Luis Heraclio Medina Canelón: El Naufragio que cambió la Historia

Luis Heraclio Medina Canelón – Notitarde
Luis Heraclio Medina Canelón, columnista en Notitarde

A principios de abril  de 1815 llega a Venezuela         la mayor expedición enviada por España a América en la historia: la expedición pacificadora de Pablo Morillo.

Había salido desde Cádiz en febrero con sesenta barcos, con más de diez mil soldados de infantería, artillería y caballería. Entre estos se encontraban los batallones Valencey, Barbastro y Húsares de Fernando VI, que combatirían más tarde en Carabobo. Venían totalmente equipados para hacer la guerra.

El mayor de estos barcos, el “buque insignia” era el “San Pedro de Alcántara”, un navío muy grande, para utilizar el lenguaje coloquial diremos que tenía más de 50 metros de largo y 14 de ancho (me disculpan los eruditos, pero estoy escribiendo para un público general). Era de 2 puentes, es decir, “de dos pisos”. Tenía sesenta y cuatro cañones de distinto tamaño. El “San Pedro” era el barco más grande que hubiera llegado a aguas venezolanas.

La expedición toma la isla de Margarita casi sin problemas y el general desembarca para organizar la incursión sobre tierra firme.  A los pocos días se ordena a la flota dirigirse a Cumaná, para continuar con la campaña, hacia donde parten varios de los buques, pero otros debían aprovisionarse de agua, por lo que se dirigen a la isla de Coche, donde había más facilidad para conseguirla.

Entre estos estaba el San Pedro Alcántara, que debía seguir hasta Cumaná, para dejar en tierra firme su preciosa carga de cañones, uniformes, herramientas, alimentos y medicinas, repuestos, lanzas, pistolas, monturas, espadas y bayonetas, municiones, pólvora y la tesorería del ejército en monedas de oro y plata, es decir, el dinero para pagar todos los gastos de la campaña.

Pero el 24 de abril, a eso de las tres de la tarde, frente a la isla de Coche, se da la alarma de incendio en el “San Pedro”. Con un cañonazo advierte a las otras naves que se encuentran alrededor que está en emergencia por fuego.

Rápidamente llegaron las naves menores en auxilio a lanzar agua y a tirar al mar los quinientos barriles de pólvora que llevaba el “San Pedro”. Los marineros eran asfixiados en las bodegas por la intensa humareda y no podían seguir sofocando el incendio. La lucha contra el fuego duró tres horas. Morillo en sus “Memorias” dice que murieron unos 40 tripulantes.

Cuando ya se dieron cuenta de que el fuego era indomable y ante el temor de una explosión que destruyera a las naves socorristas se ordenó abandonar el buque y a los otros barcos alejarse. Poco a poco vieron como las llamas devoraban el barco. Empezaron a sonar las detonaciones. Algunos cañones volaron por los aires, así como baúles, maderos y toda clase de cosas.

A las seis se escuchó una explosión gigantesca que causó por un minuto una especie de huracán en el mar.  A kilómetros del desastre se escuchó el estampido. Saltaron por los aires los sesenta y cuatro cañones con que se armaba el buque más otros dieciocho cañones del ejército, así como mástiles, cajas, hierros, cadáveres carbonizados, maderas y todo lo que había en las bodegas, que cayeron alrededor de los barcos socorristas como una lluvia infernal.

¿Pero qué pasó? ¿Qué causó tan terrible incendio?

La opinión general sostiene que el incendio se originó en la bodega donde se guardaban unos cuarenta barriles de aguardiente. Parece que algunos marineros quisieron tomarse un trago a escondidas y entraron en la oscura bodega alumbrándose con una lamparita y de alguna manera el alcohol entró en contacto con la llama y se inició el fuego.

Pero hay otra teoría: Dice que posiblemente la caja de caudales con el tesoro del ejército nunca salió de Cádiz, sino que fue robada en complicidad con algunos oficiales y entonces el incendio del buque fue intencional para ocultar el robo.

Lo cierto es que la campaña pacificadora del general Morillo empezaba con un mal paso: Se quedó sin artillería, sin ropa ni calzado, sin muchos pertrechos, hospitales, y sobre todo sin plata para pagar. Esto lo obligó a instaurar una serie de odiosos impuestos y requisiciones que le granjearon la animadversión mucha de la gente en Venezuela y Nueva Granada y sus tropas pasaron necesidades, hambre y trabajo.

Con escasos recursos bizarramente Morillo por cinco años libraría una guerra para pacificar y reestablecer la monarquía. En ese tiempo perdería a casi todo su ejército. Morillo abandonó Venezuela en 1820 y en 1823 derrotado, lo último que quedaba de aquel formidable ejército, abandonarían desde la fortaleza de Puerto Cabello las tierras americanas.

Luis Heraclio Medina Canelón                                                                      @luishmednac                                                                                                            Miembro Correspondiente de la Academia de Historia del Estado Carabobo