Laura Antillano: Armando Rojas Guardia: La vieja herida

Laura Antillano – Notitarde

Estos son días para “hacer de tripas corazón”, diría mi madre. Con la pandemia    y las “bajas” que está produciendo, y las dificultades  en cuanto a calidad de los servicios  de agua y luz, en lo que contribuye la variedad de expresiones climáticas que nos azotan y otros detalles inesperados  e inexpresables, tenemos los decesos de amigos  y colegas.

Ahora el 9 de julio 2020 ha fallecido después de una penosa  enfermedad, el escritor, filósofo, investigador y poeta fundamental Armando Rojas Guardia.

La tristeza que tal circunstancia nos produce, lleva internamente  la consideración de que, aparte de nuestra admiración por su obra escrita y su acción como ser humano insigne en su concepción del amor a todos, expresado  en su poesía tanto como en los actos de su vida cotidiana y pública, tuvimos en él a un gran amigo, que muchas enseñanzas nos proporcionó en el tiempo en que pudimos estar cerca de su persona en los años de estancia en Caracas, durante las últimas décadas del pasado siglo.

Armando Rojas Guardía formó parte inicialmente del llamado Grupo Tráfico, de Caracas,  junto a otros escritores  cercanos generacionalmente, Miguel y Alberto Márquez, Rafael Castillo Zapata, Yolanda Pantin, entre ellos; y justamente Armando  ocupaba un sitial particular en  los encuentros y actividades con estos compañeros.  Su personalidad siempre señaló un camino particular, muy personal, donde su formación religiosa, y su afán apasionado en esa reflexión, estuvieron íntimamente ligados a su oficio como escritor y analista filosófico.

Una llama viviente  simulaba su gran afán de reflexión a ese respecto,  la búsqueda de Dios, dedicando la esencia misma de su poesía a esa búsqueda infinita, inacabada. ”¿Y si fuera verdad que la poesía/debe partir su pan especialmente/con el último invitado inoportuno,/bostezador profesional, mártir del sueño,/el que arrastra los pies, el eructante,/el que tira la lata en la avenida,/”(N° 21-Poemas de Quebrada de la Virgen (1985).

La extensa producción que reúne su obra, y la emanación de su sola presencia respaldada en el afán de investigar, conocer y vivir, su formación religioso filosófica, que señalaba la columna vertebral de su pensamiento, le llevó a escribir textos polémicos, entre la poesía y la diaria reconstrucción de lo vivido. En su Diario Merideño de 1991, Armando escribió: “Vivir la muerte antes de morir de manera física, aunque se trata de una ruta accesible, supone vaciarse, no sólo de todo tipo de equipaje sino aún del estorboso ego que decide partir y hacer la travesía”.(p.49).

Armando estuvo en Valencia hace pocos  meses, hubiéramos querido verle (dado que tuvimos una amistad de mucha cercanía e intercambio durante varias décadas), me dicen que preguntaba  por mí, y las personas que le rodeaban hubiesen podido localizarme a tal fin, pero no lo hicieron, lo cual me entristece.

Mi último encuentro con Armando fue en una Feria del Libro en Caracas hace unos años, fue grato, amoroso, cercano, un reconocimiento de los caminos coincidentes en la poesía y la vida. Que brille para él la luz perpetua  y descanse en paz.

Por: Laura Antillano