Evolución de la cinematografía en Venezuela

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Realizar una producción cinematográfica en Venezuela pudiera haberse convertido en una tarea complicada, a veces hasta imposible, debido al contenido denso, complejo y difícil de digerir que implementan en muchas universidades del país para la formación de estudiantes que anhelan convertirse en grandes cineastas.

Reconocidos directores y productores venezolanos, quienes han posicionado el cine nacional en diversas partes del mundo, de manera autodidacta afrontaron diversos procesos de formación que en la actualidad les permite establecer diferentes métodos de enseñanza para impulsar desde las comunidades el cine independiente.

Quizás para expertos en la materia resultaba imposible la materialización de trabajos audiovisuales de calidad hechos por personas sin condiciones ni oportunidades de formarse en universidades y grandes escuelas de Cine como la de Berlín, Moscú y Los Ángeles.

El trabajo realizado por movimientos y organizaciones culturales, el cual es apoyado por políticas de Estado desde el año 2000, ha permitido el reconocimiento, valor y respeto de la producción cinematográfica nacional a través de películas exhibidas en importantes festivales dentro y fuera del país que han surgido a propósito de la promoción del cine comunitario e independiente.

Evolución del cine venezolano

Para profundizar sobre la evolución de la cinematografía nacional desde su inicio, se invitó a la sala del Desayuno en la Redacción al reconocido productor cinematográfico Daniel Siugza, quien destacó al comienzo del foro el éxito actual del cine venezolano durante sus años de historia.

“Si hacemos una retrospectiva histórica de 120 años de cine nacional, nunca antes habíamos tenido tanto éxito. El crecimiento es inédito”, expresó. 

Gran parte de este logro se lo atribuyó a las políticas emanadas por el Estado a través de la creación de leyes que, de acuerdo con él, establecieron fundamentos para facilitar la producción en el país y garantizar la exhibición de proyectos audiovisuales en la plataforma del cine como medio de expresión cultural.

Para el entrevistado tales leyes también permitieron desmitificar (disminuir o privar de atributos míticos a una persona o cosa, poniendo en evidencia sus características reales) los métodos tradicionales a emplear en una producción cinematográfica.

A medida que se vaya desmitificando la cinematografía de una manera mucho más amena, dinámica y mejor digerible al aprendizaje de los estudiantes, planteó el entrevistado, Venezuela continuará como batuta en el desarrollo del cine latinoamericano.

 

“Si hacemos una retrospectiva histórica de 120 años de cine nacional, nunca antes habíamos tenido tanto éxito. El crecimiento es inédito”.

Siugza, quien también es profesor universitario, indicó que en diversas casas de estudios se ha enseñado durante mucho tiempo que solo podían hacer cine aquellas personas con oportunidades de capacitarse en grandes escuelas cinematográficas “cuando en realidad no es así”, aseguró.

Explicó que a través de un método docente se logró establecer en corto tiempo transmitir conocimientos para la producción de trabajos audiovisuales, incluyendo parte de la historia del cine de una manera dinámica para que los jóvenes puedan absorber las enseñanzas.

 

Valencia, enero 26 de 2017.- Un cineasta venezolano de larga trayectoria hizo presencia en el desayuno en la redacci?n. Daniel Siugza, cinematografo reconocido, habl? acerca de la importancia y significaci?n de los 120 a?os del cine venezolano.

 

Producción de cine desde las comunidades

Daniel Siugza resaltó su experiencia en comunidades campesinas donde ha impartido talleres de cine a los habitantes, de quienes confiesa haberlo sorprendido por la sensibilidad y el talento puesto en práctica durante la realización de trabajos audiovisuales, luego de recibir la capacitación.

“La gente se puede preguntar qué interés puede tener un campesino en hacer cine. Ellos disfrutan y aprenden de estos talleres al igual que cualquier estudiante de comunicación social”, dijo.

También rememoró su visita al Internado Judicial Carabobo, mejor conocido como la cárcel de Tocuyito, donde formó a privados de libertad. En ese lugar -dijo el experto- los internos estuvieron durante 15 días única y exclusivamente pensando y desgastando toda su energía en la realización de una película luego de culminar el taller.

Dentro de un mundo tan difícil como el que se vive en la cárcel se lograron cuatro películas y dos de ellas participaron en festivales. “Definitivamente, Venezuela vive un momento inédito en el cine, tanto en la producción como en la capacitación”, apuntó.

