Rubén Limas: ¿Si no hay elecciones, qué?

Rubén Limas - Notitarde

Después de meditarlo concienzudamente, he decidido escribir mi artículo con este título. ¿Qué es exactamente lo que vamos a hacer al decidir que no vamos a las elecciones parlamentarias? Hasta ahora quienes promueven la abstención sólo han dicho que no irán, pero nada más.

El 16/01/2020 en una reunión nacional de AD, hice una intervención ante mis compañeros del partido donde expuse varias razones por las que yo consideraba debíamos retomar el camino electoral. Una de ellas, la esgrimida por distintos politólogos en el país, que afirma que buena parte de las transiciones en el mundo se han dado después de un evento electoral. Esta razón me hizo investigar y hurgar en distintos ejemplos que se han dado y comprobé ciertamente han ocurrido así. La otra razón que esgrimí en aquel momento, fue las consecuencias de no haber ido a las elecciones en 2005, lo que originó también una revuelta en AD, y la salida de quienes querían participar. ¿Que ganamos con no haber participado en ese momento? A mi juicio: Nada. Sin embargo, el gobierno sí logró afianzar su proyecto político, con una Asamblea Nacional a su medida, donde impulsaron su Plan de la Patria. Recuerdo, ¡porque no se puede olvidar! como Henry Ramos paso de ser odiado a ser el más amado, por haber sido el único, que se atrevió a darle la cara al país para anunciar que no iríamos a elecciones. Hasta que tiempo después, la propia opinión pública cambió y, comenzaron a culparlo de la abstención.

Luego vino el referéndum del 2007, nos organizamos con entusiasmo y ocurrió lo impensable: ¡Ganamos! Chávez lo reconoció como una victoria pírrica, ¡pero ganamos! Ese día llamé a la dirección nacional a mediados de horas de la tarde, para informar que estábamos ganando según nuestras encuestas a boca de urna, me dijeron «chico, será que están haciendo esas encuestas en la Redoma de Guaparo» ¡No creían que estábamos ganando!

Finalmente hay dos argumentos más, de los cuales estoy convencido: Nosotros perdimos con Capriles por muy poquito, pero perdimos, nunca pudimos demostrar el supuesto fraude, confundimos a la gente y eso causo desánimo. Para ese entonces, cuando Lucena anunciaba que los Centros de Votación (CV) permanecerían abiertos después de las 6 de la tarde, nosotros nos quedamos paralizados en los comandos, sin poder dar una respuesta efectiva a eso. Por supuesto eso desmotivó el voto y perdimos las elecciones siguientes de gobernadores. El otro hecho fueron las elecciones parlamentarias de 2015. Allí otra vez decidimos en unidad organizarnos y prepararnos para dar la pelea. Ocurrió que Francisco Ameliach anunció que barrería en esas elecciones porque tenían su maquinaria preparada. Mi respuesta fue: «podrán ustedes tener maquinaria, pero ya no cuenta con los votos del pueblo y perderán», lo que efectivamente ocurrió. En aquella elección, acordamos todos los partidos y figuras de la sociedad civil, que cuando Tibisay anunciase que los CV estarían abiertos después de las 6 de la tarde, nos iríamos todos a los centros emblemáticos a obligar su cierre, y no quedarnos lloriqueando en las sedes de los comandos. Eso fue exactamente lo que hicimos. A mi me tocó el José Regino Peña, lo cerramos, y ganamos!. También dije en aquella reunión nacional de AD, que sí nosotros hubiésemos participado en las presidenciales de Mayo 2018, le hubiésemos dado una paliza al gobierno, pero algunos se negaron porque el único candidato que quedaba habilitado para ese momento, con posibilidades de ser escogido candidato, era adeco y los enemigos históricos de AD prefirieron abortar la participación antes que AD volviese al poder.

Hoy estamos otra vez en el mismo debate: ¿Debemos ir o no ir a las elecciones parlamentarias?, con el añadido: si usted dice que debemos ir, lo catalogan de entreguista al gobierno, colaboracionista o toda una cantidad de improperios que nada tienen que ver con lo que está pasando. En el Partido del Pueblo, han ocurrido toda una serie de decisiones, que nos han puesto nuevamente en la picota pública. Lo que se plantea en este momento es: ¿Qué vamos a hacer si no vamos a las elecciones? ¿Prorrogar el mandato de la Asamblea Nacional con Guaidó Presidente será una buena medida? ¿O al final funcionaran tres Asambleas, continuando la crisis institucional y de liderazgo? ¿No iremos a estas elecciones ahorita, pero a la de gobernadores y alcaldes sí, como lo han dicho por allí? ¿Vamos a repetir aquella, en la cual dijimos Sí a la de gobernadores, No a la de Alcaldes, pero sé podía apoyar bajo cuerda a algún candidato a la alcaldía? ¿Y el revocatorio presidencial, que pasará? Yo como militante de AD he dado ese debate. Algunos me señalan maliciosamente por ello, argumentando neutralidad ante la crisis generada por las arbitrarias decisiones del TSJ. Pues no soy neutral, no estoy vendido, no vivo de la política (por el contrario soy una especie rara en extinción en el mundo, que con el dinero de mi ejercicio profesional, mantuve al partido en estos últimos 20 años). Apoyo a mi organización, a sus siglas, a su himno, a su historia, amo a mis compañeros que estoicamente, comiéndose un cable, no han abandonado ni a su partido, ni a su país. Soy adeco, pero creo que no ir a estas elecciones es un error que lo pagaremos muy caro.

Creo además, firmemente Dios nos ayudará. Hace años Chávez dijo que su revolución llegaría «hasta el 2021». ¿Entonces ese momento está llegando?. Faltan apenas meses. Por decisión del pueblo, porque así fue decretado, y por la bendición de Dios, ¿Hasta allí llegarán? ¡Eso está en nuestras manos!

Ante todo lo expuesto aquí, había decidido, atender a la disciplina partidista de no participar, con la salvedad de haber expuesto con claridad los temores que tengo frente a un escenario que desastrosamente signifique más años de bota militar encima. Sin embargo me esperaba una emboscada y me dejaron fuera de la dirección de AD. Pero sigo creyendo que los partidos deben propiciar la revisión de nuestra estrategia y evaluar nuestra reincorporación a la agenda electoral. No podemos ser mirones de palo frente a la destrucción institucional que el oficialismo intentará concretar este año.

Por: Rubén Limas