Asesinas seriales: Matar ancianos era el hobby de Dorothea Puente

Una vida marcada por la orfandad, el delito y numerosos matrimonios la harían ser parte de la historia como una asesina serial.

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Dorothea Puente - Notitarde
Su cara de inocencia nunca causo temor entre las personas que la conocían / Cortesía: citv.es

Notitarde.- La inocente anciana, Dorothea Puente, asombró al mundo cuando salió a la luz que mató al menos nueve ancianos en la comodidad de su hogar que serbia como “casa de huéspedes”.

Tras una vida marcada por la orfandad, el delito y numerosos matrimonios, la mujer se dispuso a cometer diversos crímenes que la harían ser parte de la historia como una asesina serial.

Dorothea quedo huérfana a los ocho años con la muerte de sus padres, primero perdió a su padre de tuberculosis y más tarde a su madre en un accidente de moto.

Estuvo un tiempo bajo el resguardo de un orfanato, hecho que le dejó secuelas de odio difíciles de olvidar, para luego ser enviada con unos familiares y pasar penurias hasta que cumplió 16 años.

Dorothea Puente y su fantasía de vida perfecta

Asimismo, se casó con Fred McFaul, a los 16 años para alejarse de la familia que le dio alojo pero la unión tardo tres años en terminarse, debido a que la perturbada mujer regalaba o enviaba lejos a los hijos que tenían juntos.

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El abandono se hizo presente y esto la marcó tanto que nunca asumió la situación sino que se engañaba diciendo que su esposo murió de un infarto para que no le doliera la separación.

Tiempo después, comenzó a trabajar de auxiliar de geriatría, su nueva vocación, casándose dos veces más, con Roberto Puente y con Pedro Montalvo.

Razones del crimen

En su casa de huéspedes en Sacramento (California), Dorothea envenenó con sobredosis de medicación a varios ancianos, cuya muerte ocultaba para seguir cobrando sus pensiones.

Casa de huéspedes donde la asesina realizaba sus crímenes / Cortesía: imagenesmy.com

Según las investigaciones, enterraba los cuerpos o los hacía desaparecer en un río cercano para que nadie los pudiera descubrir nunca.

Expertos aseguran que era una asesina hedonista, es decir, aquella que lo hace por el placer de hacerlo. La policía constató que llegó a ganar más de 5.000 dólares mensuales por ocultar la muerte de sus “pacientes”.

Descubrimiento y captura

Tras la denuncia de desaparición de uno de los inquilinos, la policía encontró ocho cadáveres enterrados en su propiedad, “muertes naturales” para la asesina.

Imagen relacionada

 

Aun así, tardaron más de tres años en poder conectar el caso con los desaparecidos en su casa de huéspedes.

De los 9 asesinatos con los que se le relacionó, solo se pudo demostrar su participación en 3, por los que fue condenada.

El juicio duró un año y durante su celebración, el Jurado llegó a un punto muerto, debido a que la defensa mostraba a una persona generosa y cariñosa y muchos creyeron su versión.

En vista de esta situación el juez declaró al jurado incapaz de llegar a un veredicto y le sentenció a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.

Finalmente, murió en prisión en 2011 a los 82 años por causas naturales, sin admitir sus crímenes.

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