Laura Antillano: Al mal tiempo buena cara

Laura Antillano - Notitarde

Todos pensamos en lo que significa el reacomodo, la definición de rutinas, para cuando las vacunas estén cumpliendo su efecto y podamos circular con normalidad (o algo parecido) en los espacios ciudadanos.

La escuela, la apertura o no de las instituciones educativas, ha servido de muestra para entender que este será un proceso lento y con variantes a lo mejor inesperadas.

Acabo de escuchar una entrevista virtual hecha a la psicóloga, psicoanalista de gran prestigio, especializada en niños, María Antonieta Izaguirre, en redes sociales, en la cual ella nos recuerda un hecho elemental: el de que somos los adultos quienes servimos de conductores a los menores para la definición de lo que es esa normalidad de la que tanto hablamos. Marcar rutinas, tranquilizar, producir la sensación de normalidad. –No está pasando nada, ¿qué te preocupa?-, marcar rutinas, dar seguridad.

Como en general la población (diría que del planeta), está, estamos, viviendo un tiempo de incertidumbre con altibajos por la pandemia, y también por otros asuntos colaterales que se han sumado, algunos en consecuencia, otros por otros conductos; la necesidad de serenarnos, establecernos horarios y tareas, retomar lo que nos agrada o produce algún bienestar y manejar con cierto humor aquello que nos afecta, pasa a ser un entrenamiento del día a día. Pero, sobre todo ante los más jóvenes, nuestra misión humana como mayores, se ubica en llevar la actitud conciliadora, normalizadora, para lo cual la serenidad y el buen sentido del humor, es la medicina más acertada.

Me reía en estos días pensando en el chocolate, como una medicina importante y a la que con frecuencia he recurrido casi apasionadamente, y de lo cual hoy me río y trato de todos modos de no descartar del todo (aunque sea un poquitico…), igual el leer cuentos para niños o inventarlos, aunque sea para mí misma, recordando anécdotas y circunstancias con las que pueden haberme hecho reír en otros tiempos. Tomar con humor  hasta los cortes de luz, y la ausencia inesperada del agua, reaccionar con equilibrio puede ayudar al ánimo personal, porque al final lo que nos queda es estar en actitud previsiva, tener soluciones prácticas, y confirmar día a día: que la vida es un bien al que no queremos renunciar, y el humor es, definitivamente, un componente de la inteligencia humana atesorable, sobre manera cuando hay niños y jóvenes en nuestro entorno, enamorados de continuar con sus vidas.

Laura Antillano