Julio Castellanos: Una comunidad a su suerte

Julio Castellanos - Notitarde

 

Esta semana me trasladé a la comunidad “Chaparral de Carabobo”, está ubicada en la parroquia Independencia del Municipio Libertador, muy cerca del Monumento de Campo Carabobo. Los vecinos me informan que llevan desde el 21 de diciembre de 2018 con la bomba de agua que surte al sector averiada y, aunque se han trasladado incontables veces hasta Hidrocentro, la respuesta es la misma: “tengan paciencia”.

Los vecinos, desesperados por no tener agua recurrieron, inicialmente, a tomar agua de una quebrada cercana. Más de uno se cayó acarreando agua de esa manera. Luego, un vocero del Consejo Comunal, José Flores, tuvo la idea de instalar una bomba de 1 HP donde operaba la bomba de 15 HP averiada. La artesanal solución permitió llevar agua con una manguera larga a las casas, de a una en una, al menos una vez por semana. Es un trabajo extenuante pero de no ser por eso estarían condenados a seguir buscando agua cruda en la quebrada las 160 familias del sector.

El agua claramente es la preocupación número uno en esta comunidad, no obstante, hay otros problemas que la comunidad enfrenta ante el abandono más absoluto de cualquier autoridad. Es una comunidad a su suerte, a la buena de Dios. Por ejemplo, la Escuela Básica “Chaparral”, ubicada en el sector, se ha quedado pequeña para el número de estudiantes y en un mismo salón han tenido que colocar dos secciones. Los vecinos hicieron una donación de bloques a la escuela pero fueron insuficientes para empezar a construir, al menos, un salón extra. Como ven, la autogestión es una respuesta recurrente ante el Estado Fallido.

Quizá lo más surreal que pude constatar en esta visita comunitaria es que han llegado efectivos militares a la comunidad para proceder a la construcción de pequeños monolitos esparcidos por varios puntos del sector. Son construcciones pequeñas (un metro de alto, con una inscripción) que señalan la ocurrencia de algún evento en la Batalla de Carabobo. Muy bien por el intento de preservar la memoria histórica, pero esos monolitos se verían más bonitos si la calle donde están fuera asfaltada, tuviera aceras y no fuera lo que en realidad es: una vía de tierra sin siquiera el mantenimiento oportuno con un Patrol. El turista interesado podría llegar allí y tomarse un selfie, pero descubriría que no tiene señal telefónica y no podría compartirla. La mirada atónita de los vecinos esta llena de frustración, cuando finalmente llega algún funcionario público allí está más pendiente de rendir honores al pasado distante que soluciones a los sufrimientos presentes. ¿será que esto que nos pasa es una vaina echá?

Nota reflexiva:

Pese a que en la doctrina de los Derechos Humanos siempre se hace énfasis en que estos derechos son “indivisibles e interdependientes”, es decir, que no hay derechos más importantes que otros y que todos deben defenderse con igual insistencia, el derecho al agua, incorporado a la agenda global desde la década de los 90’s, tiene una consideración especial. De conformidad con distintas resoluciones emitidas por las Naciones Unidas, y llamados de sus distintas agencias, el acceso al agua potable es un derecho humano cuya vigencia “permite el respeto y observancia del resto de los derechos”.

En otras palabras, no solo el contar con acceso al agua potable, asequible y constante es un derecho humano nacional e internacionalmente reconocido sino que, además, sin agua no hay educación, ni salud, ni seguridad, ni paz, ni vida. El agua es tan valiosa como el aire que respiramos o como el calor del sol, cuando alguien tiene agua y otro no, se establece una desigualdad material insufrible que solo puede ser fuente de malestar, tensión y conflicto. De hecho, el agua será más importante en el futuro, muchos entendidos en materia de relaciones internacionales afirman que las guerras entre países serán por contar con fuentes de agua.

Siendo el agua tan importante para la gente, me cuesta mucho comprender la lentitud, o más bien, la parálisis, de las autoridades competentes en esta materia.

Señores de Hidrocentro, Sr. Gobernador, Sr. Alcalde del Municipio Libertador. He visto, con mis propios ojos, gente de la tercera edad, mujeres y niños, tal cual Desierto del Sahara, acarreando agua largos trechos, para poder limpiar, bañarse, beber y comer. La acción o la omisión en respetar el derecho humano al agua los puede convertir en violadores de derechos humanos y eso no solo suena horrible, también comporta responsabilidades personalísimas que no tienen atenuantes.

Julio Castellanos / jcclozada@gmail.com / @rockypolitica