Laura Antillano: ¿Cuál Halloween?

Laura Antillano - Notitarde

El Halloween o noche de brujas,  es la “cristianización” de la fiesta del fin de verano, de origen celta llamada Samhain, celebrado la noche del 31 de octubre, en vísperas a la festividad católica del Día de Todos los Santos (1º de noviembre). En nuestros países no ha formado parte del calendario normal de festividades porque nuestras raíces hispanoamericanas son diferentes, pero una clase media relacionada con los medios, convocando a asumir otros contenidos, lo asimila como una festividad más, y entusiasman a sus hijos a pedir caramelos de puerta en puerta disfrazados (generalmente los niños no entienden de que se trata, ni los adultos tampoco, pero no les va mal recibir caramelos y juntarse para ello).

La asimilación de este tipo de eventos se hace costumbre con mucha facilidad y pasa a la lista de gestos “culturales” que progresivamente van ocupando lugar en el calendario, sin mucha justificación histórica.

Somos, con más frecuencia, ignorantes de nuestras propias tradiciones, correspondientes al acervo histórico tanto de sustrato indígena como español, que definió desde que somos continente, las raíces históricas de lo nuestro. Yo misma confieso que el año pasado apenas, conocí a cabalidad en qué consistía lo relativo a la Cruz de Mayo, su historial y su música, y cómo en cada región del país hay diferentes cantos, y familias que por tradición se transmiten estos contenidos hermosos musicalmente y que demuestran raíces talentosas destinadas a la creación, con un respeto inviolable. Aquí mismo en Naguanagua hay una familia que por varias generaciones se ha dedicado a los preparativos de la celebración y se presentan con sus cantos en distintos lugares, como les cuento, quedé impresionada de la belleza de su ejecución.

Creo que hay muchos elementos que nos reúnen como tradiciones culturales y están íntimamente ligadas al acervo histórico, a los cultivos  y la culinaria, o la santería cristiana que fue tomando espacio de culto al lado de muchas instancias también indígenas y africanas , que son las ramas  formadoras de nuestros orígenes.

El conocimiento, por ejemplo, de la botánica en función médica, sanadora, también nos viene por esa vía, y es un conocimiento de particular utilidad (sobre todo en circunstancias como las presentes).

Pensamos que muchas festividades relativas a la tierra y la siembra, son modos del ser humano en colectivo, para darse ánimo ante la tarea que se avecina con siembra y recolección, de modo que todo ello tiene una razón de ser y se justifica en función de la historia que nos corresponde, a partir de los sucedido desde tiempos ancestrales en nuestros territorios, en el proceso mismo de convertirse en naciones, y es válido que esos sean los contenidos transmisibles de una generación a otra, en virtud de nuestro sentido de pertenencia. Ojalá las siguientes generaciones los conozcan, mantengan y defiendan.

Por: Laura Antillano