Venezolanos de primera y de segunda (2317074)

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La semana pasada comentamos la abismal diferencia que existe entre el Aeropuerto de Valencia y los de Panamá y Santiago de Chile. Palpable demostración del proverbial descuido en que el gobierno  socialista mantiene nuestra infraestructura de servicios: electricidad, agua, vialidad, escuelas, hospitales y cárceles están en tan lamentable estado como el terminal aéreo ubicado en la zona industrial de nuestra ciudad.

Pero más lamentable es el estado de indefensión en que se encuentran los viajeros venezolanos a la hora de pagar cualquier consumo con tarjetas de crédito:  Intente de nuevo ,  Saldo insuficiente ,  Excede límite y otras respuestas como esa, son las que ominosamente vienen impresas en la cinta de papel que expulsa la máquina lectora de la tarjeta. Y uno sabe, porque lo ha revisado metódica y minuciosamente en la página de Internet del banco emisor de la tarjeta, que hay saldo suficiente y que no ha excedido el cupo que arbitrariamente ha fijado el gobierno dentro de un sistema cambiario que uno, y mucho menos nadie en el exterior, entiende.

Claro que estas limitaciones y angustias ante la imposibilidad de pagar una cuenta de hotel, requisito sin lo cual, obviamente, no podremos salir de él, o llevarnos una prenda de vestir de alguna tienda, no la sufren quienes pueden darse el lujo de viajar en un avión privado propiedad de la dispendiosa petrolera, con niñera armada y montones de dólares recién retirados de algún banco del estado sin llenar planillas de Cadivi. Son los privilegiados de un régimen excluyente y corrompido, quienes nos bofetean en la cara cuando publican fotos en las redes, mostrándonos su felicidad en el país de Disney o en las calles de París. O hablando estupideces en cualquier foro internacional donde se les dé la oportunidad de demostrar su ignorancia.

Los venezolanos que no pertenecemos a la  nomenklatura somos venezolanos de segunda, sin guardaespaldas ni escoltas, sin lujosos vehículos dentro de los cuales viajar ocultos tras vidrios oscuros y a prueba de balas, y sin opulentos  pent-houses en exclusivas urbanizaciones de Caracas, todo habido de manera que no concuerda con sus ingresos como funcionarios públicos, que, aunque excesivos, no alcanzarían, aun ahorrándolos metódicamente, para ser poseedores de tanto lujo y boato.

Cada vez nos parecemos más a la extinta Unión Soviética o a Cuba, donde un puñado de altos dirigentes disfrutaban (los de aquélla) y disfrutan (los de ésta) de lujos y privilegios, mientras los demás debemos sufrir vejaciones y apuros económicos, víctimas de un gobierno deficiente e incapaz que nos ha colocado en la ruinosa situación que ya se anuncia para el año que, habiendo comenzado apenas ayer, ya lo sentimos como viejo y desgastado, a menos que los venezolanos emprendamos acciones políticas, enmarcadas dentro de la ley que el gobierno no cumple pero nos obliga a cumplir, so pena de interminables juicios kafkianos mientras nos pudrimos en deprimentes cárceles, para darnos unos gobernantes honestos y capaces de enrumbarnos nuevamente por la senda del progreso y el bienestar social y económico. Superando, por supuesto, las lacras e injusticias de aquellos gobiernos que nos llevaron a la absurda situación de elegir al peor candidato, ignorante, parlanchín y engañoso.

Feliz 2015, aunque parezca imposible.

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@peterkalbers

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