El País Que Queremos: Venezuela viene por un cambio de liderazgo

El País Que Queremos - Notitarde
Miguel Antonio Parra Giménez, columnista en Notitarde

Desde que la Conferencia Episcopal Venezolana público su llamado a una participación política movilizada antes de quedarse en casa el 6D, los laboratorios del régimen y de los opositores radicales y abstencionistas, no han cesado de trabajar. La campaña contra todo aquel que considere el hecho de ir a votar viene siendo despiadada y tiene sentido, en primer lugar, porque el gobierno tiene pánico a que la gente salga a votar y nuevamente se manifieste el rechazo que este tiene en la población y en segundo lugar, quienes detenta la representación hasta ahora de la oposición, tiene también miedo a que la participación electoral masiva les quite de cuajo tal liderazgo.

El país requiere de un nuevo liderazgo y este debe de surgir con respaldo popular, es allí la importancia de ir a votar, entre muchas otras más. A esta renovación del liderazgo político venezolano le tienen miedo el PSUV y el G4. Los diversos sectores y fuerzas sociales deben de tener esto en cuenta. Es importante entiendan la importancia de incorporarse, luego será tarde, porque aquí no habrá prórroga de mandato alguno, los que sean electos asumirán su representación y luego no se le podrá pedir peras si lo que tienes son olmos. Es el realismo político el que definirá nuestro futuro.

El escenario electoral que se va a presentar a pesar de la guerra comunicacional dirigida en favor de la abstención, va a producir una participación mayor de lo que hoy se pueda proyectar. Cuando pones el oído a tierra y luego sales a caminar, escucha una voz clamorosa que te lleva a sentir la urgencia de cambio que el pueblo está reclamando. Este sabio y noble pueblo, está diciéndote cuenta conmigo, “solo el pueblo salva el pueblo”, aquí estoy para que a bien me dirijas.

Es este el tema importante. La población hoy en día está consciente de que esto tiene que cambiar, ya ni el régimen mantiene la solidaridad de quienes fueron sus afectos. Una cosa es el amalgamiento de las fuerzas armadas bajo la presión de amenaza de una braga amarilla que los lleva a sostener al gobierno y otra la que padecen los familiares de estos, además de las reacciones que observan del pueblo ante tanta calamidad. Aunque muchos no lo vean, esto está cambiando, de adentro hacia afuera, y la dirigencia no lo observa. Nuevamente como fue hace 30 años, no hay interconexión valida entre el pueblo y la dirigencia política, el último que la mantuvo fue Hugo Chávez y ya no está.

El soberano tiene la voluntad de cambio, pero la dirigencia no, prefieren mantenerse como esta, como el tuerto en el país de los ciegos, como señalo en su ensayo Mario Briceño- Iragorry, en la “Traición de los mejores”.

Ahora bien, ese pueblo que no se dirige solo, pide a gritos un cambio de conducción, buscan a alguien en quien creer, pero no desean más populismo, más promesas incumplidas y esperanzas desvanecidas. Quieren hechos, ofertas reales y palpables, no más espejismos, están conscientes de que ese populismo los ha llevado a donde estamos. Quieren un liderazgo serio y responsable, pero no lo haya, porque apenas alguien asoma, los laboratorios de ambos lados se encargan de pulverizarlo, no quieren competencia.

La campaña electoral será una competencia entre una esperanza y a quien le creo, versus la abstencionista que será quédate en casa, allí se debatirá el 80% del país que quiere un cambio de gobierno. Mientras tanto el régimen que no tiene nada que ofertar, y su credibilidad tiende a cero, seguirá con su estrategia, generando división y promoviendo la abstención, pero a pesar de todo ello, puede recibir una sorpresa.

Lo que si tengo claro es que, con una estrategia comunicacional correcta y un mensaje motivador por un cambio posible, ese pueblo que está esperando por un nuevo liderazgo, reaccionara, Allí es a donde se debe apuntar. Está aproximándose la hora de que luego de 20 años cambie el liderazgo en Venezuela, pero solo podrá ser asumido por quien este allí, afuera, no en su casa.

Por: Miguel Antonio Parra Giménez