El Papa pone el ejemplo de las discípulas de Jesús que no tuvieron miedo

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Ciudad del Vaticano, 4 abril 2015.- El papa Francisco puso como ejemplo a las mujeres discípulas que fueron humildes y no tuvieron miedo antes de la resurrección de Jesús, durante su homilía en la Vigilia del Sábado Santo celebrada en la basílica de San Pedro. 

En la Vigilia Pascual, el rito de la Semana Santa en la que los católicos esperan la resurrección de Jesucristo, Francisco explicó que aquella noche de vela para los discípulos y las discípulas de Jesús fue "una noche de dolor y de temor". 

Destacó cómo los hombres permanecieron cerrados en el Cenáculo, mientras las mujeres fueron al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús "con sus corazones llenos de emoción" y allí "se dieron cuenta que la gran piedra que cerraba la tumba ya había sido removida, y la tumba estaba abierta". 

"Efectivamente, para eso estamos aquí: para entrar, para entrar en el misterio que Dios ha realizado con su vigilia de amor", dijo el papa. 

El pontífice afirmó que "no se puede vivir la Pascua sin entrar en el misterio", pero aclaró que no se puede llegar sólo con un trabajo "intelectual". 

"No es sólo conocer, leer… Es más, es mucho más". añadió. 

Explicó entonces que "entrar en el misterio exige no tener miedo de la realidad: no cerrarse en sí mismos, no huir ante lo que no entendemos, no cerrar los ojos frente a los problemas, no negarlos, no eliminar los interrogantes…". 

Y añadió que "entrar en el misterio significa ir más allá de las cómodas certezas, más allá de la pereza y la indiferencia que nos frenan, y ponerse en busca de la verdad, la belleza y el amor, buscar un sentido no ya descontado, una respuesta no trivial a las cuestiones que ponen en crisis nuestra fe, nuestra fidelidad y nuestra razón". 

El papa continuó explicando que también "se necesita humildad" para "redimensionar la propia estima, reconociendo lo que realmente somos: criaturas con virtudes y defectos, pecadores necesitados de perdón". 

Y entonces aseguró que esto es lo que enseñan las mujeres que junto a María "aquella noche no perdieron ni la fe y la esperanza" y "no permanecieron prisioneras del miedo y del dolor". 

Aprendamos de ellas a velar con Dios y con María, nuestra Madre, para entrar en el misterio que nos hace pasar de la muerte a la vida. 

La ceremonia, una de las más antiguas de la tradición cristiana cargadas de simbología, comenzó con la bendición del fuego y el encendido del cirio pascual, símbolo de Cristo, "Luz del Mundo", y posteriormente también del agua con el que se realizarán los bautismos. 

El papa Francisco realizó con un punzón una incisión sobre el cirio pascual, grabando una cruz, la primera y la última letra del alfabeto griego -alfa y omega- y la cifra de este año, 2015. 

Después se realizó la procesión hacia el altar mayor, en total silencio encabezada por el diácono que portará el cirio y seguida por el pontífice así como por diferentes miembros del clero. 

Una vez en el altar mayor, y tras la bendición del papa, el diácono proclamará el llamado "Exultet", el anuncio de la Pascua, al que los fieles esperarán con una vela encendida 

Siguiendo la tradición de los primeros años de la Iglesia cuando los catecúmenos, los adultos que aspiran a convertirse al cristianismo a través del bautismo, eran bautizados, Francisco bautizó y dio la comunión a diez personas. 

Los nuevos cristianos a los que bautizó el papa en la basílica de San Pedro fueron seis mujeres y cuatro hombres: la camboyana Champa Buceti, de 13 años, y que recibirá el nombre de María, cuatro italianos, tres albaneses, la pintora portuguesa Helena Lobato, de 45 años, y una mujer de Kenia. 

Francisco oficiará mañana en la plaza de San Pedro la misa del Domingo de Resurrección y después leerá el Mensaje Pascual e impartirá la bendición "Urbi et Orbi".

 

 

 

El Papa Francisco presidió esta noche la Vigilia Pascual en la Basílica de San Pedro, en la cual llamó a los fieles a entrar en el Misterio de la Pascua con humildad y de la mano de la Virgen María, siguiendo el ejemplo de las primeras discípulas de Jesús.

A continuación el texto completo de la homilía del Papa:

Esta noche es noche de vigilia.

El Señor no duerme, vela el guardián de su pueblo (cf. Sal 121,4), para sacarlo de la esclavitud y para abrirle el camino de la libertad.

El Señor vela y, con la fuerza de su amor, hace pasar al pueblo a través del Mar Rojo; y hace pasar a Jesús a través del abismo de la muerte y de los infiernos.

