"Venezuela sangra"

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Valencia, 11 marzo 2014.- Desde el lunes 6 de enero, cuando el año 2014 apenas bostezaba en su despertar y aún estiraba las piernas para erguirse, Venezuela comenzó a deslizarse por una espiral de violencia que fue mutando, retorciéndose y convulsionando como un perro con rabia, hasta que todo estalló y sigue estallando en las calles de las principales ciudades. Y es que pocos olvidarán los tristes sucesos de aquel lunes 6 de enero, cuando la exmiss Venezuela Mónica Spear y su pareja, Thomas Henry Berry, fueron brutalmente asesinados en Puerto Cabello, estado de Carabobo, mientras regresaban de hacer turismo por diferentes regiones venezolanas. Ese crimen, esa pérdida, fue como un arpón que penetró y destrozó el corazón y el ánimo de un país que estaba atravesando un universo de calamidades: desabastecimiento extremo, violencia radical. Un país donde la gente se va a los puños dentro de un supermercado para disputarse la última lata de leche en polvo o un paquete de papel higiénico… Día a día se observan largas colas en las principales ciudades de personas que ni siquiera saben qué se estarán vendiendo, pero que asumen que se trata de alguno de los productos que escasean desde el año pasado (a saber, harina de maíz, aceite de cocina, carne, pollo y un triste y largo etcétera).

Pocos hubieran imaginado que ese ambiente de luto que impregnó de tristeza a los venezolanos, se extendería hasta el jueves 6 de marzo de 2014, cuando la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, ofreció la clase de datos que pocos quieren escuchar y mucho menos asimilar. Al oído de extraños tal vez suenen como números simples, fríos. Pero para los involucrados —familiares, amigos, conocidos— representan dolor, tragedia y la confirmación de que en algún momento el país se le comenzó a diluir entre las manos al presidente Nicolás Maduro… hasta que se le escapó, en medio de marchas, protestas y agitación colectiva, que amenaza el día a día de los venezolanos. Luisa Ortega anunció que en las últimas semanas se han registrado en el país 21 muertes, 318 heridos y 1103 ciudadanos detenidos. Son cifras escritas en rojo sangre y todas están relacionadas con las manifestaciones y protestas de calle que prácticamente han paralizado al país. ¿Cuándo, cómo y por qué un pueblo prefiere dejar la seguridad de sus hogares, para salir al caliente pavimento y enfrentar a fuerzas armadas con mucho más que buenas intenciones? ¿Qué le pasó a Venezuela?

Clamor desde las aulas universitarias

El martes 4 de febrero comenzó todo. Ahogados por la violencia, los problemas económicos y la crisis social, los estudiantes de las universidades Metropolitana, Santa María, Monteávila y Los Andes, en la ciudad de San Cristóbal, estado Táchira, al occidente del país, salieron a manifestarse. Tomaron las calles y los espacios universitarios, cargados de críticas al gobierno de Nicolás Maduro. Gritos, protestas y pancartas, pronto fueron confrontados y sometidos por los cuerpos de seguridad. Así se presentaron los primeros enfrentamientos: piedras contra perdigones; bombas lacrimógenas, empujones, golpes y amedrentamiento por parte de los encargados del establecer el orden y la paz. Cinco estudiantes fueron detenidos y cuatro funcionarios de la policía del Táchira resultaron heridos. El drama había comenzado. Pronto, extendería sus alas… El sábado 8 de febrero, este grupo de estudiantes fue trasladado hasta la cárcel de Coro, en el estado Falcón, por presuntamente haber causado daños a la residencia del gobernador del estado Táchira, José Gregorio Vielma Mora. Y es en respuesta a esta acción judicial que se trasladan las protestas estudiantiles a otras ciudades, como un virus sin cura.

