos:  las riquezas, el poder, el placer, las teorías contra la fe, los desacuerdos contra la moral y, en general, todo lo que el mundo nos vende como valioso y hasta necesario.

Esa elección que tenía que hacer el pueblo de Israel y que tuvieron que hacer los seguidores de Jesús en el momento de su discurso sobre el Pan Eucarístico, se nos presenta también a nosotros. Y Cristo podría preguntarnos:  “¿También ustedes quieren dejarme?”.  Y nuestra respuesta no puede ser otra que la de Pedro:  “¿A dónde iremos, Señor, si sólo Tú tienes palabra de Vida Eterna?”.

        Seguirlo a El, entonces, significa optar por El en cada circunstancia de nuestra vida.  No basta elegirlo una sola vez y después irnos desviando:  nuestra elección tiene que ser constante y permanente.  Y esa elección hay que renovarla continuamente, en especial ante las disyuntivas difíciles, o ante otros escándalos .

Por ejemplo:  ¿vamos a dejar de seguir a Cristo y de recibir ese Pan de Vida, por el escándalo que hemos conocido de algunos Sacerdotes y hasta de Obispos y Cardenales con relación a su pecaminosa vida sexual?  Hay que recordar que una cosa es Cristo y su Iglesia como institución divina, y otra cosa somos todos los que formamos parte de la Iglesia, sean cardenales, obispos,  sacerdotes o laicos.  La verdad y santidad de la Iglesia no depende en sus miembros, sino de Cristo mismo.

        Entonces, creer y vivir el misterio del “Pan Eucarístico”, sin importar los escándalos, fue en aquel momento el toque de distinción del verdadero seguidor de Cristo.  Hoy también lo es.

Y Jesús quiere que creamos sin tener pruebas.  En eso consiste la Fe.  Sin embargo, suceden milagros eucarísticos que muestran hostias consagradas, las cuales resultan ser músculo cardíaco.

https://es.gaudiumpress.org/content/88105-El-cientifico-que-indaga-en-los-milagros-eucaristicos

http: //www.homilia.org

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