Buena Nueva: Milagro Invisible

Buena Nueva - Notitarde
Isabel Vidal de Tenreiro, columnista en Notitarde

¿Nos damos cuenta, entonces, que en cada Misa estamos en la Última Cena, en el Calvario, en el Cielo y en la Misa en que participamos?  ¡Tremendo milagro!  Invisible, pero real

Nos encantan y nos impresionan los milagros.  Pero el que sucede en cada Misa, como es invisible, lo dejamos pasar.  La Santa Misa es un misterio inmenso: Dios mismo se hace presente.

Y es que, no sólo tenemos la Presencia Real y Viva de Jesucristo, sino que en cada Misa podemos decir que estamos en la Última Cena y estamos también en el Calvario.

Y esto no es simbólico.  No es que recordamos la Última Cena y el sacrificio del Calvario, sino que –de veras- la Santa Misa nos trae al presente la Cena y la Cruz.

¿Cómo puede ser esto?  La Misa es un milagro que Dios hace, en el que nos lleva a traspasar el tiempo y el espacio en que estamos… aunque no nos demos cuenta.  Pero el que no nos demos cuenta, no lo hace menos real.  Por eso debemos creerlo por fe.  Pero también debemos comprenderlo para darnos cuenta de su magnificencia y así poder apreciarlo.

Y es que hay más: también estamos en el Cielo cuando se está celebrando la Misa.  (¿?) ¿Cómo es esto?

Es que en el Cielo se está celebrando continuamente la Liturgia Celestial y cuando estamos en Misa participamos en esa Liturgia desde aquí en la tierra. (CIC #1090)

¿Nos damos cuenta, entonces, que en cada Misa estamos en la Última Cena, en el Calvario, en el Cielo y en la Misa en que participamos?  ¡Tremendo milagro!  Invisible, pero real.

Momento importantísimo en la Misa es la Comunión,  en que no solamente recibimos la Hostia Consagrada, sino que recibimos ¡una Persona! ¡que es Dios! Y esa Persona-Dios quiere unirse íntimamente con quien Lo recibe.  ¡Tremendo privilegio! Invisible, pero real.

Recibir la Comunión significa entrar en unión.  Y ese deseo de Cristo unirse a nosotros requiere nuestra respuesta: debemos darnos a Él como Él se da a nosotros.

En la Comunión estamos participando en el Banquete Celestial (Lc. 14, 15), el de aquí y el que disfrutaremos también por toda la eternidad cuando seamos llevados al Cielo y participemos de la Cena del Cordero (Ap. 19, 9).  Por eso se nos dice: ¡Dichosos los llamados a esta Cena!

Mientras mejor preparados estemos para la Misa, más gracias recibimos.  Las gracias de una sola Misa son ¡infinitas! … es toda la gracia del Cielo.  El único límite es nuestra capacidad para recibirlas.

¿Por qué Cristo es el Cordero?  http://www.homilia.org