El calor se fue extendiendo y, el martes 11, el dirigente político Leopoldo López, líder del partido Voluntad Popular, es obligado a bajar de un avión que lo trasladaría desde Caracas hasta Táchira, donde asistiría a una asamblea de ciudadanos. Paralelamente, cientos de trabajadores de medios de comunicación marcharon en las calles de la capital venezolana exigiendo al Gobierno Nacional liberar los dólares necesarios para que los periódicos de toda la nación puedan adquirir el papel que usan a diario. De esta forma va creciendo el acoso a medios audiovisuales e impresos, estos últimos sacando la peor parte, puesto que sin papel no hay periódicos.

Primeras víctimas

La noche del miércoles 12 de febrero de 2014 cientos de familias venezolanas no durmieron. ¿Cómo hacerlo? La noche del miércoles no hubo sueños hermosos sino realidades duras, dramáticas; realidades que logran agrietar el corazón y el alma hasta que explotan a punta de un dolor que jamás se podrá mitigar. Estudiantes y no estudiantes salieron desde temprano en la mañana a marchar… otra marcha… otra de tantas.

Venezuela lleva más de una década convertida en una nación de marchas, de protestas, de gritos que nadie quiere oír… gritos que se pierden como el agua que traspasa un coladero. Ver un maremágnum de humanos caminando apilados, bajo el sol, impregnados no solo de calor sino de unos niveles de impotencia que los llevaron a esa situación, es —lamentablemente— una rutina que solo tiene sentido para los que participan en ella. La gente sale a marchar contra gobiernos, regímenes o cuanto chiflado ostente ese adictivo fruto de tantos sabores que es el poder, cuando ya no aguanta, cuando está ahogada, cuando la marea amenaza con llevárselo todo; cuando se sabe encerrado, sin salida ni futuro.

Estas familias, las del miércoles 12 de febrero, sabían que sus hijos, familiares, amigos, saldrían a patear calle nuevamente. ¿La finalidad?, ¿el propósito?, ¿para qué, por qué lo hacen? Tal vez porque así respira y vive y se mantiene una sociedad que no pide respeto —no tiene por qué—, sino que está para aplicarlo, porque es suyo, porque el país es ese trozo de tierra, ese fragmento de planeta donde cualquier ser vivo debe ser bienvenido…

El 12 fue día de la juventud. La gran marcha era para conmemorar ese día y, además de los líderes estudiantiles, fue convocada por los miembros de la unidad democrática, María Corina Machado, Leopoldo López y Antonio Ledezma, para exigir la liberación de los estudiantes encarcelados. Las principales calles y avenidas caraqueñas fueron partícipes de la descomunal protesta cívica y pacífica… o así fue hasta que aparecieron, en mala hora, motorizados armados y facinerosos pertenecientes, según dicen los marchantes, a colectivos radicales afectos al Gobierno Nacional. Nada bueno ocurriría. Uno… dos… tres venezolanos murieron tras recibir impactos de bala: Bassil DaCosta y Robert Redman, estudiantes, fallecieron. Además murió Juan Montoya, partidario del oficialismo. Cayeron desplomados sobre el pavimento en medio de la confusión. Fueron los primeros, mas no los últimos en morir.

Desde ese momento el presidente Nicolás Maduro y varios integrantes de su gabinete denunciarían el desarrollo de un golpe de Estado “suave”. Las marchas continuaron, día a día. Y el fenómeno conocido como “guarimba” se hizo presente. Vecinos de muchas urbanizaciones en el país levantaron barricadas para trancar calles y avenidas, obstaculizando todo tipo de tránsito. De pronto, de una mañana a otra, el país de Bolívar se convirtió en el escenario de una película postapocalíptica… Multitudes movilizándose en repudio al gobierno de Maduro, en repudio a la injerencia cubana… bajo sol y sombra… la violencia rugía fuerte y pronto empeoraría… pero no era televisada. La única señal que transmitía lo que pasaba en las calles, el canal de cable con sede en Colombia NTN24, fue sacado —bajo orden del gobierno— de los sistemas de tv de paga. Las protestas ya tienen un nombre, en las calles se repite: “La Salida” al gobierno de Maduro.

