El gas de la discordia

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Los valencianos han sido obligados a cocinar con leña. A eso nos está llevando la revolución y su inherente corrupción. Hoy una bombona pequeña puede adquirirse, si se tiene suerte en Bs. 5.000, lo cual equivale a 1/4 del salario mínimo y, muchas veces, eso debe pagarse en efectivo, es decir, si no te agarra el chingo, te agarra el sin nariz. Tan grave es la situación, que durante este último mes se han registrado multitud de protestas en las comunidades y hasta en la propia alcaldía han habido protestas de ciudadanos hartos de esta situación.

El gobierno municipal, el gobierno de Carabobo, no pueden sustraerse de la responsabilidad en esta crisis del gas, dado que desde el año pasado asumieron obligaciones en términos de logística, distribución del gas y de los cilindros. Hoy, dada la rabia que siente el ciudadano que no encuentra gas, el alcalde de Valencia difunde audios en las redes sociales acusando al sindicato de trabajadores de PDVSA – GAS de corrupción y negligencia. Se queja de tener que asumir competencias nacionales algo para lo cual «no fue elegido». ¡Ósea él y Chacumbele!

En las redes sociales también circulan vídeos donde se muestran funcionarios de la alcaldía, perfectamente reconocibles, anunciando precios de las bombonas. Algo que el Alcalde niega en su audio. La verdad estos dimes y diretes revolucionarios son graves y deberían ser objeto de una investigación de oficio por parte del Ministerio Público. Pero conociendo la poca disposición investigativa del titular de la acción penal, este obvio caso de «noticia criminis» pasará por debajo de la mesa.

Pero hay un asunto que deben entender tanto los alcaldes y el gobernador: la administración pública no es una bodega. ¿Cómo es eso que siendo el municipio y la gobernación entidades sin competencia en materia de distribución y logística del Gas estén comprometiendo fondos públicos a su cargo en ese destino? A decir del alcalde de Valencia, la suma gastada es «una fortuna». No se puede usar fondos públicos no previstos en el presupuesto, eso se llama malversación de fondos públicos. En manos del Concejo Municipal está la posibilidad de procesar una interpelación del alcalde y, eventualmente, dar lugar a su destitución si tal irregularidad ocurrió. Lo mismo aplica para el Consejo Legislativo del Estado con respecto a Rafael Lacava, solo se necesita decisión parlamentaria.

Otra pregunta, ¿a dónde va a parar el dinero en efectivo cobrado a los ciudadanos al momento de pagar la bombona? ¿Cuál es el procedimiento administrativo para que dichos fondos lleguen a la hacienda municipal? ¿Hay estadísticas auditables, verificables, de cuántas bombonas han sido vendidas y esto se pueda contrastar con el dinero en las cuentas del municipio? ¿De verdad los concejales y los diputados regionales están tan desconectados de sus funciones que no se preguntan cuestiones tan elementales?

A todas estas los vecinos de Valencia y Carabobo siguen sufriendo el déficit de gas, ahora, hasta hay lugares donde se vende leña, como a principios del siglo XX, y muchas escuelas donde aun se recibe algo del Programa de Alimentación Escolar, cocinan de esa forma tan dura y tan perjudicial para la salud respiratoria. Este caos tiene nombre y apellido, se llama Nicolás Maduro. No nos cansaremos de conminar a los factores que hacen vida institucional en la alcaldía y en la gobernación que sepan elegir bando. Por un lado esta la constitución y del otro la usurpación, cuando el pueblo pida que rindan cuentas será mejor que tengan una decisión correcta que mostrar.

@rubenlimas

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