Laura Antillano: Día de los Enamorados

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Laura Antillano - Notitarde

Acaba de pasar el llamado Día de los Enamorados, que siempre me recuerda a mi hermano menor: Gerardo, y que, como comprenderán, era mi hermano y nada tenía que ver con un enamorado.

Aunque pensándolo, si  he conocido a algún enamorado auténtico ese era Gerardo.   Era por una parte: la persona más polémica del mundo, todo lo analizaba y a todo le encontraba razones para ser revisado, comentado, desmenuzado. Desde muy pequeño, habiendo aprendido a leer, cometía la falacia de recoger el periódico (que recién lanzaba el repartido en un rollito a la entrada de nuestra casa maracucha), lo abría y extendía sobre la mesa del comedor, y cuando los demás por fin estábamos listos para las rutinas diarias escolares, él ya sabía de cuanta cosa había pasado en el mundo, y nos podía hacer un recuento detallado en el transporte, vía escuela o liceo.

Sus opiniones eran  muy bien elaboradas, desde la perspectiva de quien espera ser puesto en cuestión por el interlocutor y prefiere las bases llenas antes de lanzarse al ruedo. De la escuela siempre venían llamadas de la directora, porque en realidad él les tomaba la delantera y siempre tenía algo que cuestionar o poner en duda, de lo que allí se predicara.

Era el ser más solidario del mundo, y parecía estar a la caza de que le hacía falta a quien para llegar primero a prestar sus servicios o solucionar lo faltante. Le quise, le quiero, muchísimo, aunque el falleció en 1977, cuando apenas tenía 17 años (ahogado en una playa de Margarita). Desde que no está, creo que está más que antes, le dediqué una de mis novelas publicadas: Las aguas tenían reflejos de plata, por: la vida que no tuvo. Y cuando diseñé mi protagonista pensé mucho en él.

Pero esta crónica era para contarles por qué se relacionaba con el día de los enamorados, y no lo he dicho. Gerardo siempre estaba enamorado. Se enamoraba de todas sus compañeritas  y era tremendamente tímido para decirlo o pronunciarse, se  sonrojaba con facilidad o enmudecía  en el momento de la verdad, y aunque era muy caballero servicial, las miraba de lejos  como engrandeciendo el encanto que le producían las susodichas.  Era un enamorado del amor.

Para el Día en cuestión, se preparaba, escribía  y reescribía  sus esquelas, con muchas previsiones y por años me he preguntado si realmente llegó a entregar alguna. Ah, y, lo olvidaba, su opinión sobre el famoso Día de los Enamorados, era que se trataba de una fecha comercial  inventada  por quienes querían vender sus mercancías…Cuando este día  se   aparece  siempre pienso en él, y en los tímidos, en los “amorosos” del bello poema del mexicano  Jaime Sabines: “Los amorosos callan./El amor es el silencio más fino,/el más tembloroso, el más insoportable”…..Y así.

(Para Gerardo)

Laura Antillano

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