Buena Nueva: Milagros hoy

San Juan Bautista, primo de Jesús y precursor del Mesías, se encontraba preso por haber denunciado el adulterio de Herodes.  Y, estando en prisión, oye hablar de Alguien que predicaba, que tenía mucha fama y que estaba realizando milagros en la región.

Queriendo, entonces confirmar si ése de quien le hablaban era el Mesías esperado, San Juan Bautista mandó a preguntarle si era Él o si debían esperar a otro (Mt 11, 2-11).  Jesús no respondió directamente, sino que ordenó que se informara a Juan acerca de los milagros que estaba realizando:  los ciegos ven, los sordos oyen, los mudos hablan, los cojos andan …  Ya San Juan Bautista no necesitaba más información:  enseguida pudo identificar a Jesús con las profecías del Profeta Isaías sobre la actividad milagrosa del Mesías (Is 35, 4-6).

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Isabel Vidal de Tenreiro / Notitarde

Eso fue hace 2000 años.  Pero … ¿y Jesús ya no hace milagros?  Es cierto que veces se sabe de curaciones milagrosas, exorcismos, etc. que suceden aquí o allá.  Pero son muchos los milagros que Jesús puede hacer –y de hecho hace- si nos disponemos.  Se trata sobre todo de milagros espirituales, que son más importantes que los físicos, aunque no son tan llamativos.

Dispongámonos a estos milagros, porque el Mesías, el Salvador del Mundo, Jesucristo, volverá, y debemos estar preparados.  Y la mejor preparación es dejarnos sanar por Jesús, para prepararnos a su llegada.

Jesús curó ciegos… dispongámonos a que cure nuestra ceguera, para que podamos ver las circunstancias de nuestra vida como El las ve.  Jesús curó sordos… El puede curar la sordera de nuestro ruido, que no nos deja oír bien su Voz para poder seguirle sólo a El.  Jesús curó mudos… ¿y en qué somos mudos nosotros?  En que no hablamos de Él y de su mensaje.  ¡Los católicos estamos enmudecidos!

Pero Él puede curar esa mudez que tenemos y que nos impide evangelizar.  ¡Es que la evangelización es trabajo de todos y cada uno de nosotros!

Sanaría también nuestra cojera y nuestra parálisis, para que podamos de veras andar por el camino que nos lleva al Cielo y recibir al Señor cuando vuelva de nuevo a establecer su reinado definitivo.

Por Isabel Vidal de Tenreiro

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