Esta fue una noche de vela para los discípulos y las discípulas de Jesús. Noche de dolor y de temor. Los hombres permanecieron cerrados en el Cenáculo. Las mujeres, sin embargo, al alba del día siguiente, fueron al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús. Sus corazones estaban llenos de emoción y se preguntaban: «¿Cómo haremos para entrar?, ¿quién nos removerá la piedra de la tumba?…». Pero he aquí el primer signo del Acontecimiento: la gran piedra ya había sido removida, y la tumba estaba abierta.

«Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco» (Mc 16,5). Las mujeres fueron las primeras que vieron este gran signo: el sepulcro vacío; y fueron las primeras en entrar.

«Entraron en el sepulcro». En esta noche de vigilia, nos viene bien detenernos en reflexionar sobre la experiencia de las discípulas de Jesús, que también nos interpela a nosotros. Efectivamente, para eso estamos aquí: para entrar, para entrar en el misterio que Dios ha realizado con su vigilia de amor.

No se puede vivir la Pascua sin entrar en el misterio. No es un hecho intelectual, no es sólo conocer, leer… Es más, es mucho más.

«Entrar en el misterio» significa capacidad de asombro, de contemplación; capacidad de escuchar el silencio y sentir el susurro de ese hilo de silencio sonoro en el que Dios nos habla (cf. 1 Re 19,12).

Entrar en el misterio nos exige no tener miedo de la realidad: no cerrarse en sí mismos, no huir ante lo que no entendemos, no cerrar los ojos frente a los problemas, no negarlos, no eliminar los interrogantes… Entrar en el misterio significa ir más allá de las cómodas certezas, más allá de la pereza y la indiferencia que nos frenan, y ponerse en busca de la verdad, la belleza y el amor, buscar un sentido no ya descontado, una respuesta no trivial a las cuestiones que ponen en crisis nuestra fe, nuestra fidelidad y nuestra razón.

Para entrar en el misterio se necesita humildad, la humildad de abajarse, de apearse del pedestal de nuestro yo, tan orgulloso, de nuestra presunción; la humildad para redimensionar la propia estima, reconociendo lo que realmente somos: criaturas con virtudes y defectos, pecadores necesitados de perdón. Para entrar en el misterio hace falta este abajamiento, que es impotencia, vaciándonos de las propias idolatrías… adoración. Sin adorar no se puede entrar en el misterio.

Todo esto nos enseñan las mujeres discípulas de Jesús. Velaron aquella noche, junto la Madre. Y ella, la Virgen Madre, las ayudó a no perder la fe y la esperanza. Así, no permanecieron prisioneras del miedo y del dolor, sino que salieron con las primeras luces del alba, llevando en las manos sus ungüentos y con el corazón ungido de amor. Salieron y encontraron la tumba abierta. Y entraron. Velaron, salieron y entraron en el misterio. Aprendamos de ellas a velar con Dios y con María, nuestra Madre, para entrar en el misterio que nos hace pasar de la muerte a la vida.

Vigilia Pascual, la noche que cambia la historia de la humanidad 

 Inesperadamente la luz irrumpe con fuerza, las tinieblas se abren para dar paso a un alba nueva. La alegría desborda en canto y el agua restituye la vida. Esta es la noche que cambia la historia de la humanidad. Es la noche “de vigilia por el Señor”, que san Agustín llama justamente la "madre de todas las vigilias". Este sábado el Papa presidirá la Vigilia Pascual en la Basílica de San Pedro, con los ritos de la bendición del fuego y del agua y el bautismo de algunos catecúmenos. En estas horas velaremos confiados con Francisco por el tránsito de Jesús, que pasa de la cruz a la vida, de la muerte a la resurrección. El rito comenzará con la bendición del fuego, por lo que el Pontífice incidirá con un punzón sobre el Cirio Pascual, que lleva una cruz con la primera y la última letra del alfabeto griego, la alfa y la omega, y las cifras del año en curso, mientras pronuncia en latín un antiguo pregón que reza "Cristo ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega. A Él pertenece el tiempo y los siglos, a Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos". Después se realizará la procesión hacia el altar mayor, en un ambiente de pleno recogimiento, encabezada por el diácono que portará el Cirio y conformada por el Pontífice así como por diferentes miembros del clero. Una vez en el altar mayor, y tras la bendición del Papa, el diácono impregnará el Cirio con incienso al tiempo que proclamará el "Exultet", el anuncio de la Pascua, al que los fieles esperarán con una vela encendida. Tras el rito del encendido, marcación y bendición del Cirio se celebrará la "Liturgia de la Palabra" y la "Liturgia Bautismal" en la que el Santo Padre bautizará a diez catecúmenos. El acto de este sábado precede a la misa solemne del Domingo de Resurrección, en la que el Pontífice leerá su Mensaje Pascual e impartirá la tradicional bendición Urbi et Orbi desde el balcón central de la Basílica de San Pedro.

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