Desde todo punto de vista, proyectó que cualquier participante de los talleres de cine comunitario puede llegar a convertirse en un gran cineasta dependiendo de su empeño y dedicación. “Cada vez que hacemos un taller es obligatorio para la certificación del alumno, la realización de una película de cualquier género. 

Las propuestas audiovisuales presentadas en estos y otros talleres, aseguró Siugza, han sido ganadoras en diferentes festivales nacionales y han participado en varias competiciones internacionales.

Informó que el estado Carabobo durante tres años consecutivos ha sido acreedor de los primeros premios en el Festival Internacional del Cine Latinoamericano y Caribeño que se realiza en la isla de Margarita.

“Muchos de estos participantes seguirán capacitándose para convertirse en la nueva generación de grandes cineastas con la visión completamente diferente de lo que es hacer cine”, dijo. 

 

Formación continua 

Sobre la formación de reconocidos directores y productores de cine venezolano, dijo que muchos de ellos han adquirido sus conocimientos a través de procesos de formación que han afrontado durante su vida. 

“Yo tengo 30 años dedicado a esto (al séptimo arte), sin embargo, cada vez que voy a un festival nacional o internacional, no me pelo un conversatorio, un taller de cámara, guión, dirección. Cada vez aprendemos algo nuevo y eso es lo interesante”, manifestó.

Indicó además que mientras los estudiantes realicen talleres o estudian directamente cine, podrán continuar su preparación nacional e internacional a través de becas que otorga el Gobierno, las cuales son avaladas por las políticas del Estado contenidas en las leyes.

“Tenemos convenios con Argentina, España y Cuba. Por supuesto, esto es a través de un proceso. Yo siempre le digo a mis estudiantes que no pueden pretender pedir una beca sin haber visto, por ejemplo, películas del neorrealismo italiano”, acotó el entrevistado en referencia a los recursos mínimos que debe poseer quien aspire la ayuda.

 

Monopolios del Séptimo Arte en Venezuela

La apreciación que mantienen muchas personas sobre la producción temática del cine “violento” en el país desde el año 1970, no es para Siugza la esencia de la verdadera cinematografía venezolana.

Contra tal valoración recordó que en dicha época se produjeron películas que no tenían nada que ver con temáticas de prostitución, drogas, ni marginalidad; entre ellas mencionó la película Pequeña Revancha de Reinaldo Solar, que en sus tópicos no contenía violencia alguna.

Además, señaló el monopolio que durante años han mantenido las empresas como Cinex y Cines Unidos en Venezuela, las cuales son “acreedoras” de licencias, distribución y exhibición de películas que se proyectan en el país.

Dichas empresas, según Siugza, mantienen una plataforma hegemónica para decidir sobre la proyección de los proyectos audiovisuales en las principales salas de cine de la nación.   

“Claro, ahorita estamos en un proceso de transición y en el futuro nos resultará más favorable para el cine independiente desde todo punto de vista. Ellos exhiben las películas que consideran ser más taquilleras. Evidentemente las películas con altos ingredientes de violencia siempre han sido las más taquilleras, más aún impulsadas desde una parafernalia comunicacional”, señaló.

Por lo antes expuesto, el entrevistado considera que muchos productores cinematográficos venezolanos no tenían otra opción que agregar a sus trabajos contenidos agresivos para poder ser tomados en cuenta por este sistema hegemónico para la difusión de sus películas. “Ahora tenemos una Ley de Cine que nos ampara”, precisó.

Calificó el instrumento jurídico promulgado en el año 2005 como la ley más progresista de toda América Latina que, a su razón, permite y ofrece herramientas para que las propuestas cinematográficas nacionales puedan ser exhibidas. 

“Esto tendría que ser una condición normal de amor a la patria, acá no estamos hablando de política, somos venezolanos y debería ser moralmente obligatorio”, dijo.

A quienes creen o piensan que el 80% de las películas en el mundo son de producción hollywoodense, indicó Siugza, están siendo engañados por desconocer lo que realmente se mueve detrás de las pantallas gigantes. 

“Lo que tenemos es un 80 por ciento de cartelera hegemónica. La producción hollywoodense nunca superó el 15% de producción cinematográfica y no el 80% como lo han querido hacer creer”, expresó.

Esta práctica de las empresas hegemónicas, prosiguió el cineasta, también es implementada en Estados Unidos, donde hay una gran cantidad de productores cinematográficos norteamericanos que están impulsando el cine independiente por el predominio de Hollywood. 

