Julio Castellanos: Docentes de Libertador

Tengo muchos amigos y allegados docentes en Tocuyito y Campo Carabobo y, tras el decreto de aumento salarial ocurrido el pasado 1 de mayo, me ofrecieron su opinión sobre lo que significa para ellos recibir una quincena de un poco menos de 3 millones de bolívares y un bono de “guerra económica” de 600 mil bolívares. Hoy esa quincena equivale a 1 dólar y, según la opinión del ex Ministro del Trabajo y actual Ministro de Educación, Eduardo Piñate, es un sueldo satisfactorio.

Es claro que la actividad docente es una vocación muy altruista y quizá nadie espera hacerse rico al decidir ejercer esa profesión, pero los salarios actuales apenas pueden llamarse salarios. Un pasaje de Tocuyito a Santa Rosa representa 300 mil bolívares, es decir, medio bono de “Guerra Económica” y comprar un kilo de queso o un cartón de huevos se hace imposible.

Los docentes pueden estar adscritos al Ministerio, depender de la Secretaria de Educación o trabajar para algún Centro de Educación Inicial municipal, pero indiferentemente del patrón, la política salarial pública equivale a la esclavitud, a la precariedad y al hambre para los docentes y sus familias. Después del primero de mayo, fue tanto el desinterés oficial por los docentes que los titulares cobraron menos que los interinos, y pues, es obvio que muchos docentes han tenido que dedicarse a otra cosa para poder subsistir porque con hambre ni se aprende ni se enseña. ¿Acaso no es momento para revisar la nómina y que las autoridades educativas sean capaces de, al menos, notar tanta injusticia con el magisterio?

Ser docente requiere estudios universitarios, estudiar y formarse mucho. Algunos docentes que conozco tienen estudios de postgrado y hoy, cada vez que ven el saldo de su cuenta, se llenan de ira, se sienten frustrados, burlados e irrespetados. La educación superior que ellos recibieron no podrían pagársela a sus propios hijos porque, sepanlo, el costo de la inscripción en el curso introductorio de la Universidad de Carabobo alcanza los 0.8 petros (más o menos 60 dólares).

Cuando voy a la Arenosa, a Las Manzanas de Campo Carabobo o a Los Chorritos y converso con los docentes que llegan, en medio de la pandemia, a darles las tareas a sus estudiantes, veo gente con una infinita entrega al deber. Aún tienen humor para regalarle una sonrisa a mi hija cuando entrega sus tareas, pero veo sus dificultades y pienso si al ministro o al secretario de educación, cuando se sientan en su propia mesa a comer con su respectiva familia, les pasa por la mente la pregunta más dolorosa del momento: ¿Qué están comiendo los docentes y su familias con su sueldo?.  Si mañana, repentina y milagrosamente, dejara de existir el coronavirus, las escuelas permanecerían cerradas porque los docentes abandonarían sus puestos de trabajo. Un saludo a todos los docentes de Libertador, mi total solidaridad con su lucha.

Julio Castellanos / jcclozada@gmail.com / @rockypolitica