Rubén Limas: Juntos por el Agua

Rubén Limas - Notitarde

Estoy frente a la computadora, siento sed y calor me levanto camino unos pasos hasta mi baño, para abrir el grifo y lavarme la cara, pero otra vez no hay agua, o la que sale por allí, su olor, color es terrible y , ni pensar tomarla porque no es potable. Tener agua es un privilegio hoy en día y eso tiene un impacto inmenso sobre la economía y la sociedad. Somos cada vez más pobres y nuestra sobre exposición a cualquier enfermedad asociada a la precariedad de la calidad del agua es más que notoria. Tomar agua para el 80% de los carabobeños es muy diferente al breve relato introductorio.

El agua es un bien público de infinito valor, no solo por ser hoy un derecho humano internacionalmente reconocido dado su uso para el consumo, la alimentación y la limpieza sino porque, en lo inmediato, la higiene contra el Coronavirus amerita el lavado frecuente de manos. No obstante, quienes tienen la responsabilidad de administrar los recursos hídricos han demostrado en los últimos 20 años una pobre disposición para comprender que sin agua no hay vida.

A los hechos nos remitimos, la plataforma “Unidos por la Calidad del Agua” da cuenta de la contaminación del Embalse Pao–Cachinche indicando que este cuerpo de agua se encuentra “rodeado de granjas porcinas y avícolas por lo cual recibe una alta carga de nutrientes y una condición permanente de hipoxia y de anoxia a partir de los 7-10 m de profundidad, lo que permite clasificarlo como un cuerpo de agua hipereutrófico”. Además, utiliza aguas ya servidas provenientes de la ciudad de Valencia y las plantas de tratamiento de aguas residuales de “La Mariposa”, “Los Guayos” y “Taiguaiguay” las cuales se encuentran sobrepasadas en su capacidad de servicio, afectados por el deterioro y la falta de mantenimiento. Tuve la oportunidad de visitar la Mariposa y la de los Guayos que estaban en ese momento en completo abandono.

Debe recordarse que desde 2007, vía trasvase, el embalse Pao Cachinche recibe aguas no tratadas del Río Cabriales y del Lago de Valencia. La Planta Potabilizadora “Alejo Zuloaga” se encuentra incapacitada para lograr procesar estás aguas y, por ende, la salida fuera de norma de los parámetros de calidad de agua que HIDROCENTRO suministra a una población que se estima en 4 millones de personas entre Carabobo y Aragua.

Esto no es un secreto para los habitantes de muchas comunidades carabobeñas. Desde hace años, muchos ciudadanos reciben por la tubería un líquido maloliente, con perturbador aspecto, que nadie puede catalogar como agua. Algunas comunidades han logrado gestionar la construcción de pozos para tomar agua subterránea, pero luego de un tiempo esos equipos requieren un costoso mantenimiento que es imposible realizar y terminan igual que el resto: sin agua.

La otra opción de muchos ha sido “caer en la pega” de comprar agua a camiones cisternas. El costo de esos servicios es alto y la disposición del mismo es inconstante. Al final, solo podemos convencernos aún más de la conveniencia de invertir en recuperar el Sistema Regional del Centro a través de sanear el embalse Pao – Cachinche, recuperar las plantas de tratamiento y la potabilizadora “Alejo Zuluaga”. Recuperar lo deteriorado y muy probablemente construir mayores capacidades para administrar eficientemente los recursos hídricos. La compra a China de más camiones cisternas solo pueden ser alegría de tísico, el asunto no es darle agua a algunos sino a todos, no es un privilegio, es un derecho.

No hay un municipio de Carabobo que se salve de este drama, desde San Diego hasta Campo Carabobo, desde El Trigal hasta el Caño de la Yuca, en Mariara, en Carlos Arvelo, en Puerto Cabello, en Bejuma. Pero la persistencia de la mentira oficial es digna de Récord Guinness, los alcaldes oficialistas guardan silencio, el gobernador ni chistes malos cuenta del asunto, Hidrocentro enmudece. Mientras, el pueblo, la ciudadanía, sufre la sed del Desierto del Sahara aunque tengamos el Pao – Cachinche en nuestra jurisdicción territorial.

Ahora bien, no podemos esperar a que las cosas ocurran. Debemos ser partícipes de los cambios. La ciudadanía debe ser informada de este problema, ser capaz de discernir las soluciones de la chapuza que nos ofrece el gobierno de facto. La denuncia de las comunidades, la formación de equipos técnicos, la aplicación de soluciones inteligentes deben ser el camino a seguir. Desde AD, anunciamos nuestra colaboración con la plataforma “Unidos por la Calidad del Agua” asumiendo que solo con la disposición, entrega y soporte mutuo entre todas las organizaciones civiles podremos desarrollar políticas públicas que restituyan la plena vigencia del derecho al acceso al agua potable. Todos juntos por el agua.