El día de Génesis

El martes 18, en la ciudad de Valencia, estado Carabobo, una marcha estudiantil fue acorralada por un grupo de motorizados armados. Fue una escena de horror y violencia extrema, mientras los protestantes corrían desesperados hacia una calle ciega, sin salida, justo donde los emboscaron y les dispararon a diestra y siniestra.

En Caracas, Leopoldo López, acompañado de una multitud, se dirigió a la sede del Ministerio Público para entregarse. La fiscalía nacional había emitido una orden de captura, acusándolo de organizar los actos violentos que se venían realizando hasta ese momento. “Si mi encarcelamiento es para que el país despierte, vale la pena”, dijo el dirigente político. Hoy sigue recluido en la prisión militar de Ramo Verde, en Los Teques.

Al caer la noche, se supo que una joven llamada Génesis Carmona, miss Turismo del estado Carabobo, murió de un disparo en el cráneo, durante la embocada en Valencia. Todo el país lloró su deceso.

Jueves, 20 de febrero. 2:17 p. m. El ministro del Poder Popular para las Relaciones de Interior, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, realiza una transmisión en directo desde el estado Táchira, lugar que para este momento se ha convertido en un pequeño Beirut. La noche del miércoles 19, la Polaroid de su capital, San Cristóbal, ilustraba algo así como habitar la mente de un psicópata obsesionado con la violencia campal: tanquetas escupiendo fuego mientras avanzaban cargando de terror esquina tras esquina; gritos, llanto, desespero… prácticamente trozos de cielo cayendo sobre esta región, cerca de la frontera con Colombia, hogar del todo-poderoso-todo-peligroso-todo-narco-conspirador, y Némesis supremo, que se ha inventado Nicolás Maduro… ese híbrido de Guasón y Lex Luthor que, piensa el presidente venezolano, es el maestro titiritero que maneja a su antojo los hilos perturbadores en este infausto espectáculo de sangre que se ha montado en Venezuela desde hace más días de lo que el Gobierno Nacional jamás pudo —y quiso— imaginar… Álvaro Uribe, la pesadilla ambulante, de Nicolás Maduro.

El ministro Rodríguez Torres, acompañado de otras autoridades, invocó al Espíritu Santo para que detuviera la violencia que se ha apoderado del alma de los tachirenses. Habló del poder de Dios, de paz, de decir NO a la muerte, de querernos, de respetarnos… Acto seguido, y como un borracho que olvida las extravagantes promesas de la noche anterior, anunció su plan pacifista, lleno de hermandad, que consiste en: “Se ha ordenado la movilización de un batallón de paracaidistas al estado Táchira, ese batallón reforzará las unidades que se encuentran en los ejes viales principales que convergen en esta ciudad. Aunque aquello ciertamente no sonaba necesariamente pacifista… tropas por todas partes, ¿paracaidistas?… A no ser que esos paracaidistas lleguen desde los cielos rociando agua bendita para anunciar la llegada del Espíritu Santo, semejante plan solo pudo traducirse, y efectivamente así fue, en la incubación de más represión y violencia por parte del Gobierno Nacional… el Sr. Ministro no debía invocar a los santos católicos… mejor era importar a Rambo y Chuck Norris porque, en ciudades como San Cristóbal, Caracas y Valencia, la hora de las creencias había finalizado.

La transmisión continuó con una verborrea exagerada cuyo punto de máxima locura-insulto se dio cuando Rodríguez Torres emitió las siguientes palabras: “La bala que mató a la miss Turismo 2013, Génesis Carmona, salió de sus propias filas”. Esto no pudo ser apreciado dentro de la funeraria Santa Rosa, de Valencia, estado Carabobo, donde los familiares y amigos de Génesis Carmona lloraron la pérdida de una joven que salió, por primera vez en su vida, a marchar por la creencia de que Venezuela merece un futuro mejor y, bajo esa consigna —y no la de tumbar a ningún gobierno—, no regresó… no regresó…