“Lo mismo que pasa acá en Venezuela, pero ahora tenemos la dicha de ser el primer país de América Latina que produjo cine, fue en 1897”, dijo.

Valencia, enero 26 de 2017.- Un cineasta venezolano de larga trayectoria hizo presencia en el desayuno en la redacci?n. Daniel Siugza, cinematografo reconocido, habl? acerca de la importancia y significaci?n de los 120 a?os del cine venezolano.

 

Fundamentos para el impulso del cine

En el año 2000 inició una política de Estado en el país para promover y apoyar el cine, como en todas partes del mundo, “si el Gobierno no ayuda es muy difícil hacer cine para competir con los tanques hollywoodenses, es complicado”, sostuvo el productor.

Siugza preside organizaciones culturales denominadas Rabo de Nube y Araca, las cuales le han permitido su aporte de formación cinematográfica en las comunidades y otros espacios, además de la realización de festivales comunitarios e independientes de proyectos audiovisuales.

El producto de su trabajo en el país ha sido posible por la creación de las leyes promulgadas desde la Asamblea Nacional (AN) en el año 2005 y la habilitación de figuras jurídicas como la Villa del Cine y Amazonia Films como la primera distribuidora de cine venezolano.

Araca logra reunir a la comunidad nacional que se ha lanzado a realizar proyectos audiovisuales desde sus recursos primarios, con el propósito de hacer memoria de su comunidad, expresar circunstancias que desean revelar, o sencillamente aventurarse, vivir y divertirse.

A pesar de que el año 2016 fue para Siugza un año difícil en lo económico, realizó el mejor festival en comparación con los organizados en años anteriores en cuanto al nivel de calidad de propuestas cinematográfica y participación internacional.

“Este año ya tendríamos que manejar la idea de concesión de festival internacional de cine comunitario e independiente, porque en el más reciente tuvimos a Bélgica, Finlandia, España, México, Argentina, Uruguay, Colombia y Brasil con propuestas extraordinarias. En esos países no existe un festival con estas características”, manifestó.

 

Un poco de historia 

Desde el inicio del cine venezolano, cada década ha dejado extraordinarios cineastas, entre ellos el entrevistado mencionó a Enrique Zimmerman, como productor de la primera película en el país.

“Siempre me dicen que por qué no menciono a Manuel Trujillo Durán como productor de las primeras películas venezolanas, pero debemos ser muy cuidadosos con eso porque se dice que él no fue quien produjo las primeras”, objetó.

Sobre este tema señaló que hay un sector de historiadores que plantean una cosa y otro grupo considera otras. “Nosotros estamos haciendo nuestras investigaciones y por eso no lo menciono”, pero no por eso deja de darle la importancia a Durán, por ser quien trajo el cinematógrafo (aparato que permite proyectar imágenes fijas de manera continuada sobre una pantalla para crear una sensación de movimiento) a Venezuela.

Recordó las películas El Rompimiento de Antonio Delgado Gómez y La Venus de Nácar de Efraín Gómez que, de acuerdo con él, sentaron precedentes en plena transición del cine mudo al sonoro.

“El trabajo que se está haciendo en la recuperación y restauración de nuestra cinematografía es extraordinario, a pesar que Venezuela en ese sentido sí tuvo un atraso”.

Dicho retroceso lo atribuyó al tiempo que tuvo nuestro país para crear una cinemateca 33 años después de que en Rusia se estableciera esta figura. “En 1966 Margot Benaserraf crea la cinemateca venezolana”, apuntó.

También rememoró la década de los 40, a la que denominó como la dorada, por las obras clásicas  de Rómulo Gallegos que fueron llevadas a la pantalla gigante en coproducción con México como Doña Bárbara, Canaima y La Señora de enfrente. 

“Se habla de un antes y un después del documentalismo latinoamericano de Araya dirigida por Margot Benaserraf. Fíjate la importancia que tuvo Araya por su estructura fílmica, el guión y la voz en off de Cabrujas”, esbozó. 

En el recorrido histórico por el séptimo arte nacional recordó el aniversario del primer centenario del cine venezolano en el cual se estrenó Una Vida y Dos Mandados, dirigida por Alberto Arvelo, por su paisajismo andino, música y fotografía “que contemplamos quienes verdaderamente nos gusta la producción de cine nacional”, dijo.

