Laura Antillano: Recordar a Liliam Ortiz

Laura Antillano - Notitarde

Este sábado hemos tenido un día particularmente emotivo. El Jardín Botánico de Naguanagua fue el lugar de encuentro para llevar a cabo un homenaje a la profesora Lilian Ortiz, de la Facultad de Educación de la Universidad de Carabobo. Liliam fue una compañera excepcional cuyo recuerdo difícilmente será removido de la memoria de muchos o todos los que le conocimos. Eso se comprobó hoy, al escuchar las muy diversas exposiciones de motivos, canciones, poemas, y en general, el mensaje del gesto colectivo que significó estar allí, alrededor del gigantesco samán central de ese Jardín de Naguanagua.

La belleza de ese espacio creo un escenario de por sí generoso, como un gigantesco abrazo que nos acogía a todos, sin distingo, sin clasificaciones, alrededor del recuerdo imborrable de aquella por quien habíamos sido convocados al lugar.

La profesora y amiga, formó parte del Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación de la UC, llevando la voz cantante de su coordinación, y hubo quien expuso  a nombre de esa entidad, señalando con precisión de observadora detallista, las cualidades y efectos del trabajo de la docente a quien evocábamos.

Así sucesivamente, se dieron las opiniones entre colegas, amigos, compañeros de acción, ya fuera en la política, la docencia, la vida en general, porque todos tuvieron algo que decir sobre Liliam, desde perspectivas muy distintas. Su dolorosa partida por quebrantos de salud, ocurrida en Ecuador, y el señalamiento de su constante vinculación con este territorio que fue siempre suyo, nos hicieron ver cuanta conexión fue inquebrantable, a pesar de las distancias y las dificultades.

El propósito de esta reunión era el de regar sus cenizas en este espacio grato del Jardín Botánico, y ello constituyó  el gesto simbólico, amoroso y ceremonial  de culminación, de la celebración a la amiga, que probó su aceptación sentimental y celebratoria en todos los sentidos.

Ese bosque del Jardín Botánico nos dio el permiso para  llevar a cabo el gesto, y una conciliación general nos aunó a todos, como un abrazo colectivo. Hubo música, canciones en su honor, con muy buenas interpretaciones de Tania García y otros compañeros y lecturas de poesía de María Alejandra Rendón, Luis Alberto Angulo y yo misma. Un espacio religioso que señalaba su bendición estuvo en manos de la iglesia a la cual se vinculaba, y casi al cierre escuchamos las representaciones de liceos, a los cuáles asesoró en el diseño constitutivo de acciones educativas de primer orden, más la voz de autoridades, compañeros, vecinos y amigos de todas partes, quienes quisieron expresar su cariño a la profesora ausente.

Pienso que no es tan común el que un ser humano logré aglutinar un reconocimiento tan sincero, de un colectivo de quienes le han conocido, y sienten que ella representó un vínculo positivo, afectuoso y sólido, para todos.

Contemplando la escena, alrededor del maravilloso gran samán, pensamos en la majestuosidad de ese espacio verde como un lugar de energía particularmente positivo, y en la condición de inolvidable de la amiga, quien hoy nos mantiene unidos.

Laura Antillano