Paralelamente, la ministra para la Comunicación e Información, Delcy Rodríguez, extraño personaje que, a pesar de su cargo, pareciera tener tanto conocimiento sobre medios y libertad de expresión, como el que tiene un mandril ciego parado en medio de una autopista de Los Ángeles en hora pico, tomó aliento y soltó: “Hay un plan golpista que se está ejecutando, muy similar al ocurrido el 12 de abril de 2002, que cuenta con amplia participación de un ataque mediático desenfrenado”. Pero lo que dice la ministra tiene tanta lógica como decir que Barack Obama es rubio, con los ojos azules…. ¡Y nazi!, puesto que —hasta el presente— no hay imágenes de las confrontaciones, de los disparos, de la violencia por parte del Gobierno Nacional. ¡No hay televisión en vivo ni grabada sobre estas batallas diarias! Mientras mueren venezolanos, canales abiertos como Venevisión transmite El Chavo del 8, y Don Ramón se esconde del Sr. Barriga para no pagarle la renta… El día 21 de febrero, la periodista de CNN Patricia Janiot abandonó el país tras ser removido su permiso para laborar dentro de las fronteras venezolanas. Un día antes, Nicolás Maduro amenazó con sacar a CNN de la parrilla de programación de las compañías de tv por cable de todo el país. Hasta ahora, no ha cumplido.

La “Conferencia por la Paz” se instala el jueves 27 de febrero, pero sin la participación de la mayoría de los líderes opositores. Para muchos, no fue más que un espectáculo mediático. Y, al mismo tiempo, ocurrían numerosas confrontaciones en la ciudad de Caracas… más heridos… más cadáveres… las “guarimbas” se multiplicaban por las calles venezolanas. Y prácticamente cada día hay una marcha que termina en confrontación violenta. Nunca antes el pueblo había sido reprimido de una forma tan violenta en la historia de este país.

Y mientras la palabra diálogo se repite de bando a bando, el miércoles 5 de marzo, en la celebración del primer aniversario de la muerte de Hugo Chávez Frías, Nicolás Maduro, acompañado por Raúl Castro, rompió las relaciones diplomáticas y comerciales con Panamá, según porque este país “solicitó una intervención extranjera”. Además realizó un llamado a las Unidades de Batalla Hugo Chávez (suerte de milicias organizadas por el gobierno) para que desde ese momento enfrente a los opositores que sigan movilizándose en su contra. ¿El resultado? Tres muertos al día siguiente.

Venezuela sigue bajo un descontrol total. Muchos comercios trabajan medio día. Otros han cerrado por miedo o porque no tienen nada qué vender. Los medios de comunicación están contra la pared: la prensa escrita sin papel donde publicar sus noticias y los audiovisuales se autocensuran por temor a que el Estado elimine sus permisos para transmitir. Solo quedan las cadenas diarias que ofrece Maduro o algún integrante de su gabinete, en medios privados o públicos. Y esencialmente son las propias palabras de los representantes del gobierno las que intentan desinformar… borrar la triste y explosiva realidad con pseudoargumentos de complots, “grosera injerencia del imperio, golpes de Estado suaves…” y excusas… excusas… excusas… Durante este mes de conflicto, Nicolás Maduro y su equipo de colaboradores han culpado a más personas, cosas, entes y organizaciones, como si fueran niños de preescolar que temen decir la verdad por la reprimenda que saben les espera de parte de sus padres… En este caso, la reprimenda llegó por parte del pueblo unido que es, y será, padre y madre… Es Venezuela. 

Carlos Flores  es periodista nacido en Valencia, Venezuela. Ha sido colaborador frecuente de diversos medios de comunicación venezolanos y es autor de La moda del suicidio (EXD, 2000), Temporada Caníbal (Random House Mondadori, 2004) y Unisex (Santillana, 2008). Actualmente es editor en jefe del diario Notitarde La Costa y columnista de The Huffington Post.

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