Laura Antillano: Adiós a Alfredo Fermín

Laura Antillano - Notitarde
Laura Antillano, columnista en Notitarde

Acabamos de conocer la noticia del fallecimiento del periodista Alfredo Fermín. Y nos embarga una profunda  tristeza.

Desconocíamos que tuviera algún problema de salud, y la única información precisa es que ocurrió aquí, en su Valencia.

Una cadena de imágenes y aconteceres de varias décadas se nos ocurren, en las cuales Fermín  se destacó como el vocero de la noticia de área cultural más importante de la prensa carabobeña.

Su página de Artes y Letras fue siempre un lugar de acopio para todos,  y la recepción que daba a quien quisiera colaborar en su espacio  era un hecho a todas voces popular y entusiasta.

Valencia ha cambiado, y con el paso de décadas no nos damos cuenta de cuánto. Pero hay personajes y personalidades que dejaron su estampa, su sello, y difícilmente serán olvidados, Alfredo Fermín es uno de ellos.

Leemos en la nota de prensa que él fue el primer Secretario de organización del Colegio Nacional de Periodistas, lo que lo sitúa de una vez entre esa serie de veteranos que fueron dando perfil al oficio por estas tierras.

Cuando llegué a Valencia, mi padre, periodista también del mismo sector, me visitaba, y con frecuencia Fermín venía a verle a casa y conversaban, mis primeros recuerdos suyos vienen de esas largas conversas entre ellos.

Tenía una acertada preocupación por abarcar en su oficio el deseo de informar sobre cultura, pero también el de analizar, polemizar, si el tema lo ameritaba,  y en general participar de la cuita constructiva, la divulgación necesaria, y la apertura  retro-alimentadora, por eso daba cabida en  su espacio no solo a la crónica de reseña y crítica sino también a la obra literaria y a la ilustrativa. Hoy, por las nuevas concepciones de la divulgación informativa y el periodismo  cultural, probablemente se verá como ínfimo, deleznable, el hecho de tener simplemente una página semanal permanente en un diario regional impreso, pero durante muchas décadas un espacio como ese podía resultar una tribuna importante para informar del hecho cultural de una región, en términos bastante considerables.

Lamentamos pues, la despedida de este buen ejecutante del oficio, le recordaremos siempre con el afecto nacido de esas décadas de encuentros gratos, y que reciba la paz a sus restos y la luz perpetua.

Laura Antillano