Fraternidad ante todo ¿Se extravió esta acaso?

“Es fácil practicar la Anti-Fraternidad, siga las instrucciones: De rienda suelta a su egoísmo y verá como todo se ensombrece a su alrededor, se separa y muere todo hálito de vida que puede prometer el crecimiento claro y diáfano de la Sabiduría humana”

Unión y buena correspondencia entre hermanos y hermanas o entre los que nos reconocemos como tales. Esa debe ser la Fraternidad; un lazo más íntimo y profundo que la simple amistad y con un sentido más amplio,  por cuanto abarca o debería abarcar a todos quienes la reconocen y profesan; compartiendo sus ideales, objetivos, metas y aspiraciones, con las comunidades aun  cuando   su cultura  y  sus  ideas  puedan  ser  muy  diferentes a los nuestros. Expresamente, toda vida es una ley que es gobernada por el Universo y por ello se transforma en un proceso evolutivo que trabaja en todas partes. En la esfera de la vida humana, el principio  antes mencionado es expresado como la Fraternidad de toda la humanidad.                      

Hablar de Fraternidad en un mundo todavía dominado por el temor y la codicia, en el que la guerra se perfila como una realidad posible, aun estando en la segunda década del siglo XXI, y que aparte de esto se  encuentren desarrollando los medios para prepararla en la forma más brutal, letal y espantosa como nunca se había experimentado. Al igual que a muchos seres humanos les falte vivienda y los medios de subsistencia, puede parecer una ironía mencionar siquiera el término fraternidad.  Por esta razón, los términos intermedios, como amigo, compañero, colega y camarada son tal vez más comprendidos y prácticos que el fraterno, así que pueden usarse indiscriminadamente  para  con todos  los  hombres. En ese sentido, la Fraternidad verdadera se demuestra y se afirma practicándola, tratando de ser verdaderos hermanos, según sea posible, primero entre nosotros y luego para con los demás.  De esa manera,  seremos reconocidos como tales y haremos nuestro mejor aporte para el logro de un mundo mejor y más fraternal.

Ahora bien, La concepción de Fraternidad, no es la hermandad en el sentido fraterno-familiar. Es una idea general que involucra en sí la concepción ideológica de una unión propiamente dicha, no se toma como automática, sino, como una meta. Esta debería ser extensa  a todos los hombres y mujeres del mundo, indistintamente a las bases, religiones e ideologías que estos posean. Por otro lado, este precepto exige comprensión y reciprocidad entre los seres humanos, por ello tan difícil su aplicación en este mudo tan convulsionado  y carente de toda humanidad, donde prenderle fuego a otra persona por practicar otra ideología se haga sin mayor  reclamo e indolencia ciudadana. Es allí donde me detengo y me pregunto ¿Qué pasó con nosotros los seres racionales? ¿En qué nos estamos convirtiendo?  ¿Será que el valor hacia la vida del contrario ya no existe para muchos?

Bueno, no quiero caer en ese tipo de tema por hoy. Es por ello, que sin la práctica del Fraterno servicio, sería imposible toda idea de unión solidaria, de una sincera cooperación con los elevados propósitos de un plan regenerador para la conducta humana, la cual esta siendo devorada por un egoísmo tal, que ni la ciencia ni religión alguna, ni mucho menos una intelectualidad desprovista de amor, podrán llevar al hombre, a una concienciación, tanto de las leyes naturales, como de la existencia de un plan divino para la evolución de todo lo que se desarrolla en el Cosmos. En ese sentido, el mayor logro de la fraternidad y el servicio que esta provoca, producen armonía; la falta de armonía, conduce a la violencia y como consecuencia lleva a la separación de la raza humana, y esto a su vez, al dolor y soledad. 

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