Sobre las películas más taquilleras en el país citó a Soy un delincuente, dirigida por Clemente de la Cerda, basada en la novela testimonial del periodista Gustavo Santander que superó en taquilla a grandes producciones norteamericanas como Tiburón, por ejemplo.

 

Exhibición de proyectos en pantallas gigantes

A través del esfuerzo realizado por Siugza en el país, despertó una efervescencia de producción audiovisual que evidenció la sensibilidad que hay en las comunidades para este tipo de trabajos.

El artículo 27 de la Ley de Cine establece la obligatoriedad de la exhibición de un cortometraje venezolano antes que cualquier largo nacional o extranjero, el cual es promovido por una figura legal: “Venezuela en cortos”.

Los amantes de la producción cinematográfica cuentan ahora con herramientas jurídicas que les dan la oportunidad, después de la realización de sus trabajos audiovisuales, de poder exhibirlos mientras cumplan con los elementos básicos de una proyección y la calidad técnica de formatos para el cine.

“Lo que estamos viviendo hoy nunca lo habíamos vivido en 120 años de cine venezolano”, afirmó.

“La gente se puede preguntar qué interés puede tener un campesino en hacer cine. Ellos disfrutan y aprenden de estos talleres al igual que cualquier estudiante de comunicación social”. 

Ventana
 

El calor de la brisa salada de Vargas le dio la bienvenida a Daniel Siugza en el año 1979, cuando llegó a Venezuela junto a sus padres y tres hermanos, escapando de la dictadura militar de la época en su país natal, Uruguay. El recuerdo de ese abrazo costero al salir del aeropuerto lo eterniza en la piel; al igual que rememora esa llegada como el momento en el que decide no cortar jamás su cabello, como signo de rebeldía y liberación de ese gobierno que le exigía afeitárselo cuatro dedos por encima de la camisa.

Su padre Guediminas y su madre Lilia Ceplikas, se residenciaron pocos años en el campamento Venepal, entre la carretera Morón-Coro. Esa corta estadía dio pie a sus primeros pasos en el fomento de las proyecciones cinematográficas a través de la sala Cine Papelito. A sus ocho años de edad, cuando los niños preferían comiquitas él se fascinaba con Casablanca y Ciudadano Kane, gracias a la motivación de su padre cinéfilo. 

Al decidir donde estudiar bachillerato la familia se muda a Valencia, inscribiéndolo en el Liceo Pedro Gual, lugar del que manifiesta sentirse orgulloso por la calidad educativa que impartían en aquella época. Aunque inició las carreras de Ingeniería y Educación en la Universidad de Carabobo, terminó graduándose como comunicador social en Maracaibo.

La primera participación en los medios de comunicación fue con el programa de radio Cine Crónica transmitido por Satélite y luego en La Mega en el año 1996. En televisión también estuvo expuesto a través de la señal de DAT TV y TVes. 

Gran parte de su tiempo lo invierte entre producciones audiovisuales para TV y cine, organizando talleres y eventos relacionados al séptimo arte con el grupo “Rabo de Nube”. Mientras que su espacio libre lo disfruta junto a su esposa, oriunda del llano de Portuguesa, con quien tiene a su hija Andrea de 25 años.

 

El mar como fuente de inspiración 

El fanático de la obra Araya también es un obvio rockero, ecologista  y defensor de derechos humanos, causas que divulga en casi todos sus proyectos fílmicos; en los que confiesa que su mayor disfrute es el trabajo en equipo, la coordinación de logística, la celebración al terminar el filme y hasta las discusiones motivadas a perfeccionar la producción. 

El rock ácido de Pink Floyd, así como la letra de Alí Primera y Silvio Rodríguez, definen la personalidad de Siugza, por eso es coherente que sus libros favoritos sean El viejo y el mar de Ernest Hemingway y el neorrealismo italiano sea el género cinematográfico preferido, especialmente la obra Cinema Paradiso del director Giuseppe Tornatore. 

Pero el lado más sensible sale a flote cuando del mar se refiere, porque el agua marina ha sido fuente de inspiración y de decisiones implacables desde el primer día en Venezuela en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar. Por eso elige una frase alusiva de Neruda para cerrar la entrevista: “Una gota en el océano participa en la inmensidad del conjunto”. En referencia a la importancia de que cada venezolano aporte -aunque sea una gota-  al impulso del cine nacional. 

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