La vida es una enseñanza

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Hay cosas de la vida que no se pueden comprar en la farmacia como la amabilidad, la gentileza, el escuchar y mirar al otro a los ojos cuando se habla, la sinceridad, el buen trato,  el tener sensibilidad para comprender y ponerse en el zapato del otro para hacerle más llevadera su situación, etc. factores esenciales en las relaciones humanas y en el buen desempeño de un trabajo y así garantizar que tanto el demandante como el prestador de un servicio, sea público o privado, se sientan contentas y satisfechas.
Sin duda alguna, Carabobo y Venezuela entera cuenta con excelentes médicos, que son la mayoría, con vocación de servicio, entregados por entero a su profesión con el fin de poner  sus conocimientos y los recursos con que cuentan para salvar vidas y ayudar a la gente enferma a recuperar la salud. La medicina es un apostolado como lo asumió el venerado José Gregorio Hernández, el Médico de los Pobres. Tuve un sueño que él será santificado por el Papa Francisco. Estoy seguro que así será. Otro médico eminente e investigador destacado lo fue Jacinto Convit, descubridor de la vacuna contra la lepra que sirvió de base para la cura de la leishmaniasis, entre otros importantes aportes, que murió el pasado lunes 12 de mayo, a los 100 años. Recomiendo leer sobre la vida de estos dos venezolanos de excepción, ejemplos de entrega,  dedicación y desprendimiento en su labor en beneficio del país y de la humanidad.
Sin embargo,  en los últimos tiempos se ha observado en algunos consultorios médicos privados que cuando un paciente va a solicitar una cita para una consulta, la secretaria o asistente ni siquiera se digna mirar a la persona para darle dicha cita- Otra situación preocupante, en especial para aquellos con algún problema de salud, es que los espacios son muy pequeños y con pocas sillas. Los pacientes tienen que esperar su turno parados fuera del consultorio, y escribir, en una posición incómoda, su nombre en la lista de espera. Estoy lo digo por experiencia propia y a solicitud de varios lectores que me han pedido que a través de este espacio haga un llamado de atención para que esta situación se corrija. Si no hay una buena atención al paciente, éste buscará otras opciones. Si no hay pacientes, no habrá trabajo para la asistente o secretaria ni tampoco para el médico.  Las consultas son costosas, pero son muchas las personas con problemas de salud o que desean hacerse un chequeo médico preventivo, que hacen todo lo que está a su alcance para cubrir el costo, y merecen que se les trate con sensibilidad humana. Por otro lado, la buena relación médico-paciente es fundamental para el éxito de cualquier tratamiento orientado a la cura de las dolencias que pueden afectar al ser humano. Creo que para un profesional de la medicina no puede haber mayor gratificación que el agradecimiento de un paciente por haberle salvado la vida o devuelto la salud. Esa gratitud la hará llegar a sus parientes, amigos y allegados, lo cual se traducirá en el reconocimiento del buen trabajo médico y en el aumento de la demanda de sus servicios, así sean caros.
Un dicho italiano señala que el arte se roba, es decir se aprende mirando al que mejor trabaja. La vida es una enseñanza y debemos tomar aquello que nos conduce a ser mejores seres humanos, a valorar a las personas, y lo que hacemos.  En todos los campos del quehacer humano, encontramos gente trabajadora, otros sólo están pendientes de las ganancias, no faltan los egoístas, o los que se creen superiores a los demás. Yo entré a la industria de la construcción cuando tenía casi catorce años y había terminado el tercer año de (bachillerato en Italia. Ingresé a la construcción como ayudante de frisadores. Desde entonces han pasado seis décadas, dos años y trece días.  Recuerdo que yo le cargaba la mezcla a un oficial (maestro) que llamaban Jorge El Espadachín porque era muy bueno como frisador, pero muy egoísta y no le gustaba enseñar a los demás. En una oportunidad me preguntó: "¿Qué estás haciendo?". "Estoy salpicando", le respondí. Entonces me dijo: "Si todos somos stuccatores (frisadores), quién carga la mezcla?".  Yo me rebelé porque mi maestro no quería que tocara la cuchara ni aprendiera el oficio. Le dije que eso no era posible, ya que yo había llegado a la construcción como frisador para aprender el friso y lo iba a hacer igual o mejor que él. Mis compañeros me apoyaron. El director de la obra llegó y al enterarse de lo ocurrido me dio la razón y me preguntó si quería cambiarme. Le dije que sí. "Te lo doy. Estoy seguro que serás un talento de la industria de la construcción".  Dos años después me encontré con mi ex maestro en otras obras, donde me llamaban "Mimi, diminuto de Doménico, El Espadachín de Sarno" (mi pueblo), por ser uno de los mejores frisadores, que por cierto para finales de este año tendremos una escuela de stuccatores (frisadores), sin fines de lucro, una obra benéfica más que hará la fundación Sirica y otros patrocinantes que más tarde daremos a conocer   Mientras él se había rezagado en su labor. Me dio las manos y me felicito. Quedamos como amigos.  Así es la vida. Hasta el próximo lunes. ¡Dios los bendiga a todos    y todas!
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