Buena Nueva: ¿Resucitar o re-encarnar?

Si optamos por Dios, amándolo sobre toda otra persona o cosa, si buscamos hacer su Voluntad en todo... resucitaremos como Cristo y estaremos en el Cielo, en gloria... como Él, y con Él y su Madre, la Santísima Virgen María.

Buena Nueva - Notitarde
Isabel Vidal de Tenreiro, columnista en Notitarde

No nos gusta mucho hablar de la muerte… aunque es lo más seguro que tenemos los seres humanos.  ¡Y más importante aún es lo que viene después de la muerte!

Por ley natural, los cuerpos de los seres humanos se descomponen después de la muerte o son convertidos en cenizas, como es usual ahora.  Pero en el último día volverá a unirse cada cuerpo con su propia alma.  En eso precisamente consiste la resurrección.  Y todos resucitaremos: los que han obrado mal y los que han obrado bien, los cremados y los enterrados enteros.  Será la “resurrección de los muertos (o de la carne)”, que rezamos en el Credo.  Y “unos saldrán para una resurrección de vida y otros resucitarán para la condenación” (Jn. 5, 29).

Pero hay dos personas que ya están en cuerpo y alma en el Cielo:  Jesús y Su Madre.

El 15 de Agosto celebramos la Fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo, ocasión propicia para hablar de estos temas.

María, un ser humano como nosotros, salvo por el hecho de haber sido preservada del pecado original, ya está en la gloria del Cielo, en cuerpo y alma.  ¡Pero igual nos sucederá a nosotros!  Para eso hemos sido creados por Dios.  Cada uno es libre de optar por esa felicidad total y eterna en el Cielo, en gloria… o de rechazarla.  Y la rechazamos si rechazamos a Dios.

¿Y cómo serán nuestros futuros cuerpos?  Nuestros cuerpos resucitados serán nuestros mismos cuerpos, los mismos que tenemos aquí en la tierra (nada de estar brincando de cuerpo en cuerpo, como sostiene la re-encarnación).  Pero nuestros mismos cuerpos estarán en un nuevo estado:  ¡serán cuerpos gloriosos!  Como el de Jesucristo, como el de la Virgen.  Primero que todo, serán inmortales; además, sin ningún defecto, ya no se corromperán, ni se enfermarán, ni envejecerán, ni se dañarán, ni sufrirán nunca más.

Entonces, ante la promesa del Señor de nuestra futura inmortalidad al ser resucitados con Él, y ante la maravilla de lo que serán nuestros cuerpos resucitados ¿cómo hay gente que pueda ocurrírsele que re-encarnar -si es que esto fuera posible- va a ser mejor que resucitar?  ¿Cómo va a ser mejor brincar a otro cuerpo, que ¡para colmo! no es el de uno, y que además volverá a morir? ¿Cómo puede ser ese mito más atrayente que resucitar en cuerpo glorioso?

La Santísima Virgen María ya está en cuerpo y alma gloriosos en el Cielo.  Nosotros tenemos que esperar el final de los tiempos.  Pero tenemos la seguridad de nuestra futura inmortalidad, de nuestra futura resurrección en cuerpo y alma gloriosos.  Si optamos por Dios, amándolo sobre toda otra persona o cosa, si buscamos hacer su Voluntad en todo… resucitaremos como Cristo y estaremos en el Cielo, en gloria… como Él, y con Él y su Madre, la Santísima Virgen María.

Por: Isabel Vidal de Tenreiro

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