Manzanas y monedas caídas. Economía sin gravedad.

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David Mendoza - Notitarde

Termómetro Económico

Su herramienta Económica,

Gerencial, Financiera y de Negocios

Provenientes de las montañas de Tian Shan; zona límite entre China, Kazajistán y Kirguistán. Con las expediciones a América, la manzana arribó a las colonias de lo que actualmente es Estados Unidos. Su origen estaría situado en la zona de Almá-Atá o Almatý, antigua capital de la ex república soviética de Kazajistán y actual segunda ciudad más importante del estado kazajo independiente. De hecho, Almaty es la forma adjetivada del sustantivo «manzana» en kazajo y es popularmente traducida como «Padre de las Manzanas». Se consume desde hace muchísimo tiempo. En Suiza e Italia parece haber evidencias de manzanos de hace unos 4.500 años. Y China es por largo el mayor productor del mundo con cerca de 40 millones de toneladas por año.  Las tenemos en la literatura, la religión, la física, la música, la tecnología, y por supuesto en la dieta de algunos afortunados. Las más famosas: la del conocimiento de Adán y Eva (nuestro pecado original), la envenenada de Blanca Nieves, la mordida de la empresa Apple (fundada por Steve Jobs), la Gran Manzana (de Nueva York) y sin desdeñar a Apple records (de los Beatles), la de Guillermo Tell o la asesina de Allan Turning, nos ocuparemos por el momento de la de Isaac Newton. Sí, esa que supuestamente le cayó en la cabeza con el mensaje de la gravedad. Y que transformó su vida y la del resto del planeta. Sin esa manzana en particular, entre muchas cosas, no existiría la teoría del Big Bang por ejemplo. Así que el «eureka» de Newton (1643-1727) tiene mucha trascendencia. Lo que algunos no saben, es que Newton el 17 de enero de 1696, fue nombrado intendente de la Real Casa de la Moneda. Y más nunca se acordó de las manzanas, ni para jugo.

 

¿Se metió a banquero central?

Pues sí, en medio de una tremenda crisis monetaria en Inglaterra, nuestro ego maniaco y obsesivo héroe, nuestro paladín del movimiento de los cuerpos celestes, se batió contra el dragón de mil cabezas  de la pérdida de valor de cambio del signo monetario inglés. Es decir, de la inflación (emoticón admirado). El proceso de conversión del cono monetario, se llamó “la gran reacuñación”. Se trataba de recoger viejas monedas que habían perdido su peso en plata y las nuevas monedas que habían sido puestas en circulación y refundir todas para relanzar una moneda de única calidad y con sistemas de seguridad (por ejemplo las rayitas del canto) para evitar su sobada (desprenderles metal). Se había generado un negocio de extracción de monedas para ser vendidas en países vecinos (emoticón que piensa) ya que el valor intrínseco (valor del metal en el mercado) era mayor a su valor de cambio. ¿Y qué hizo nuestro futuro sir? ¡Pena de muerte! Horca para los que extrajeran la moneda. Por una parte se corrigió el tema del valor de cambio y por otra se atacó el contrabando de extracción.  Es de suponer que se tomaron medidas de carácter económico para estabilizar la realidad interna y externa de Inglaterra. En fin, buscaron a nuestro justiciero para que le diera centro de gravedad a la moneda. De más está aclarar que la Libra Esterlina es hoy la moneda soportada por un banco central de mayor valor en el planeta. A nadie en Inglaterra se le ocurrió proponer el equivalente a “dolarizar” y renunciar a tener un signo monetario que permitiera generar políticas propias y volver al pueblo y a la monarquía inglesa, dependientes de terceros (emoticón que en forma de manzana, se cae de maduro). Me imagino que nuestro grave y temperamental amigo no los hubiera pelado.

 

¿Y aquí, qué hacemos? ¿Invocamos el espíritu de Newton para darle el BCV?

Sería interesante. Ahora bien, la moneda cumple su función como valor de cambio (compra -venta), depósito de valor (que puedes intercambiar por bienes y servicios cuando desees) y unidad de cuenta (la utilizamos como unidad de medida). Hoy lamentablemente, nuestro signo monetario casi no cumple con ninguna de sus funciones. Lo importante es entender que la moneda (el signo monetario) por mucha técnica matemática que le apliquemos (aumento o disminución de tipos de interés y disponibilidad de masa monetaria, por ejemplo) termina siendo un receptáculo. Un constructo. Una representación. En cierto grado, una resultante del funcionamiento de una sociedad. Es un espejo. Ella se soporta de nuestras expectativas. De nuestras decisiones. De nuestra cultura, de nuestro amor propio como sociedad. De nuestra forma de hacer las cosas. De nuestro auto reconocimiento. También de nuestra relación con el universo. Se soporta la moneda, de nuestras relaciones con los demás. De lo que decimos. De lo que hacemos, de lo que no hacemos. De nuestra fe (el dólar salió del patrón oro y reza “en Dios confío”). De nuestra capacidad productiva. De nuestra identidad. De todo. Y te pregunto ¿Cómo estamos en esos temas? ¿En todos? Luego están las políticas cambiarias que sirven para estimular importaciones (sobrevaloración monetaria) o estimular la producción y exportación (subvaloración monetaria) con diferenciales controlados.  Por eso creo que el espíritu de nuestro paladín inglés, por muy poderoso que fuera, necesitaría al menos (recordando a María Bolívar) una “ayudaita” nuestra. No hay salidas mágicas. Lo que hay es un camino difícil, una sociedad que debe cambiar de muchas formas y una manera de hacer políticas públicas en materia económica, que debe dejar de ser reactiva y de emergencia, para convertirse en el resultado de un plan de desarrollo de las potencialidades de una nación. Post data. ¡Qué partidos! Alemania, tasada en  636 millones de euros, perdió el primero contra México, tasada en 119 millones de euros. ¡Cómo me gusta una ranchera!

 

Correo electrónico: termometroeconomico500@gmail.com, twiter: @termoeconomico

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