Diputado Héctor Agüero: El 18 de octubre

Diputado Héctor Agüero - Notitarde
Diputado Héctor Agüero, columnista en Notitarde

El 18 de octubre pasado, se cumplieron setenta y cinco años del golpe de estado protagonizado por Acción Democrática en contra del gobierno de Isaías Medina Angarita. Fue una asonada castrense secundada por un grupo de exdirigentes estudiantiles, algunos intelectuales y obreros bajo la influencia del político peruano Víctor Raúl Haya de la Torre. Este caudillo limeño pasó muchos años de su vida asilado en embajadas y  esgrimía una visión nebulosa de la socialdemocracia europea. A esto, añadía una admiración sin límites por las actuaciones de los jóvenes oficiales turcos que a comienzos del siglo XX habían depuesto al imperio otomano y erigido en la antigua Constantinopla, un gobierno republicano encabezado por Kemal Ataturk, líder que bullía de nacionalismo sin renegar las glorias de los sultanes que durante siglos dominaron en el Bósforo y  la Puerta Sublime: Estambul, una ciudad en los linderos del continente asiático que mira a otro continente, Europa.

Este potpurrí de gente y de frases hechas sirvió de plataforma al nuevo partido que fue bautizado por sus dirigentes como Acción Democrática, AD, en el cual sus militantes se hacían llamar acciondemocratistas mientras que sus adversarios, la oligarquía criolla, para menospreciarlos los identificaron con el remoquete de adecos que ellos de manera absurda aceptaron y así se les conoce. Este apelativo de adeco pretendía ser de mala intención ya que le añadían el co, por comunista.

El balance social de los gobiernos de AD y los del bipartidismo AD-Copei suman 43 años, casi medio siglo y el saldo a favor del pueblo de Venezuela es negativo. El partido fue hecho a la medida de Rómulo Betancourt, hábil enredador político,  antiguo dirigente de los estudiantes universitarios en 1928, conocido entonces como un apasionado marxista quien ya para 1945 se había transformado en un socialdemócrata  y más tarde, en los diez años de exilio (1948-1958), se convirtió en agente político del Departamento de Estado.

Valga la pena mencionar que los mismos militares que dieron el golpe en 1945 con AD, fomentaron tres años más tarde, el 24 de noviembre de 1948 otro golpe al presidente Rómulo Gallegos, militante de AD y lo mandaron en un avión a La Habana. La primera declaración del depuesto mandatario en tierras cubanas fue denunciar la complicidad de la embajada EEUU en Caracas en favor de su derrocamiento.

Betancourt es el inspirador del Pacto de Nueva York firmado por AD, Copei y URD, documento  rebautizado modosamente Pacto de Punto  Fijo y vuelto a rubricar en Caracas. Lo de Punto Fijo, es porque al regresar del exilio, 1958, los representantes de AD, Copei y URD se reunieron en la quinta Punto Fijo, residencia caraqueña para entonces  del Dr. Rafael Antonio Caldera Rodríguez, fundador del minúsculo partido socialcristiano Copei. Este pacto excluía al Partido Comunista, una agrupación política con peso y fuerza en la resistencia contra el gobierno de Pérez Jiménez y con gran influencia en las barriadas de Caracas y marcó el tono agresivo que caracterizó el mandato de Betancourt.

Rómulo Betancourt resultó ganador en las elecciones presidenciales de diciembre de 1958 y su gobierno se caracterizó por la represión contra los movimientos populares que exigían mejoras en su condición social. Betancourt se inclinó a favor de los intereses norteamericanos representados en el país por Rockefeller y las petroleras, aupó la Alianza para el Progreso, caballo de Troya de los gringos en el continente americano. Contribuyó a crear el imperio económico de su amigo Diego Cisneros, con arraigo en los sectores de alimentos y telecomunicaciones y facilitó los créditos sin retorno a través de la Corporación Venezolana de Fomento. Finalizado su mandato recibió favores de la burguesía importadora que hizo pingues ganancias durante su quinquenio. La memoria colectiva de los pueblos latinoamericanos lo recuerdan por una de sus frases siniestras que lo retratan: disparen primero y averigüen después.